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Isekai kara tsuma o tsurekaerimashite- Capítulo 3

Capítulo 3, la historia de un caballero que volvió a su mundo junto a su esposo del japón actual

Lista de capitulos

Isekai kara tsuma o tsurekaerimashite- Capítulo 3


Traducción Inglés-Español: Sai2
Traducción Japonés-Inglés: BL Translations


 

Capítulo 3: Él y mis subordinados.

Al igual que Azusa hizo por mí en Japón, le expliqué cómo se vivía en este mundo.

La electricidad, el gas y la fontanería no existían; en su lugar, todo funcionaba a través de manastones, y la forma de utilizar estos servicios también era diferente. El más evidente era el uso del fuego y del agua. En el Reino de Selentia no encendíamos fuego. En su lugar, utilizábamos la conducción del calor. Se lo expliqué a Azusa mientras preparaba el desayuno en la cocina; aunque puso cara de asombro y respondió entusiasmado con una palabra que yo desconocía y que sonaba como "¡Ojo!”, la "estufa" que utilizaba era más sorprendente en mi opinión.

En cuanto al agua, no salía continuamente después de girar un grifo; el agua salía después de mantener la mano sobre el grifo, y el flujo se detenía después de pasar un tiempo determinado. Al lavarse el cuerpo, era necesario volver a mover la mano sobre el grifo antes de que se agotara el tiempo y el agua dejara de fluir. "Como cuando tienes que hacer tus necesidades en lugares públicos", dijo Azusa, pero no entendí el significado de sus palabras. No podría arreglar los negocios a través de la batalla, y tampoco estaría abriendo un negocio aquí... Me hizo sentir bastante triste pensar que todavía había cosas de él que no entendía.

El primer desayuno que me había preparado había sido huevos fritos. Esta vez, quise hacer lo mismo para él, así que me puse a preparar un desayuno tradicional de huevos fritos. Simplemente lo puse sobre un trozo de pan, lo sazoné con sal y papel, y también incluí un poco de sopa. Coloqué los platos frente al ya sentado Azusa y tomé asiento frente a él.

"Esto sí que es nostálgico..."

"¿Eh...?"

"Probablemente no lo recuerdes, pero para el desayuno, esto fue lo primero que te preparé".

Dijo esto con una risa incómoda. No puede ser, que realmente haya tenido los mismos pensamientos que yo... Me alegré tanto que me quedé mirándole fijamente, incapaz de encontrar palabras. Cuando lo hice, Azusa pareció haber malinterpretado algo, pues se limitó a girar la cara como para disimular su hosco mohín.

"Sólo fue algo bonito que recordé. No te preocupes".

"No, no es eso, Azusa. Yo también estaba pensando en lo mismo cuando hice esto".

"¿Eh...?"

"El primer desayuno que me preparaste: nunca podría olvidarlo, ¿verdad? Que tú también lo recuerdes me hace muy feliz, Azusa".

Transmití con seriedad mis sentimientos, y esta vez, Azusa se sobresaltó y me miró directamente a los ojos, con las mejillas enrojecidas. Una vez que mis palabras calaron, Azusa gritó: "¡Bueno, hora de comer!" y hundió los dientes en el pan como si intentara ocultar la forma en que le afectaban. Todo lo que hacía Azusa cuando se sentía tan tímido y avergonzado era tan adorable. Incapaz de soportarlo, sonreí y me temblaron los hombros. Me descubrieron, y Azusa, mirándome con la cara roja, me pateó los pies por debajo de la mesa.

"¡Kuh, jajaja...!"

¡No pude aguantar más...! La risa salió finalmente de mi boca. Mi esposo era tan lindo que me temía que a partir de aquí sería el único asunto que ocuparía toda mi mente.

"-¡Tch! No te rías".

Ante la cara de Azusa con los ojos llorosos mientras se esforzaba valientemente por implorarme, yo, que no podía acercarme a abrazarle por miedo a interrumpir la comida, tuve que hacer de verdad lo que pude.

Como me pareció que Azusa pasaría bastante frío si salía a la calle, tal y como estaba vestido, le tendí mi abrigo y le pedí que se lo pusiera, sólo por hoy. Había previsto que Azusa sería demasiado delgado para él, pero me sorprendió que el abrigo le quedara más holgado de lo que esperaba. Mis ojos se fijaron en el ligero asomo de los dedos de Azusa por los extremos de las mangas. Consciente de mi mirada, Azusa puso una expresión que decía “No te atrevas a decir nada al respecto”, mientras cruzaba los brazos para ocultar las puntas de los dedos. Aunque era tan indescriptiblemente estimulante.

Como era de esperar, el aspecto de las casas, los edificios y las calles de mi país difería del de Japón. No había edificios altos, coches ni semáforos. Aunque las calles estaban pavimentadas con piedras, distaban mucho de ser planas y fáciles de recorrer. El alumbrado público también estaba en un estado lamentable. Dondequiera que lo comparara, no podía evitar sentir que mi país era inferior. Una vez que saliera a la calle y viera la realidad de este lugar, quizá Azusa acabara sintiendo nostalgia por su ciudad natal, en la que era mucho más fácil vivir... Mis pensamientos comenzaron a agitarse en una dirección terrible.

"¡Maldita sea! ¡Este mundo es tan...!"

Sin embargo, cuando miré a mi lado hacia la fuente de ese grito inesperado, vi a Azusa mirando a su alrededor con destellos en los ojos. Por primera vez ante mis ojos, Azusa, que apenas hacía cumplidos y que miraba sin expresión las cosas que no le interesaban, estaba ahora tan nervioso y emocionado como un niño.

"¡Parece un juego de rol! Maldita sea, estoy entusiasmado".

"Una vez que te acostumbres a esto, ¿no te resultará incómodo?"

Aunque debería habérmelo guardado para mí, acabé diciendo algo como si le salpicara agua fría justo cuando se había alegrado. Aun así, sin importarle en absoluto, Azusa respondió con una sonrisa.

"Una vez que me acostumbre, pensaré que es algo normal; no voy a sentir que es difícil vivir con ello ni nada parecido".

"...Realmente eres algo…, Azusa".

"¿Eso crees? Bueno, este es el mundo en el que naciste, después de todo; quizá por eso me parece tan especial".

A pesar de haber dicho algo para conmoverme, el propio culpable no se dio cuenta... Cegada por sus palabras, me quedé sin palabras. Que yo ocupara un lugar tan importante en sus pensamientos era algo que no sabía. Aunque normalmente decía lo que quería sin contenerse, cuando se trataba de asuntos importantes, había muchas cosas que Azusa prefería no expresar; que dijera una cosa así era trascendental. Realmente era un completo genio para hacerme sentir feliz.

Primero teníamos que arreglar su ropa. Aunque yo había querido conseguirle ropa a medida para su cuerpo, Azusa se obstinó en que no necesitaba prendas tan caras, así que acabamos comprando piezas ya hechas. Aun así, me resultaba divertido elegirlas y comprarlas para Azusa. En Japón, Azusa tenía que encargarse de todas las compras. Como no tenía ingresos, ni siquiera podía devolver el gesto con un regalo; ahora, estaba dispuesto a llevar en su cuerpo las cosas que yo había comprado y le había regalado, lo que me hacía muy feliz. Mientras elegía varias cosas, si Azusa no me hubiera detenido y dicho "Esto ya es más que suficiente", quizás hubiera seguido sin parar.

Decidimos hacer un descanso y entramos en un restaurante para almorzar. Como aquí se acostumbraba a comer pan, no había mucho arroz disponible. Cuando se lo expliqué a Azusa mientras miraba el menú, soltó una risa un poco triste y dijo: "No se puede evitar, entonces".

Por último, fuimos a varias tiendas para comprar algunos artículos de primera necesidad. Aunque habría estado bien que los hubiera preparado antes, yo quería que Azusa eligiera los que le parecieran más familiares, así que lo había dejado a propósito. Parecía haber sido el curso de acción correcto, y los dos nos divertimos charlando sobre cosas tontas y triviales mientras comprábamos. Mi vida a partir de ahora estaría llena de muchas más risas y felicidad de las que había imaginado, reflexioné.

Cuando el sol empezó a ponerse, el exterior se oscureció. Llevando nuestras compras con ambas manos, empezamos a caminar hacia casa. Mientras estaba pensando en cómo debíamos utilizar la vajilla que habíamos comprado hoy durante la cena de esta noche, y otros pensamientos por el estilo, oí las palabras de una disculpa a mi lado. No entendí por qué se disculpaba Azusa, así que cuando le pregunté seriamente, me respondió que era porque yo había tenido que pagar todo. Azusa acababa de llegar a este mundo y, por supuesto, no trabajaba aquí, así que era natural que yo pagara. Por supuesto, aunque Azusa encontrara una forma de generar ingresos más adelante, tenía la intención de seguir tratándolo.

"Uugh... de alguna manera esto me hace sentir tan condenadamente culpable..."

"Ya que somos una pareja casada, ¿no tendrás problemas si no te acostumbras?"

"Guh... Es embarazoso, así que no lo digas..."

"Aunque había querido presumir de que eras mío... Es una pena..."

Aunque llevábamos medio año juntos, nuestra relación no había sido de amantes. Por lo tanto, como no le había dicho palabras de amor, no había sabido que Azusa resultaba ser bastante tímido. Aunque no había surgido el tema de cómo debíamos tratarnos como amantes, al tratarse de Azusa, había pensado que no le daría mucha importancia, por eso esta reacción fue tan inesperada. Que reaccione tan tímidamente a las cosas que digo cada vez es demasiado lindo, lo siento... pensé. Aunque me dijera que dejara de pensar eso, no sería capaz.

"¿Hu-uh? ¿No es ese Ilias?"

"¡Buenas noches, señor! ¡Me alegro de verle!"

Interrumpiendo la felicidad conyugal entre Azusa y yo estaban las voces de dos hombres, una aguda y otra con un tono suave. Tuve una sensación de hundimiento al escuchar esas voces demasiado familiares; realmente no podría salirme con la mía si no me daba la vuelta, ¿verdad? Al verme detenerme en el sitio y volverme, Azusa también se detuvo y se giró. Tal y como había pensado, allí detrás de mí estaban mis subordinados Lev y Cecil. Al ver que nos habíamos detenido, lo tomaron como un permiso para correr hacia nosotros.

Cecil era sensato, así que no debería causar ningún problema, pero el desenfrenado Lev era un gran problema. Lev era bajito y, a primera vista, parecía un niño pequeño; entendía su apariencia y la utilizaba para actuar a su antojo, sin ninguna disciplina. Me preocupé; sería mejor que Azusa no se involucrara con él, pensé, pero antes de darme cuenta, Lev ya estaba de pie frente a mí.

"¿Eh? Ilias, creía que hoy ibas a descansar, pero en realidad vas a tener una cita con este chico bueno”.

"¡Oye, sé más respetuoso, Lev!"

"Bien, lo haré ya que lo dices, Cecil. Buenas noches, señor".

"Eh - ah, uh, buenas noches."

Mi sensación de hundimiento había dado en el clavo, y parecía que no iba a terminar sólo con este intercambio. Después de que le hablaran de repente, Azusa se había quedado desconcertado y había respondido, pero justo después me lanzó una mirada interrogante. ¿Quiénes son estos tipos? Sólo con sus ojos, entendí lo que me estaba preguntando. Había querido presentarle a todos mis subordinados juntos, pero ahora que estábamos en este tipo de situación, tuve que reconocer que no se podía evitar.

"Estos dos son mis subordinados. El más bajo es Lev, y el más tranquilo es Cecil".

"Qué pasa, soy Lev Mauser. Puede que sea bajito, pero sigo siendo el más viejo de los que estamos aquí, incluyendo a Ilias".

"Es un placer conocerte. Mi nombre es Cecil Beretta".

"Y, este es Azusa."

"Encantado de conocerte. Estoy al cuidado de Ilias".

Que miserable fue no poder presentar a Azusa, que se inclinó cortésmente ante ellos, oficialmente como mi esposa. Aunque le había colocado un anillo en el dedo anular de la mano izquierda, en este lugar, la prueba del matrimonio de una persona se demostraba poniéndose un solo pendiente. Si le presentaba como mi esposa sin haberle puesto un pendiente, sería decir que no merecía la pena prepararse, y le causaría una ofensa inexcusable. Aunque por dentro me irritaba este horrible momento, pude evitar mostrarlo en mi rostro. Lev y Cecil se quedaron mirando a Azusa con intenso interés.

"Nunca había visto una cara como la tuya; basta una sola mirada para no olvidar una belleza como tú. ¿De dónde eres, Azusa?"

"¿¡Qué preguntas...!?"

"¿Es tu primera vez en esta ciudad? Las explicaciones de Ilias son realmente serias - debes estar aburrido, ¿verdad? ¿Quieres venir a jugar conmigo?"

"¡L-L-Lev! ¡Diciendo algo así...!"

"Vamos Cecil, cálmate. Los vírgenes deberían mantener la boca un poco más cerrada".

Se calló y se limitó a observar cómo Lev tomaba la mano de Azusa y acortaba la distancia entre ellos. Aunque sus ojos entornados y su sonrisa parecían simpáticos, su forma de actuar era incondicionalmente masculina; aunque tal vez esto fuera lo que Azusa denominaba "brecha", era algo que francamente no podía comprender. Al lado de Lev, el aturdido Cecil trataba frenéticamente de detenerlo; no pude evitar compadecerme de él. Mientras Azusa se preocupaba por cómo debía responder, abracé la cintura de Azusa por detrás y le aparté de Lev. Oí el sonido del suspiro de alivio de Azusa contra mi pecho.

"Están en pleno cumplimiento de vuestros deberes. No aflojen en un lugar como éste; vuelvan al trabajo".

"Sí, señor. Por favor, discúlpenos".

"Es bastante rastrero por tu parte utilizar tus órdenes como nuestro superior para cosas como esta, ya sabes".

"¡Lev!"

"Sí, sí, lo siento. Es hora de volver al trabajo".

Respondiendo a la advertencia de Cecil con un gesto de la mano, Lev saludó y dijo: "Bueno, entonces, por favor, discúlpeme", luego se dio la vuelta y se alejó. Cecil, que también saludó y pidió que le disculparan, corrió tras Lev como si le persiguiera. Mientras mirábamos las espaldas de aquellos dos subordinados después de que volvieran a sus tareas de patrulla, solté la cintura de Azusa y nos pusimos frente a frente. Aunque él me miró con expresión perpleja, yo, incapaz de responderle, me limité a bajar la cabeza y a inclinarme en señal de disculpa. Como su oficial superior, me correspondía disculparme por el comportamiento grosero de mi subordinado; sin embargo, cuando lo hice, Azusa dijo con voz tensa: "¡Qué haces! Levanta la cabeza". Al oír su voz, obedecí por reflejo.

"¡Está bien, vale! ¡No necesito que hagas algo así...!"

"Pero..."

"No me siento mal por ello ni nada, así que no necesito ninguna disculpa".

Como confiaba en la bondad de los demás, no necesariamente se ponía en guardia. Aunque quería asegurarme de que supiera que no tenía que seguirles la corriente, Azusa me agarró del brazo y tiró de mí. No era importante resolver esto ahora, así que no me resistí y me dejé arrastrar por Azusa mientras caminábamos. Quería saber qué estaba pasando, así que miré la cara de Azusa; incluso cuando miraba al frente, pude ver que sus orejas se habían enrojecido. Entonces recordé que a la gente de Japón no le gustaba llamar la atención. Lo mismo debía decirse de Azusa.

Se puede decir que los caballeros trabajadores atraen las miradas allá donde van en la ciudad, y cuando esos dos se acercaron familiarmente y hablaron tan alto, atrajeron la atención de la gente que nos rodeaba. Además, cuando agaché la cabeza en señal de disculpa después de que esos dos se marcharan, aún más gente empezó a mirarnos. Fue tan vergonzoso que Azusa no pudo soportarlo, así que nos hizo salir como si estuviéramos huyendo... Finalmente comprendí hasta ahí. Me había acostumbrado a que me miraran fijamente, así que no había notado las miradas sobre nosotros, pero debían ser difíciles de soportar para Azusa. Era un poco triste decirlo, pero mientras estuviera conmigo, tendría que acostumbrarse un poco más; aunque, tal vez, sería una gran diferencia si se le hubiera permitido preparar su corazón de antemano. Sin querer, había puesto a Azusa en una posición tan problemática; de ahora en adelante, debería tener más cuidado de no hacerlo. Había aprendido una cosa más sobre él, pero era mortificante que esto se produjera por mis propios fallos decepcionantes.

"Sin embargo, fue una gran ayuda cuando me alejaste de ese shota. Así que, gracias”.

Estas palabras que Azusa pronunció con una voz realmente diminuta mientras miraba al frente eran, sin duda, sus verdaderos sentimientos.

Era seguro que la razón por la que las decía ahora era porque había visto mi estado actual y quería levantarme el ánimo. Aunque tal vez lo hiciera inconscientemente, pero cuando me habló justo cuando estaba a punto de caer en la miseria, me había sobresaltado. Puede que nunca llegue el día en que pueda estar a la altura de Azusa. A pesar de que había estado tan atrapado en mí misma, las palabras que me dijo me habían hecho muy feliz. Sentí que mi rostro se ablandaba, pero endurecí mi expresión para ocultarlo mientras perseguía a Azusa. No había nada en el mundo que pudiera separar mi mano de la suya.

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