Isekai kara tsuma o tsurekaerimashite- Capítulo 1
Capítulo 1, la historia de un caballero que volvió a su mundo junto a su esposo del japón actual
Isekai kara tsuma o tsurekaerimashite- Capítulo 1

Traducción Inglés-Español: Sai2
Traducción Japonés-Inglés: BL Translations
Capítulo 1: Porque no es otro que mi compañero predestinado.
Yo, Ilias Garland, he pasado medio año en otro mundo mientras vivía en una tierra llamada "Japón".
Japón es una tierra de gran paz, o eso me habían dicho. Era inconcebible que existieran campos de batalla o gremios, y en este mundo, completamente libre de conflictos, se consideraba una acción absolutamente escandalosa aventurarse con una espada o cualquier otra arma.
Dicho esto, desde mi más tierna infancia, fui educado para asumir una posición de Caballero del Reino de Selentia y siempre he llevado una espada. Más tarde, adopté el manto de vivir como un caballero. Incluso en tiempos de relativa paz, puede darse una situación en la que el uso de una espada pueda resolver un asunto. Yo, para quien esta era la circunstancia cotidiana, no podía imaginar que me dijeran que no debía llevar una espada. Si por casualidad me atacaban, ¿con qué iba a luchar? Para los habitantes de este mundo, yo era un personaje totalmente sospechoso. ¿No sería esto rogar que me mataran? No pude evitar albergar tales dudas, al principio.
A partir de ahí, lo que descubrí por primera vez fue que este mundo no tenía manastones; en cambio, la gente de aquí sustituía el uso de manastones por otros objetos, y disfrutaba de un nivel de vida muy superior al que se podía encontrar en mi tierra natal. Cuando vi por primera vez este mundo en el que no era necesario luchar, sufrí un choque cultural inconmensurable. Lo que me habían contado no eran mentiras ni exageraciones: todo era verdad.
Pelo negro y liso que caía sin enredarse, y ojos negros. Aunque la estatura parecía más o menos media, en general tenía un aspecto delicado... Aunque se trataba de un pueblo que sólo dejaba impresiones fugaces, su tierra, Japón, en la que se podía pasear a altas horas de la noche sin ir armado, era como algo sacado de un sueño.
Había estado vigilando una prueba de teletransporte a larga distancia cuando, ante mis propios ojos, se había producido un incidente de oleada mágica. Había tirado del brazo del técnico que estuvo a punto de ser engullido por ella, pero en el proceso había aterrizado yo mismo dentro de la zona. La secuencia de teletransporte había comenzado antes de que yo pudiera salir, y cuando me di cuenta de que había quedado atrapado en la oleada, ya era demasiado tarde. Todo lo que había delante de mis ojos, se tiñó de blanco; al mismo tiempo, mi cuerpo se volvió lento y empecé a sentir escalofríos.
Incapaz de mantenerme en pie, me caí en el acto, y fue entonces cuando la oleada se elevó y me teletransportó. No pude ni siquiera confirmar dónde había aterrizado, y mi conciencia se volvió borrosa... además, sentí frío. Nunca antes había tenido fiebre, pero era ese mal el que impedía que mi cuerpo se moviera como yo quería. Justo cuando me preparaba para morir así, una voz me llamó: ¿Estás bien? Cuando miré, lo que vi fue un hombre con una expresión muy preocupada que me miraba.
Ese fue el primer encuentro entre Azusa y yo.
Este hombre llamado Azusa parecía tener una personalidad que no le permitía dejar las cosas en paz, y después de haberme recogido a pesar de mi repentina aparición de la nada, me invitó fácilmente, una persona desconocida y armada, a su casa. La siguiente vez que abrí los ojos estaba tumbado en una cama, y allí, a mi lado, estaba Azusa.
Era incapaz de encontrar la forma de volver, y en este mundo ni siquiera podía aportar una prueba de mi identidad. Justo cuando no sabía cómo iba a vivir en este mundo, Azusa me salvó una vez más. Me propuso que viviéramos juntos en su casa. Me proporcionó alojamiento, comida y ropa, y me enseñó los conocimientos comunes y la etiqueta de este mundo. Y cuando por casualidad me encontré con una vajilla que, aunque era de Japón, tenía un diseño similar al que yo conocía, Azusa me la compró con la esperanza de proporcionarme alguna pequeña comodidad de hogar. Todo para mantener a un hombre que no podía hacer nada, y más cuando no le sobraba el dinero... Sin embargo, su rostro no mostraba ningún atisbo de reticencia, y había puesto sinceramente su corazón en hacerme sentir bienvenido. Mis pensamientos cariñosos hacia él se convirtieron en sentimientos de querer proteger y cuidar, y sin saberlo conscientemente empecé a perseguirle con la mirada.
Empecé a aprender el idioma Japón para que, aunque sólo fuera un poco, pudiera ser una menor carga para él, y también me responsabilicé de las tareas domésticas como forma de ayudarle. Como Azusa, de alguna manera, dominaba misteriosamente el lenguaje en mi idioma, no tuve ninguna dificultad para comunicarme con él y me alegré de tener esta pequeña merced. Que yo pudiera aprender rápidamente el idioma de Japón fue gracias a Azusa.
La primera vez que recibí un mensaje de la Oficina de Comunicaciones Mágicas de Selentia fue tres meses después de haber sido teletransportado a Japón. La Oficina de Comunicaciones Mágicas, que tenía el sobrenombre de "Oficina Magicom", estaba compuesta por los expertos más entendidos del Reino... No tenía ni idea de por qué esa gente iba a ocuparse de mí, un caballero común. Lo más probable es que quisieran confirmar mi supervivencia y actualizar el límite superior de la distancia posible del teletransporte. El personal de la oficina se alegró de que yo siguiera vivo, su mejor sujeto de prueba, y, tras decirme que en medio año podría volver, colgaron unilateralmente. Aunque una parte de mí se sintió aliviada por haber encontrado por fin la forma de volver, cuando pensé que mis días de convivencia con Azusa pronto llegarían a su fin, empecé a sentir pena. Para entonces ya había empezado a enamorarme de Azusa, así que la otra mitad de mí se sentía como si se hundiera.
Al final, debía dejarle marchar, por eso no podía confesarle mis sentimientos. Sin embargo, aunque uno diga eso, si se mantiene en un ambiente en el que con sólo extender la mano se puede tocar a la persona que se ama, habrá límites para lo que se puede soportar.
Nunca olvidaré el día en que, después de beber sake, tuve el valor de tocar a Azusa por primera vez. Abrumado hasta el punto de perderse, Azusa se había estremecido bajo mis caricias, sometiéndose a ellas. Sin embargo, sus ojos largos y estrechos estaban húmedos y llevaban una luz dudosa en su interior, y dirigió su poderosa mirada hacia mí. Aunque era él quien estaba siendo tomado, la actitud que me mostró decía que nuestras posiciones eran, de hecho, iguales, y fue entonces cuando me di cuenta de que me había enamorado completamente de él. Es más, debo decir que merecía algún elogio por la fuerza mental que me costó contenerme en ese momento, ya que el atractivo sexual que él había desatado me había puesto la piel de gallina por todo el cuerpo, y de lo contrario seguramente me habría desbocado y lo habría destrozado.
Aunque habíamos iniciado una relación sexual, no habíamos establecido ningún sentimiento mutuo por el otro. Tal vez Azusa pensara que sólo éramos dos buenos amigos desahogándose el uno con el otro. Pero en cuanto a mí, sentía que su lugar dentro de mí crecía cada vez más y más, y, cada vez que lo tocaba, las palabras "Te amo" brotaban en mi boca, esperando ser desatadas. Mientras aguantaba este impulso, la reacción de Azusa a mis caricias cambiaba; se volvía más mimado y necesitado de mí, lo que me hacía insoportablemente feliz. Creía con exceso de confianza que, aunque nunca habláramos de ellos en voz alta, nuestros sentimientos por el otro eran claramente mutuos.
El clima cambió a un tiempo abrasador conocido como 'natsu', y por primera vez en mi vida, me llevaron de viaje de vacaciones. En un establecimiento conocido como "ryokan", vimos el "hanabi", luces de fuego que estallan y se extienden por el cielo. Cuando el hanabi terminó, supe que las palabras por sí solas no eran suficientes; nuestra comprensión de los pensamientos y sentimientos del otro no coincidían. Deseaba transmitirle a Azusa lo que realmente quería, pero cuando Azusa me dijo: "Por mi bien, por favor, no lo digas", cerré la boca. Incluso en ese estado, me instó a tener sexo con él, y fui incapaz de resistirme a mis instintos... mucho menos cuando acababa de estar a punto de introducirme dentro de él, y me suplicó que lo hiciera. Aunque mi cuerpo sentía placer, mi corazón se sentía como torturado... era la primera vez que realizaba un acto tan difícil y doloroso.
Había tenido la intención de volver sin decirle mis sentimientos. La noche anterior al teletransporte, nuestros cuerpos se unieron por última vez. Las palabras que había estado reteniendo finalmente se negaron a ser reprimidas: no pude evitar decir, sólo una vez, "te amo". Las lágrimas brotaron de mis ojos al contarle mis sentimientos, y Azusa respondió con una sonrisa desconsolada. Al final, como había pensado, no me diría sus sentimientos... pero, aun así, quise dedicarle todo lo que tenía.
El día señalado, se había sorprendido cuando le había jurado mi fidelidad como caballero, y justo cuando la secuencia de teletransportación comenzó a transportarme, me dijo: "Llévame contigo". "Yo también te quiero", me dijo. ¿Qué tan cruel, qué tan miserable puede ser el destino? Por qué, por qué él y yo teníamos que nacer en mundos diferentes... Mi visión se desvaneció cuando una luz blanca lo envolvió todo, y el Azusa que había estado conmigo todos los días desapareció. Así, se cerró el telón de mi viaje a otro mundo.
"No hay garantía de que esto sea seguro. Esto es, por supuesto, también con respecto a la persona del otro mundo que dices que te gustaría traer de vuelta contigo".
"Lo entiendo".
No les importaba en absoluto la seguridad de su espécimen, y sólo deseaban ver un nuevo resultado de la prueba, ¿no es así? Aunque ignoré las palabras del ingeniero mágico cuando explicaba habitualmente el procedimiento de seguridad, hacía tiempo que me había grabado en la cabeza los puntos vitales.
Apoyado en las palabras que Azusa había dicho al final -esas palabras de "Llévame contigo"- me había lanzado a mi trabajo, esforzándome incansablemente durante este último año. Mi rango había ascendido de caballero común a capitán de caballería, y como se me consideraba un superviviente de otro mundo, se me obligó a reunirme con la Oficina Mágica en innumerables ocasiones, ganándome poco a poco su confianza.
El resultado de esto fue elegir intencionalmente viajar a un otro mundo específicamente seleccionado. Además, con la seguridad de saber que si estaba en el área designada en el momento correcto, podría regresar. El propósito de este viaje de regreso era, conforme a mis esperanzas y a la materia de prueba de la Oficina Mágica, traer conmigo a una persona del otro mundo. La verdad es que había pensado que se necesitaría más tiempo para conseguirlo, pero el impulso de la Oficina Mágica para la investigación era realmente tremendo.
Como no había forma de garantizar la seguridad de la vida de uno a través de este experimento, no había nadie dispuesto a convertirse en su sujeto de prueba; sin embargo, milagrosamente, estaba yo mismo, que estaba sumido en mi necesidad de volver inmediatamente a la voz que oía en mis sueños: la voz de Azusa, que me decía que lo trajera conmigo. Viajé a otros mundos, y traje a gente de esos mundos. Me pregunté si el Reino no tenía nada que decir sobre este resultado, pero entonces supe que la Oficina Mágica mantenía en secreto el teletransporte de esta vez. En el peor de los casos, las relaciones de la Oficina Mágica con las demás oficinas gubernamentales empeorarían, y se les vería como interesados en mantener su tecnología para sí mismos.
"Los preparativos están completos. Muy bien entonces; comencemos la teletransportación".
Aunque ya había escuchado esta frase muchas veces, esta vez, mi ánimo se disparó. Podré volver a encontrarme con Azusa. Sólo ese pensamiento me hizo querer gritar de alegría. Finalmente, metí la mano en el bolsillo de mis pantalones una última vez para confirmar que lo que necesitaba estaba allí, y cerré los ojos mientras reprimía la impaciencia de mi corazón.
Cuando abrí los ojos, una visión nostálgica y familiar se presentaba ante mí.
Aunque había pasado un año desde mi última visita, nada había cambiado en la habitación de Azusa. Lo único destacable era que el dueño de la habitación estaba durmiendo en el sofá con el traje puesto. El bento que probablemente había comprado para la cena se había dejado, tal cual, sobre la mesa y su abrigo y la chaqueta del traje habían sido arrojados descuidadamente sobre el respaldo del sofá. Me arrodillé para observar, más de cerca, a Azusa, y descubrí que su rostro estaba pálido, con terribles bolsas bajo los ojos, y sus mejillas se habían vuelto más huecas. El paso del tiempo era diferente entre el Reino de Selentia y Nippon. Aquí sólo debería haber pasado medio año, así que qué demonios le había pasado... La razón por la que su cara se había puesto así era por mí, ¿no? Cuando se me ocurrió ese pensamiento, fui incapaz de dejar de mirarle.
"Azusa, te vas a resfriar en un lugar como éste".
Sacudí su cuerpo tan suavemente como pude. Se encogió de hombros y se dio la vuelta como si quisiera decir que no quería, pero me preocuparía que no se despertara, así que le sacudí una vez más. Sus párpados se levantaron lánguidamente.
"...... ¿Eh?"
La ternura se desbordó de mi corazón al ver que Azusa se frotaba los ojos y luego hacía una doble lectura al mirarme. En contraste con mi reacción, la cara de Azusa tenía una expresión como si no pudiera creer lo que veían sus ojos, y no se movió en absoluto. Me pareció indescriptiblemente simpático cómo había reaccionado exactamente como yo esperaba, pero la insalubridad de su aspecto me hizo sentir también dolor. Sabía que esto no era algo que pudiera arreglar sólo con mi toque; sin embargo, queriendo llevar algo de alivio al corazón de Azusa, toqué con mi mano la pequeña mejilla de Azusa.
"Has perdido tanto peso... Las bolsas bajo tus ojos son terribles. Siento haberte hecho esperar tanto tiempo..."
"Um... ¿Ilias?"
Dijo mi nombre, y cuando respondí, pareció confundirse aún más. Desde su punto de vista, un hombre que había desaparecido durante medio año había reaparecido ahora, a altas horas de la noche, en su habitación, sin ninguna señal ni advertencia, así que era natural que estuviera confundido. Había muchas cosas que quería explicarle, pero no había tiempo para entretenerse. Aunque podría explicárselo todo, una vez que hubiéramos regresado, lo primero que debía hacer era obtener su consentimiento.
"Azusa, sólo quería preguntarte una cosa. Las palabras que dijiste durante el teletransporte, ¿todavía las sientes, incluso ahora?"
"¿Las palabras que dije...?"
"'Llévame contigo', fue lo que me dijiste".
Incluso ahora, seguía recordando con claridad cómo había gritado y corrido frenéticamente tras de mí, con el cuerpo tembloroso e inestable por la fuerza con la que nos habíamos abrazado la noche anterior. Las palabras que había dicho se habían convertido en los pilares de mi motivación, pero para él, tal vez se había dejado llevar al ver el teletransporte y sólo había pronunciado esas palabras en el impulso del momento. Por eso, era vital averiguar sus verdaderos sentimientos. Se podría decir que venir a su encuentro de esta manera, era sólo para mis propios fines egoístas. Era muy consciente de que Azusa estaba en todo su derecho a negarse, pero le supliqué por dentro que no dijera que no. Por favor, perdóname por querer alejarte del mundo en el que habías nacido y crecido. Mientras esperaba su respuesta, lo miré mientras me sentía como en una oración.
Incluso ahora, sigue siendo lo mismo, respondió, mientras desviaba tímidamente la mirada. Su respuesta me alegró tanto que mi rostro se aflojó, pero un momento después, endurecí mi expresión. En el bolsillo que había revisado antes de teletransportarme, la sensación del objeto sólido anidado en su interior seguía siendo la misma. Azusa me había dicho que en Japón era costumbre colocar un anillo en el dedo anular como símbolo del matrimonio. Ahora, extraje un anillo de mi bolsillo y lo coloqué lentamente en el dedo anular de quien me lo había enseñado. Nunca pensé que llegaría el día en que colocaría este anillo en su dedo; lo había hecho sólo para que sirviera como algo para recordarlo, pero... Este anillo estaba hecho para poder cumplir su propósito mientras brillaba dulcemente en el dedo anular de Azusa.
"Los preparativos han llevado un tiempo, pero finalmente he vuelto. Azusa, casémonos".
Atónito, Azusa, no dejaba de mirar hacia atrás y hacia delante entre este anillo y mi cara, y entonces, una línea de lágrimas fluyó de sus ojos. Incapaz de sacar ninguna palabra, asintió una y otra vez mientras las lágrimas seguían cayendo de sus ojos en pequeñas gotas. Mi propuesta de una vez en la vida había tenido éxito; solté el aliento que había retenido inconscientemente y comencé a limpiar las lágrimas de los ojos de Azusa. La belleza de su aspecto, al estar tan feliz de aceptar que lloraba, era demasiado injusta.
Había decidido que quería proponerle matrimonio de la forma en que se hace en su mundo. “Por haberte dejado sentir tanta soledad durante este medio año, te pido disculpas".
"¡De verdad...! Llegas... ¡muy tarde...!"
"Fue mi error. A partir de ahora, no dejaré que vuelvas a experimentar tal sentimiento. Aunque si dijeras que no, no creo que fuera capaz de dejarte ir".
La forma en que respondió, como siempre, fue tan nostálgica que hizo que mi rostro se ablandara. Eran tiempos en los que cada vez que me rebatía por reflejo con una frase mordaz, mi respuesta era reír con alegría. Al llegar la hora determinada, una formación mágica volvió a formarse bajo nuestros pies. Sorprendida por el viento ascendente, Azusa me miró ansioso.
"Es la hora. Azusa, demos el salto".
"Esto, ¿qué se supone que debo hacer...?"
"Está bien, sólo agárrate a mí".
Azusa se puso nervioso mientras yo me ponía en pie. Acerqué mi cara a la suya para controlar mejor mis movimientos mientras colocaba mis brazos detrás de sus rodillas y espalda y le levantaba. Después de que Azusa me rodeara el cuello con sus brazos, estábamos listos.
"Gracias, Azusa. Te haré absolutamente feliz".
"¿Qué dices? Seré yo quien te haga feliz, Ilias".
A él, que había decidido desechar su vida en Japón y elegir una vida conmigo en Selentia, quise darle mi más sincero agradecimiento. Pero en lugar de eso, me devolvió las palabras, haciéndome estallar de risa. Esta respuesta de Azusa fue realmente mucho mejor. En respuesta, Azusa hizo un mohín hosco, como si dijera: "¡Disculpa, de qué te ríes!", pero al momento siguiente, levantó tímidamente la vista hacia mí. Como pensé: para mí, no podía haber nadie más que él.
A esta persona, que lo había abandonado todo para estar conmigo, deseaba fuertemente aportarle felicidad.