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Traducción Inglés-Español: Sai2
Traducción Japonés-Inglés: BL Translations


Capítulo 19: Recogí a un extraño caballero

Ahora que llevaba una armadura en lugar de su delantal habitual, Ilias tenía un aspecto increíblemente atractivo, eso era innegable.

Tuvimos sexo hasta que ambos quedamos hechos un desastre, nos bañamos juntos y nos fuimos a dormir. A la mañana siguiente, me quedé en la cama observando cómo se vestía una persona alegre y enérgica. En cuanto a mí, estaba completamente agotado y gastado, y ni siquiera podía moverme de cintura para abajo; la resistencia de un caballero era una auténtica locura...

"Azusa... Realmente..."

"Ya te lo dije; está bien. Más importante, una vez que te teletransportes de vuelta, asegúrate de cuidarte".

En realidad, no estaba "bien". Pero no podía decirle que no fuera, así que no tuve más remedio que hablar como si no me afectara.

Ilias se volvió abatido ante mis palabras.

Seguí observando cómo se abrochaba la espada a la cintura con desánimo. Aunque había estado balanceando una botella de agua de plástico de dos litros todos los días mientras decía que era para entrenar, me preocupaba si eso era realmente suficiente. ¿Seguiría siendo capaz de luchar adecuadamente cuando volviera?

Se convirtió en la imagen de un caballero galante y gallardo una vez que terminó de prepararse. Especialmente cuando se arrodilló junto a mi cama y me dio un beso en el dorso de la mano, parecía igual que en esos cuentos de hadas -salvo por el hecho de que esta princesa sólo llevaba una camiseta y unos calzoncillos, por lo que yo parecía una broma fuera de lugar más que nada-.

"Azusa... por todo lo ocurrido hasta ahora, te doy las gracias desde el fondo de mi corazón. No tengo palabras para expresar lo verdaderamente agradecido que estoy"

"....... Yo también... me alegro de haber podido conocerte".

Bajo la mirada de esos ojos azules que me miraban, mis verdaderos sentimientos se deslizaron involuntariamente. No había planeado decir tal cosa y, en primer lugar, ¿realmente pensaba esas cosas? Dudé y me cuestioné por dentro, pero una vez que esas pocas palabras salieron, no pude evitar que el resto se escapara.

"Disfruté mucho, este tipo de vida en la que tenía a alguien importante para mí para tenerlo en cuenta. Fue la primera vez que pensé... que vivir con otra persona podía ser tan reconfortante. No me sentiría así si fuera con alguien más que tú, Ilias".

Él se había convertido en una parte de mi vida, y el pensamiento de que después de hoy, no podría conocerlo más... era devastador. Esto no era como una relación a distancia, era perderlo para siempre, como si hubiera muerto. Realmente me alegró que no se fuera de repente sin despedirse... Tuvimos tiempo para prepararnos mentalmente, y lo agradecí.

"Ya que fuiste capaz de cambiarme tanto, una vez que vuelvas, absolutamente..."

Puedes ser feliz. Serás feliz, con alguien que no sea yo.

Estaría bien, ¿no? Debería estarlo. Que Ilias encuentre la felicidad en su mundo original sería algo bueno. Pero... no podía sacar esas palabras.

Aunque finalmente pudo volver después de muchas dificultades, ¿por qué no puedo desearle felicidad? Finalmente, no pude mantener su mirada y aparté la vista; justo entonces, un impacto recorrió mi cuerpo. Tardé varios segundos en darme cuenta de que Ilias se había levantado y me había abrazado.

"A mí me pasó lo mismo. La única persona que puede hacerme sentir esta clase de felicidad es sólo Azusa... Pase lo que pase, juré estar contigo".

"Ili... como..."

"Te amo... te amo de verdad, con todo mi corazón."

Gotas cálidas cayeron desde arriba, y a pesar de mí, no pude evitar sonreír. Vamos, ¿otra vez? Es injusto cómo tipos tan guapos como éste pueden hacer que hasta el llanto parezca bonito. Irritado por eso, mis dos manos se movieron a la velocidad del rayo para golpear ligeramente sus mejillas antes de pellizcarlas.

"Seguro que eres un idiota por hacer un voto a un hombre como yo. Aunque quieras retractarte, no lo permitiré".

Es imposible, después de todo. Dar a la persona que amo mis bendiciones para ser feliz con otra persona y estar satisfecoa sólo con eso... es algo que no puedo hacer.

En cambio, quiero ser un grillete que te ate.

Sucedió de repente.

Ilias finalmente había dejado de llorar así que solté sus mejillas. En ese momento, un conjunto mágico surgió bajo sus pies.

No era la primera vez que lo veía; de hecho, era la tercera. Sin embargo, me quedé sorprendido y sólo pude contemplar el espectáculo que tenía delante.

Dentro de la formación brillante e iluminada de azul que estaba rodeada de ráfagas de viento, la expresión de Ilias se convirtió en una sonrisa desesperada mientras gritaba mi nombre.

"He llorado delante de ti demasiadas veces... En estos últimos momentos, al menos... no lo haré".

"¡Ilias...!"

Esto no puede ser...

Está sucediendo. Realmente está regresando.

Bañado en una luz creciente, Ilias se arrodilló sobre una rodilla y sacó su espada. Giró la punta de la espada hacia el cielo, con ambas manos agarrando el mango y sosteniéndolo a la altura del pecho, y luego se volvió hacia mí con una mirada tan intensa que parecía atravesarme.

"Haberte conocido es la mayor alegría de mi vida; es mi orgullo. Seré a Azusa siempre fiel y leal, y por ello juro dedicarte mi fidelidad..."

Aunque no supiera lo que estaba haciendo o lo que significaba, comprendí que representaba algo especial; seguramente no era algo que estuviera bien hacer por capricho.

Sólo tardíamente me di cuenta de que su silueta disminuía a medida que hablaba; estaba casi a punto de desaparecer. Con pies inseguros, di un paso adelante.

Una barrera transparente alrededor de los bordes de la formación me impidió acercarme.

Fuertes ráfagas de viento giraban entre la barrera y el conjunto luminoso, pero ninguna de ellas llegaba hasta donde yo estaba; mi lado estaba completamente quieto y en calma, como si ya estuviéramos en dos espacios separados y fundamentalmente diferentes.

Sin inmutarme, apreté las dos manos contra la barrera invisible y grité su nombre. Se apresuró a salir a mi encuentro con ojos llenos de abrumadora desesperación.

"¡No-Ilias, no... no hagas esto! No, no, no te vayas... ¡no me dejes, idiota!".

"Azusa-"

"Yo también... yo también estoy enamorado de ti, así que no te vayas... ¡No me dejes! No te atrevas a irte, no, no me dejes... Te quiero, idiota, así que no, no-Ilias, no te vayas- ¡Llévame contigo!"

"¡Azusa! ¡Azusa!"

Su voz se apagó al gritar mi nombre, y sus manos se alzaron para presionar contra la barrera como si quisieran encontrarse con las mías antes de que todo fuera tragado por una luz blanca y cegadora.

En el momento siguiente, cuando mi visión se aclaró, no quedaban rastros de lo que acababa de ocurrir.

Sólo estaba yo dentro de un apartamento que tenía el mismo aspecto de siempre, como si nadie más hubiera estado allí.

Con la voz terriblemente ronca, grité un nombre, pero no obtuve respuesta alguna.

Lentamente, hacia abajo, me desplomé en el suelo. Igual que las lágrimas que no dejaban de caer.

Ese día, lloré más de lo que había llorado en toda mi vida.

Había pensado que no había forma de soportar seguir viviendo en este apartamento. Sólo había sido por un corto período de medio año, pero cualquier lugar en el que me parara me traía recuerdos del tiempo que vivimos juntos: el portal donde lo encontré por primera vez, el pasillo donde me enviaba al trabajo con un abrazo, la cocina donde siempre estaba, la ducha donde me empapaba y desnudaba, el sofá donde pasaba el tiempo perezosamente viendo sus programas de televisión para amas de casa, y la cama donde siempre estaba acostado a mi lado en el momento en que me despertaba por las mañanas.

Mi estado de ánimo se hundió aún más cuando me di cuenta de que todas las cosas destinadas a dos personas ahora tenían que volver a ser sólo para una.

Sin embargo, el tiempo avanzaba como siempre, y cada día se mezclaba con el otro en un ciclo interminable de ir y venir entre el apartamento y la oficina. Mi trabajo se convirtió en mi refugio; para distraerme de los recuerdos, empecé a pasar cada vez menos tiempo en casa y me hundí más en el trabajo. Mi rostro, que nunca tuvo tanta expresión, se endureció hasta convertirse en un frío bloque de piedra.

Mita me invitó a salir de copas en innumerables ocasiones, tal vez por preocupación, pero yo no tenía ganas de "divertirme" y acabé rechazándole siempre.

Había sido el punto álgido del verano, y luego las estaciones cambiaron a otoño, y después a invierno.

Cuando decidí que ya estaba harto y que debía olvidarme de él, saqué sus pertenencias -la ropa que compramos juntos para él, e incluso aquella taza por la que nos desviamos después de que él la mirara en el expositor de la tienda del apartamento con ojos tan fervientes-, pero cuando llegó el momento de arrastrar y tirar todo, me encontré incapaz de moverme un centímetro.

Obviamente, fui capaz de soportar verle llorar delante de mí, y sin embargo... ahora que se había ido, no podía mantener la compostura cuando pensaba en que todo lo que quedaba de él era sólo esto. No podía hacerlo. El mero hecho de mirar sus cosas me hacía sentir tan miserable que quería quitarlas de mi vista para siempre, pero mi instinto me decía que me arrepentiría absolutamente si lo hacía.

Lo mismo ocurría con el propio apartamento, y por eso no podía mudarme, ni siquiera ahora. Realmente... lo amaba. No había nadie más a quien pudiera amar tanto como a él.

En algún momento, la tristeza se disolvió en la nada hasta que sólo quedó un hueco en mi interior.

"Estoy en casa".

Medio año aún no era suficiente para deshacerme de este hábito, así que sólo el silencio me devolvió la palabra a una habitación vacía y oscura.

Cerré la puerta, me quité los zapatos, encendí la luz del pasillo y entré en mi apartamento. El nuevo programa de la noche estaba hablando de los efectos económicos de San Valentín cuando encendí el televisor.

Ah, es cierto... Ya es febrero, ¿no? Este año no he vuelto a casa de mis padres para las vacaciones, y me había encerrado durante el final del año pasado y el comienzo del nuevo, así que supongo que mi conciencia de la fecha se había embotado.

Mi cuerpo estaba tan agotado que ni siquiera tenía energía para comer, así que tiré el bento que acababa de comprar sobre la mesa, con mi bolso, mi abrigo y mi traje. Me arrojé al sofá, donde me asaltó una repentina somnolencia. Dejando escapar un bostezo que no pude reprimir, me aflojé la corbata mientras mis ojos se cerraban un poco... y mi conciencia se hundía en el olvido.

Se oyó aquella voz que recordaba de mis memorias, y mi cuerpo se agitó suavemente. Quiero seguir durmiendo, sin embargo... Me di la vuelta, comunicando claramente que me dejara en paz, pero volví a ser sacudido. Molesto por esa persistente perturbación, abrí los ojos de golpe, y frente a mí había una vista increíble.

"Azusa, te vas a resfriar en un lugar como este".

"...... ¿Eh?"

Me froté los ojos, obviamente viendo cosas, pero cuando volví a levantar la vista... allí seguía. Ilias, arrodillado frente a mí y con el mismo atuendo que tenía cuando nos separamos, aunque su pelo parecía mucho más largo que antes.

Así que por fin he llegado al punto de ver alucinaciones... Mierda.

El Ilias que habían cocinado mis delirios me acarició la mejilla con tanto amor y ternura en su tacto, aunque mi cara seguía siendo un bloque de hielo después de encerrarme en mí misma durante tanto tiempo.

"Has perdido tanto peso... Las bolsas bajo tus ojos son terribles. Siento haberte hecho esperar tanto tiempo..."

"Um... ¿Ilias?"

Intenté pronunciar su nombre sin saber por qué, y me contestó: "¿Qué pasa?"

¿Es realmente...?

Realmente era él.

Pero ¿por qué iba a estar aquí...?

"Azusa, sólo quería preguntarte una cosa. Las palabras que dijiste durante el teletransporte, ¿todavía las sientes, incluso ahora?"

"¿Las palabras que dije...?"

"'Llévame contigo', fue lo que me dijiste".

Las grité mientras lloraba desconsoladamente, recordé. Así es, lo había dicho cuando lo vi desvanecerse.

En lugar de dejarme atrás solo, quería que me llevara con él; pero tal cosa no era posible, lo sabía, así que ya no me importaba nada y vivía como si estuviera muerto... pero si él dice que puede hacerlo, entonces no había absolutamente nada en este mundo que deseara más que ir con él.

Él esperó pacientemente mientras yo tamizaba mis emociones, mirándome fijamente con una mirada seria en su rostro. Cuando finalmente le dije que mis sentimientos no habían cambiado, su expresión cambió inmediatamente y...

Sin explicación alguna, me pidió que le diera mi mano izquierda, que por reflejo presenté con las palmas hacia arriba. La giró y sacó de su bolsillo algo que brillaba en plata bajo las luces. Cuando lo deslizó en mi dedo anular, todos los pensamientos que habían estado circulando por mi cabeza se detuvieron por completo.

"Los preparativos han tardado un poco, pero por fin he vuelto. Azusa, casémonos".

Era una voz más dulce de lo que jamás había escuchado. Algo pareció desbordarse dentro de mí; mi garganta se había atascado y la voz no me salía, así que asentí sin palabras con la cabeza hacia arriba y hacia abajo innumerables veces. Las lágrimas comenzaron a salir en algún momento.

Ilias exhaló como si se sintiera aliviado por mi respuesta, y mientras sonreía, me secó las lágrimas y dijo: "Gracias".

"Había decidido que quería absolutamente proponerme como se hace en tu mundo. Que te haya dejado sentir tanta soledad durante este medio año, te pido disculpas".

"¡De verdad...! Llegas... ¡muy tarde...!"

"Fue mi error. A partir de ahora, no dejaré que vuelvas a experimentar tal sentimiento. Aunque dijeras que no, no creo que fuera capaz de dejarte ir".

Me capturó con una sonrisa traviesa, y yo acabé sonriendo también. En ese momento, la formación mágica que había visto aquel día apareció de repente bajo nuestros pies. A diferencia de antes, sentí que el viento también se agitaba bajo mis pies, pues esta vez estaba dentro del círculo.

"Es la hora. Azusa, demos el salto".

"Esto, ¿qué se supone que debo hacer...?"

"Está bien, sólo agárrate a mí".

Estaba a punto de levantarme cuando me cogió en brazos. Sobresaltado, me aferré a Ilias, que luego se volvió hacia mí con una sonrisa de satisfacción.

"Gracias, Azusa. Te haré absolutamente feliz".

Prometió con una sonrisa tan brillante, pareciendo el más feliz que jamás le había visto. Este chico realmente me quería tanto, aunque yo también compartía ese mismo mal de amores.

"¿Qué estás diciendo? Seré yo quien te haga feliz, Ilias".

Parecía perplejo con mi respuesta, antes de soltar una carcajada. "Perdona, ¿qué demonios es tan gracioso? Dije, pero no tenía ningún peso ya que me estaba riendo junto con él.

Aah, de verdad... Todo lo que hace falta para hacerme feliz es estar con él.

Valió la pena esperar medio año.

Mientras la luz que nos rodeaba devoraba el entorno familiar a la vista, Ilias, que se aferraba a mí, seguía siendo claramente visible. Entendí entonces que eso significaba que podría quedarme con él de aquí en adelante. Aunque sentí cierta soledad por dejar este mundo en el que había vivido hasta ahora, no pude evitar mirar hacia el extraordinario futuro que me esperaba. Allí, me quedaría al lado de la persona que amo; no había nada más grande que eso.

Había recogido a un extraño caballero, y ahora me iba a otro mundo para casarme con él.


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