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OFF AIR - Historia 2: Lo que sucedio hoy

Colección de historias paralelas de la popular serie "Yes ka No ka Hanbun ka" Cuenta con historias cortas recopiladas de doujinshi, eventos y otros

Lista de capitulos

OFF AIR - Historia 2: Lo que sucedio hoy


Traducción Inglés-Español: Mocca
Traducción Japonés-Inglés: DayDrop


Nota del autor: Recuerdo vagamente haber escrito esto en algún momento antes de un encuentro... En un día feliz y ordinario en el que no ocurre nada particularmente especial, en realidad es bastante tranquilo y relajado para los dos.

-Spoilers del Volumen 3 Capítulo 32-

En el momento de escribir esta nota, la casa de Ushio ya no existe, y todos los pequeños detalles me hacen recordarla con cariño.

Publicado por primera vez en el minilibro gratuito conmemorativo del 50º número de Shousetsu Dear Plus.

 

Nota del traductor: Esta historia tiene lugar algún tiempo después del volumen 1 de “Yes ka No ka Habbun ka”. Hay un spoiler en la nota del autor para el Volumen 3 que recomiendo guardar hasta después de leer el capítulo

 

Para Kei era mucho más aterrador tener síntomas que no causarán dolor. Normalmente había algunos signos de advertencia antes de quedarse afónico, tales como irritación o molestia en su garganta, pero una o dos veces al año, de repente perdía su voz de la nada sin ningún síntoma previo. 

—Ah… Ah- Ah.

Kei se sentó en la cama y trato de enfocar su respiración desde su diafragma, pero no importaba cuanto se esforzará, todo lo que lograba salir de su boca era una brizna seca de su voz, como si fuera la piel de una uva marchita. Incluso un chasquido de su lengua sonaba patéticamente muerto y plano. A pesar de no haber tenido ninguna advertencia, una parte de su mente lo había sentido venir. Primero hubo algunos problemas con la sesión de grabación para el trabajo de narración extendida que le habían dado ayer en la noche, por supuesto, ninguno de estos fue culpa de Kei, sin embargo, el director de la sesión siguió diciéndole: “Eso suena genial, solo que… ¿podrías repetirlo, pero diferente?” como si solo tuviera una vaga noción de como quería que sonara su narración. Su incapacidad para tomar una decisión —le guste o no, maldita sea— fue lo que más irrito a Kei, quería cobrarle al imbécil por cada toma. Después de haber sido explotado, tuvo que ir en vivo para el noticiero nocturno, luego más tarde esa noche tuvo otras cosas fuera del trabajo, actividades de una clase distinta… así que básicamente, eran toda su culpa.

Al menos era sábado, ese era su único consuelo. Su garganta posiblemente se recuperaría después de dejarla descansar un día o dos, para ser más exactos, siempre sucedía que perdía la voz los fines de semana. Quizá era la forma amable de su voz de rebelarse en su contra.

—Oh, se nos acabaron los huevos. ¿Estás bien con solo una tostada? —pregunto Ushio ya despierto y bañado.

La mitad de la culpa de esto es tuya, pensó Kei recriminándole con la mirada, mientras se tocaba el cuello con un dedo.

—¿Hmm?

—Se me fue la voz — graznó Kei con un raro sonido ronco, incluso para él sonaba ridículo.

Ushio de inmediato corrió hacia la cama, colocó sus manos sobre la frente y mejillas de Kei.

—¿Te refriaste? ¿Tienes fiebre? ¿Te duele? ¿Quieres ir al doctor?

—No, tonto.

Pero si haces esa expresión de preocupación mientras me tocas harás que me sonroje.

Kei apartó las manos de Ushio.

—Pasa de vez en cuando —explicó afónico—. Se curará si la dejo descansar.

—¿De verdad?

—Sí.

Al ver que Kei no le daba tanta importancia, Ushio se relajó, alborotó su cabello un par de veces antes de sonreírle condescendiente. Kei no podía bajar su guardia. Ya sabía que Ushio siempre decía tonterías cuando sonreía de esa manera.

—¿Puedes decir “Buenas noches, soy Mori Shinichi1” por mí?

Se esperaba algo estúpido, como imitar a alguien reconocido por su voz rasposa.

—Muérete.

Kei no podía maldecir tanto como quería, así que golpeó a Ushio en el hombro con una almohada. Ushio exclamo: “Es una broma” mientras traba de defenderse a sí mismo.

—¿Una broma? Es de lo que vivo.

—Entonces, ¿no deberías esforzarla menos?

—¿De quién crees que es la culpa?

—¿Me perdonas? Saldré a comprar tus periódicos matutinos y te haré lo que quieras de desayunar.

—Anguila a la parrilla.

—Lo tengo, lo tengo, huevos serán.

Eso no es ni remotamente parecido a lo que dije.

Kei fue a tomar una ducha, pero cuando salió del baño su chico personal de los mandados no se vía por ningún lado, probablemente seguía afuera haciendo las compras. En su lugar, había una estufa de querosén de un claro color azul verdoso con una gran tetera encima, que calentaba la habitación. Ushio solo la sacaba en las noches cuando hacía mucho frío en el estudio del piso de abajo, pero al parecer, la había subido para controlar los niveles de calor y humedad. Era una molestia tener que cambiar el querosén, sin embargo, Ushio disfrutaba del calor que provenía de esa estufa mucho más que la de una eléctrica, decía que le gustaba ver danzar la flama azul en el portillo.

Kei tomó un taburete redondo y lo acerco frente a la estufa, dejo su mente vagar mientras se calentaba, de verdad que había una sensación especial que solo el fuego lograba emitir. Kei se preguntó de dónde había conseguido Ushio esa tetera tan gigante, parecía hecha para un equipo de rugby, y a un costado estaba escrito con un marcador mágico las palabras “Suministro de agua caliente”.

La casa de Ushio era una mezcla de chucherías y chismes, ni un solo traste combinaba con otro; había obtenido su refrigerador como pago por ayudar a alguien a mudarse, e incluso había hecho la base de su cama de madera que había cortado él mismo, la ropa de cama era toda dispareja y utilizaba una pila de bandeja de madera, usadas en las panaderías para exponer sus pasteles, como su ropero.

No había ningún sentido de cohesión y, sin embargo, no se sentía incomodo de estar en ese lugar, había una extraña sensación de plenitud que provenía de estar en ese gran revoltijo de baratijas que consistía la casa de Ushio. Sería exagerado llamarlo “armonía”, pero había una gran calma que inundaba el hogar, quizá porque todo lo que le habían dado o que él había recogido, Ushio lo había considerado necesario o apreciado. Eso fue lo que sintió al recordar la imagen de Ushio sentándose a desmontar la estufa, puliendo cuidadosamente las piezas antes de volver a montarla para el inicio del siguiente invierno, como si se tratara de un ritual.

Kei se había creado un lugar en esa casa, ahora que pensaba en eso…

Espera, ¿eso significa que también soy algo que recogió?

—Estoy en casa.

El crujido de las bolsas de plástico de la tienda de conveniencia anunció el regreso de Ushio, Kei abrió su boca intentando hablar en cuanto apareció en las escaleras.

—Aquí tienes tus periódicos. ¿Humm? ¿Quieres decirme algo? —pregunto Ushio.

Kei quería declararle que había sido él quién había recogido a Ushio por la gran bondad de su corazón, pero pasados quince minutos su garganta había empeorado y apenas si podía emitir sonido alguno. Ushio lo miró divertido con un “¿Qué demonios estás diciendo?”, como si hubiera escuchado a Kei, pero hubiera considerado que era innecesario de decir algo.

—¿Perdiste completamente tu voz ahora? Mejor será que te comportes y estés tranquilo.

Después de tenderle sus diarios matutinos junto con las pastillas para la garganta que solía tomar, Ushio se dirigió a la cocina para preparar el desayuno. Justo cuando Kei había terminado de leer uno de los periódicos, Ushio le llamo anunciando que le desayuno estaba listo.

—Me esforcé un poco más hoy.

Normalmente, cuando tenían huevos, rotaban entre los soleados con jamón, las tortillas o los huevos revueltos, pero esa mañana había panecillos ingleses con un huevo escalfado encima, cubierto de una salsa color crema anaranjada.

—Pensé que algo más elegante estaría bien para variar, el otro día pasaron por la TV como hacer salsa holandesa. ¿Quieres un tenedor y cuchillo?

Para Kei era una molestia usarlos así que negó con su cabeza y pidió sus palillos, con una voz que no sonaba para nada como la suya. Tomó con los palillos los huevo a la benedicta, abriendo ampliamente su boca y dando un gran bocado, si lo vieran en público haciendo eso, se moriría.

—¿Sabe bien?

Kei asintió.

—Toma, come también tus vegetales.

Kei quiso ignorarlo, pero Ushio le tendió un pequeño recipiente frente a su cara, parecía que el esfuerzo extra solo le había aguantado para los huevos, era una ensalada simple de lechuga cortada a mano, pepinos aplastados y tomates pequeños, todo mezclado y condimentado con Krazy Satl.

—¿Cómo esperas mejorar si no comes apropiadamente?

Kei no pudo replicar: “¿Qué tanta diferencia hace solo una comida?”, por lo que de mala gana tomo algo de la ensalada con sus palillos. Iba a comérselo todo, ¿de acuerdo? Solo que él era el tipo de persona que prefiere comer su comida favorita antes, no tenía sentido en dejar lo mejor para final si para entonces ya se había enfriado.

Después de limpiar los trastes, Ushio se secó las manos en la toalla y dijo: —Estaré abajo trabajando. Te quedarás aquí, ¿verdad? Preparé un poco de rábano daikon sumergido en miel para tu garganta, así que toma un poco a la hora de comer. Se empapará si lo dejas demasiado tiempo.

***

La habitación se había calentado bastante. Kei pasó su tiempo leyendo las noticias, como consecuencia de mantener su imagen exterior, había desarrollado el gusto de hablar consigo mismo privado. Solía mascullar cosas como “No de nuevo” o “Que idiota” mientras leía, pero hoy el único sonido que lo acompañaba era el susurro del papel al girar la hoja. No podía mantener el ritmo de la lectura por lo que tampoco lograba procesar nada de lo que leía.

A Kei también le gustaba refunfuñar enfrente de Ushio sin reparos, y en contestación, Ushio solía preguntarle al respecto. Cuando Kei le señalaba un artículo y se lo explicaba, Ushio asentía con un “Hmmm…” antes de lanzarle una serie de preguntas inesperadas. 

“¿De quién es la culpa? ¿Por qué debe significar eso? ¿Qué pasará después? ¿Qué relación tiene?”

Eran preguntas excesivamente simples, pero al estar Kei en el negocio de las noticias solía volverse muy obsesivo al respecto, en el mal sentido de la palabra, solía actuar como maniático mientras interpretaba las historias. Rara vez se había puesto a pensar en el meollo del asunto, y en secreto se esforzaba para contestar; sin embargo, la mayoría de sus televidentes no devoraban tantos periódicos todos los días como él, por lo que de seguro tenían la misma pregunta: ¿Qué significa? Por eso Kei siempre le decía, “Bien, deja te explico”. Era un ejercicio que había ayudado a Kei en varias ocasiones; pero ahora que no podía hablar, además de que Ushio estaba ocupado, todo eso hacía que fuera imposible concentrarse.

Kei termino de leer sus periódicos sintiéndose completamente insatisfecho, paso un rato flojeando en la cama. Cuando llegó la hora del almuerzo, se levantó para tomar una cucharada de infusión de miel con jugo del rábano daikon, entonces se dio cuenta que la estufa se había quedado sin queroseno. Bajo las escaleras encontrando a Ushio frente a su computadora, se acercó y mascullo “queroseno”.

—Okay. ¿Qué tal si dejamos que se ventile el segundo piso ahora que ésta vacío?

Kei lo miró diciendo “¿Incluso cuando esta calentito?”. Pero Ushio no prestó atención a sus objeciones y subió a abrir la ventana de todos modos. Kei se acostó haciéndose bolita en el sofá.

Ushio regresó a su escritorio y preguntó: —¿Quieres ver la tele? Tienes grabados muchos programas que querías ver, ¿no?

Lo haré después.

—¿Quieres comer? Por mí no hay problema.

No tengo hambre.

—Una vez que el segundo piso de ventile, ¿qué te parece si cocinamos algo simple? ¿Prefieres oden2 o pot-au-feu3?

Carne.

—Ok, voy a buscar un poco de jarrete de res, papas y cebollas para guisar… Oye —Ushio se volteó a ver a Kei— ¿No te suena como si estuviéramos teniendo una conversación normal?

Justo eso te iba a preguntar.

—Solo estoy llenando los espacios con las cosas que usualmente dirías, después de todo, eres tan fácil de leer.

Cállate.

Después de un rato Kei predijo por el modo en que Ushio miraba a la computadora que él había desaparecido de su mente, estaba completamente enfocado en el mundo cuadrado de la pantalla. Había veces en las Kei se encontraba tan sumergido en su trabajo que todos los sonidos del exterior escapaban de su consciencia, mientras hablaba en vivo. Aún si jamás había jugado al tragamonedas4 antes, entrar en la zona era parecido a cuando la pelota chocaba con los objetivos para obtener los puntos, era un aumento especial que se producía solo cuando las condiciones y la energía eran las adecuadas. Kei entendía lo valioso que era ese momento, por lo que intentó no molestar a Ushio mientras trabajaba. Le dolía admitirlo, pero a veces Kei se sentía un poco solo por la falta de atención que Ushio le brindaba cuando se concentraba, no decía nada por que sabía que Ushio sentía lo mismo a veces, en las noches cuando veía a Kei desde la televisión.

En silencio subió las escaleras, pensando que de seguro el cuarto había terminado de ventilarse para entonces, cerro la ventana de la fresca habitación y toco la parte superior de la estufa sin combustible con sus dedos, estaba fría. 

Hará hace un mes que Kei se despertó a la mitad de la noche y encontró el espacio de la cama a su lado vacío, no había señales de Ushio, bajo al primer piso y lo encontró sentado en sofá calentándose junto a la estufa, aunque quizá solo estaba viendo danzar las llamas azules. No parecía que estuviera pensando en algo, pero su rostro estaba serio y ni siquiera noto cuando Kei había llegado. Se preguntó si estaba reflexionando algo sobre el trabajo esa noche, tal vez batallaba con algo personal que afectaba su proceso de creación; no pudo evitar pensar que quizá Ushio había estado más solo que Kei antes de conocerse.

Kei se metió bajo las sábanas de la cama, estaban impregnadas por el olor de Ushio, por un rato se la pasó dormitando, pensando si su propio aroma se había combinado con el de Ushio… Ugh, ¿acaso se había convertido en un pervertido? Se critico a sí mismo en silencio. Puede que, por efector de haber perdido su voz, había pasado todo el día pensando en cosas a las que antes no había prestado atención. Como no podía liberar los fragmentos de sus pensamientos, los mantenía encerrados en su interior, fermentándolos dentro de su corazón hasta que se transformaran. No era nada importante lo que quería decir, pero el estado débil de su garganta afectaba directamente a su corazón.

Se asustó cuando sus pensamientos se volvieron tan introspectivos, lo hacía imaginar cosas que no quería, como: ¿Qué pasaría si su voz no volvía para el lunes? ¿Y si seguía quedándose afónico sin previo aviso?

¿Había llegado por fin al límite en el que ya no podía tolerar este estilo de vida imposible, forzado y falso?

Le aterrorizaba que todo se acabará de esa forma, sin dolor y sin poder hacer nada.

 

Al parecer había terminado por quedarse dormido mientras meditaba, estaba sudado un poco ahora que la estufa volvía a estar prendida. Un olor a carne cocinándose viajo desde su nariz hasta su estómago, si hubiera estado caminando en la calle el aroma de seguro lo habría obligado a detenerse. Ushio estaba sentado frente a la estufa mirando las llamas mientras una tetera se calentaba la parte superior.

El color azul de las llamas era una prueba de que consumía adecuadamente el oxígeno del aire. Azul o rojo, el fuego seguía siendo fuego, capaz de calentar y de quemar a la gente si se acercaban demasiado.

De pronto Ushio se volteó a mirar a Kei.

—¿Estas despierto?

El cuarto se había oscurecido, un ligero tono anaranjado teñía las paredes de su interior. Kei quería preguntarle que hora era, pero su voz aún no había vuelto.

—Son las 4:30 —contestó Ushio sin importarle el silencio mientras descremaba la parte superior del guiso—. Estará listo para comer en un momento.

Kei descorrió las sábanas haciendo un hueco en la cama, dio varias palmaditas en el colchón a su lado. 

—¿Eso es lo que quieres? 

Ushio se rio mientras se acercaba a la cama, Kei lo tomó por la cintura. Este tipo de acciones no deberían necesitar ninguna palabra.

—…Esto es bastante inusual. ¿Aún tienes frío?

No, tonto.

Kei clavó los dedos en una zona blanda donde el músculo parecía estrecharse, y Ushio hizo una mueca, pronunciando un "Ay". Entonces Ushio volvió a la estufa, apagándola antes de meterse en la cama con Kei.

—Probablemente hubiera estado bien dejarla encendida —comentó Ushio mientras se quitaba la ropa—, pero no sería bueno si accidentalmente se caía por las vibraciones.

¿Exactamente qué tan fuerte planeas hacerlo?

Hicieron el amor lento y suave, esta vez Kei era más consciente al susurro de las sábanas y el crujido de los muelles de la cama, después le inundó el sonido combinado de la respiración inestable de Ushio con el de sus cuerpos al rozarse. 

—… Todo va a estar bien— murmuró Ushio mientas se sumergía lentamente en el interior de Kei— Vas a recuperar tu voz pronto.

Ya lo sé, por supuesto que lo haré. Cállate.

Kei apretó los brazos alrededor de la espalda Ushio, mientras este le acariciaba la nuca y le tranquilizaba: “Ya, ya.”

Con cada caricia de la mano de Ushio las palabras “Todo estará bien” se filtraron en su interior.

*** 

Cuando el sol se había puesto por completo, y la carne con las verduras cocinas a fuego lento estaba servidas en un plato frente a él, la voz de Kei empezó a regresar poco a poco.

—Un día tranquilo en el que no paso gran cosa, ¿eh?

Kei asintió a las palabras de Ushio mientras disfrutaba de la cena.

 

Notas [click para regresar]

[1] Mori Shinichi es un famoso cantante folclórico japonés. También es conocido por su inusual voz ronca.

[2] Oden - Un guiso japonés cocinado a fuego lento con pasteles de pescado, rábano daikon, huevos y konjac como ingredientes típicos.

[3] Pot-au-feu - Guiso francés de carne de vacuno cocinado a fuego lento.

[4] En la traducción de inglés (y me imagino que también en la original) la palabra que usan es “pachinko”, como es un sistema de juegos muy similar al de los tragamonedas decide usar ese término que, en mi opinión, es más fácil de comprender.

 

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