Traducción Inglés-Español: Ninoo-chan
Traducción Japonés-Inglés: Watashi wa Sugoi Desu
Capítulo 14: Observé la discusión
—Por cierto, ¿quién es este chico?
Luciano señaló a Sigma, que era el único que llevaba una camisa blanca y pantalones cortos beige entre los magos de la corte uniformados. Los hombros de Sigma temblaron.
Naturalmente, Sigma no había recibido un uniforme porque no era miembro del Departamento Real de Magia. Sin embargo, Seiichirou le había dado algunas camisas y otras prendas porque sabía que Sigma tendría que vestirse mejor que lo mínimo si iba a entrar y salir de la corte real. Era un gasto necesario. Por supuesto, se pagaba con el presupuesto de la corte.
Seiichirou creía que era cientos de veces más justificable que los gastos que acumulaba cierto príncipe idiota para pagar vestidos y accesorios de la santa. Esas cosas casi habían regresado al tesoro, pero Yua finalmente había pedido que se las devolvieran.
Sigma miró a Seiichirou, pidiéndole ayuda en silencio. Solía ser bastante confiado, pero aún se ponía rígido al tratar con nobles.
—Es un ingeniero muy talentoso —explicó Seiichirou—, por eso se le permite entrar y salir del departamento de magia, especialmente para ayudar en la investigación de herramientas mágicas y para avanzar en sus propios estudios.
—¡Ho! —aplaudió Georgy—. ¡Quieres decir un futuro ingeniero de herramientas mágicas! ¡A su edad, debe ser bastante talentoso para tener acceso al palacio real!
Donato frunció el ceño a su lado.
—Pero ¿no es ese niño un plebeyo? ¿Dejan que un niño campesino tenga acceso a una instalación de investigación en el palacio real?
La idea de que Sigma pudiera filtrar información, robar materiales caros o abusar de las herramientas mágicas estaba fuertemente implícita. Sigma bajó la mirada, entendiendo perfectamente el significado de las palabras no dichas.
Seiichirou pensó para sí que era Donato quien había irrumpido en ese lugar altamente confidencial sin cita previa. Pero, como era un invitado de honor, Seiichirou mantuvo la boca cerrada.
—Ja, no, ¡no suele entrar y salir tan casualmente! —dijo Zoltan—. ¡Solo hoy está de visita!
La forma en que Zoltan endulzaba sus palabras, aunque rara vez frecuentaba el laboratorio, hizo que los magos de Romani fruncieran el ceño aún más. Habían desarrollado un cariño por el prometedor chico que iba y venía con frecuencia, más que por su jefe poco confiable. Sobre todo, su capacidad para mantener conversaciones decentes con East lo convertía en un activo valioso en el laboratorio.
Seiichirou se sintió aliviado cuando los magos le dieron palmadas silenciosas en el hombro a Sigma, haciéndolo sonreír un poco.
—Si un plebeyo tiene permitido hacer eso —afirmó Donato—, ¡entonces debe estar muy familiarizado con las herramientas mágicas y ser bueno manipulando energía mágica!
Como era de esperar, Donato parecía ser el único que valoraba el linaje. Por otro lado, el interés de Georgy por Sigma se había despertado, y Luciano, que probablemente tenía una edad cercana a la de Sigma, lo miraba de reojo con un brillo en los ojos. Tal vez esto fuera un desarrollo sorprendentemente bueno, concluyó Seiichirou.
—Ah, no, yo… no tengo mucho poder mágico, así que no puedo manipular la magia muy bien —balbuceó Sigma.
—¡¿Cómo dice?!
La voz estruendosa de Georgy resonó aún más fuerte por la sorpresa ante la respuesta de Sigma.
—¡¿No puedes ni siquiera operar una herramienta mágica y te llamas ingeniero de herramientas mágicas?! ¡¿Cómo es posible?! ¡¿Qué está pasando en este país?!
Sigma se encogió de nuevo ante el tono acusador y la voz alta.
Además, la acusación de Georgy había reducido a los magos a un grupo de estudiantes estudiosos pero tímidos, no mucho mejores que el propio Sigma, que había dependido de ellos para apoyo. Todos estaban sin palabras. Si East hubiera estado allí, habría expuesto un contraargumento sin siquiera preocuparse por el ambiente, pero no estaba… más específicamente, Seiichirou lo había encerrado.
Sin otra opción, Seiichirou se interpuso frente a Sigma.
—Aunque no todos los ingenieros de herramientas mágicas sean hábiles manipulando maná, aún pueden hacer su trabajo.
—¡¿Qué dijiste?! —bramó Georgy—. ¡¿Qué demonios sabes tú?!
Era difícil lidiar con un profesional con décadas de experiencia en el campo. Además, era un invitado de honor importante. Seiichirou no debía ofenderlo.
—Lo siento mucho, pero por favor escúcheme. Soy miembro del departamento de contabilidad, así que solo manejo asuntos financieros. Sin embargo, puedo solicitar y preparar un presupuesto para el Departamento de Magia para avanzar en su investigación.
—¿Cuál es tu punto?
—Se trata de poner a las personas adecuadas en sus lugares correctos y compartir la carga de trabajo.
—¿Compartir la carga de trabajo?
Seiichirou se esforzó por transmitir su mensaje con paciencia sin menospreciar la perspectiva del delegado de Egorova. Georgy frunció el ceño confundido.
—En efecto. El Reino de Romani no tiene a nadie tan hábil en la manipulación de magia ni tan conocedor de la tecnología de herramientas mágicas como su país. Dado que Egorova es una nación especializada en herramientas mágicas, muchos de los artesanos entre sus ciudadanos destacan en ambas cosas.
—Umm, bueno… —titubeó Georgy.
A lado de Georgy, las expresiones de Donato y Luciano indicaban que no estaban del todo insatisfechos con esa respuesta. Solo Lars miró a Seiichirou con su sonrisa inalterable.
—Así que hemos iniciado una iniciativa para avanzar en nuestra investigación haciendo que los ingenieros trabajen como ingenieros y los magos como magos, complementándose mutuamente para crear herramientas mágicas —explicó Seiichirou.
—Ho…
—La escasez de recursos humanos también es un desafío —añadió Seiichirou.
No era una exageración. Una carrera en magia casi siempre requería talento, por lo que había muy pocos magos e ingenieros de magia. Parecía extraño que Egorova tuviera un excedente.
Seiichirou recordó que en Egorova había minas donde se extraían muchas piedras mágicas. Las piedras mágicas eran minerales que contenían muchas propiedades mágicas y se usaban como fuente de poder mágico.
De repente, Seiichirou tuvo una idea: si él, que no tenía ninguna resistencia al maná, había podido aumentar gradualmente su resistencia al llegar aquí, ¿no sería que las áreas con maná naturalmente abundante causaran que los habitantes tuvieran niveles naturalmente más altos también?
De ser así, la cantidad de poder mágico de una persona podría aumentarse artificialmente. Eso ayudaría a resolver la escasez de mano de obra de magos e ingenieros de magia en Romani.
‘Tengo que verificarlo con el señor East inmediat— Ah, cierto, todavía no puedo…’
Recordando que había encerrado al mago, Seiichirou se recompuso.
‘¿Podremos probar esto después de que regrese la delegación de Egorova? …Espera, puedo preguntarle al señor Cielo si está relacionado con el cuerpo humano.’
Cielo era el director del departamento médico aquí en el palacio real. Había estado cuidando de Seiichirou desde que Aresh lo obligó a hacerse un chequeo médico tras su anterior colapso.
Mientras Seiichirou añadía mentalmente otra tarea a su lista, Georgy bombardeó a Sigma con preguntas.
—…Entonces, ¿cuánto poder mágico se necesita para hacer el trabajo de un ingeniero?
—Oh, si quieres medir la cantidad de maná que tiene alguien, hace un tiempo hice algo para eso —dijo Sigma.
—¡Hmm! —respondió Georgy—. ¿Cambia de color cuando detecta poder mágico? ¿Qué tiene dentro?
—Contiene algo llamado Quercil…
—¡Oh! ¡Eso significa que se expande! —exclamó Georgy—. ¡El color cambia según la presión! ¡Interesante!
—S-sí, eso es —asintió Sigma.
La voz de Georgy se hizo más fuerte mientras entendía rápidamente la estructura del dispositivo medidor de magia que Sigma había hecho anteriormente con East. Sin embargo, esta vez Sigma no se apartó de él, aunque estaba un poco perplejo. Ayudó que el tono de Georgy ya no fuera condenatorio y que pareciera feliz de hablar sobre herramientas mágicas.
—¡Por favor, muéstramelo también!
Detrás de Luciano, que levantó la mano, Donato también prestaba atención. Al fin y al cabo, era un nerd de la investigación.
—Vaya, es tan simple y a la vez tan fácil de entender.
—Sí, queríamos que cualquiera lo entendiera a primera vista… —explicó Sigma.
—Hmm, esa es la forma de pensar de un plebeyo analfabeto —resopló Donato.
—Bueno, la comprensibilidad es importante —notó Georgy.
—Oh —añadió Luciano—, también tenemos instrumentos medidores de poder mágico en nuestro país, pero tienen una estructura completamente diferente. —Sacó un objeto parecido a un reloj de bolsillo bellamente elaborado. En contraste, el de Sigma se parecía a un termómetro.
—¿Cómo funciona este? —preguntó Sigma.
—Bueno, este usa mineral mágico con palabras grabadas en él… —comenzó a explicar Luciano.
—¡T-tan avanzada tecnología…!
Gradualmente, los otros magos comenzaron a reunirse alrededor de Sigma. Estaban muy contentos de poder mostrarles su tecnología superior.
‘Bien, sigue así’, pensó Seiichirou para sí mismo.
—Oye, tienes esa expresión —advirtió Orzif.
—…¿Eh? ¿Qué expresión? —Seiichirou ladeó la cabeza, sin entender a qué se refería.
—Tienes esa cara de triunfo.
—…Qué terriblemente grosero de mi parte.
—No lo estás negando…
Como no había hecho nada en contra de los deseos de la nación de Romani, Seiichirou solo puso una sonrisa falsa.
—…Bueno, todo eso está muy bien, pero vamos a llegar tarde si seguimos con esta discusión. ¿La retomamos mañana?
—En efecto.
Seiichirou asintió mientras observaba la discusión entre los nerds de la investigación… eh… los brillantes ingenieros y magos frente a él. Aunque la reunión había comenzado tarde hoy, el plan había cambiado drásticamente en el medio y ahora estaban en esta situación. Si Seiichirou esperara hasta que terminara para hablar con Orzif, probablemente llegaría a casa a la hora tardía de la madera (alrededor de las 9:00 p.m.).
—Si quieres, podemos vernos por la mañana.
De alguna manera, Seiichirou sentía que las cosas no irían según lo programado cada vez que se trataba de este trabajo, lo que lo llevó a hacer esa sugerencia. Orzif lo pensó un momento y luego asintió.
—Entonces, ¿cómo les fue a todos? —preguntó Lars.
Tras el recorrido y la discusión en el Departamento Real de Magia, el grupo de cuatro se había separado de sus guías y había comido con el resto de la delegación de Egorova. Ahora estaban haciendo un informe en el salón de su habitación de invitados asignada.
—Bueno, no podemos compararnos del todo en términos de tecnología —comenzó Georgy—, pero es interesante ver lo innovadores que son, a pesar de su falta de ella.
—No estoy del todo seguro de mezclar plebeyos, pero supongo que podría valer la pena —concedió Donato.
Lars sonrió ligeramente a los dos, que parecían estar disfrutando sin perder la confianza en su propio país. Luego dirigió su atención a su pariente más joven, el más destacado del grupo.
—¿Y tú, Ruffi? ¿Qué piensas?
Las mejillas de Luciano se sonrojaron y sus adorables labios hicieron un pequeño puchero.
—Creo que tengo mucho que aprender. Pero… me sorprende que un niño no mago con poco poder mágico tenga acceso al laboratorio de los magos de la corte.
—¿Hm? Tú también estás aquí como miembro de la delegación, ¿no es así?
—Yo… ¡No soy… muy competente, ¿verdad?
Lars y los demás intercambiaron miradas ante la expresión abatida de Luciano.
—No, eso no es cierto —dijo Lars—. Eres un mago talentoso, Ruffi.
—Sí, serás un mago que llevará al país sobre tus hombros en el futuro —afirmó Georgy.
—No hay necesidad de compararte con los demás —afirmó Donato—. Además, ese chico no va a ser mago. Va a ser ingeniero de magia, ¿verdad?
Luciano siempre había destacado, incluso cuando era un niño pequeño. Tenía la mayor cantidad de poder mágico entre sus hermanos y era increíblemente estudioso, aprendiendo magia rápidamente más allá de lo considerado típico para su edad. Cuando Luciano expresó su deseo de acompañar a la delegación en esta visita al Reino de Romani, nadie pudo detenerlo.
Aun así, Luciano, que destacaba entre su generación, solo había sido permitido entrar al Departamento de Magia de la Corte por sus propios méritos, sin usar ningún tipo de conexiones. Debía haberse sentido perturbado al ver a Sigma, un chico de su edad, desempeñando realmente un papel útil en la corte.
—Si te preocupa él —añadió Lars—, absorbe todo lo que puedas durante tu estancia aquí y úsalo como alimento para tu propio crecimiento.
Luciano asintió en silencio ante las tranquilas palabras de Lars.
—Entonces, ¿algo llamó su atención, Su Alteza?
Ante la pregunta de Donato, Lars pensó un momento y luego sonrió un poco al responder.
—Bueno, ese contador. Me intriga.
Los acompañantes fruncieron el ceño confundidos.
—¿Ese plebeyo? —preguntó Donato.
Georgy negó con la cabeza.
—No me impresionó particularmente…
—Él mismo lo dijo: solo es bueno contando dinero —añadió Luciano.
Respuestas típicas de especialistas en investigación.
Lars continuó sin perder su sonrisa.
—Los documentos iniciales que repartió estaban bien organizados y eran fáciles de leer. Parece excepcionalmente capaz.
—¿Aunque no pueda usar magia en lo más mínimo? —protestó Donato.
—El director dijo que solo estaba allí para preparar los documentos, ¿verdad? —preguntó Georgy.
—Qué fastidio… —suspiró Lars—. Todos ustedes hacen tanto alboroto a pesar de que solo captaron la mitad del material… Ni siquiera leyeron los documentos que les dieron, ¿verdad?
Al ver a los tres nerds de la investigación tosiendo y desviando la mirada, Lars suspiró.
Los funcionarios de Egorova no conseguirían lo que querían si solo enviaban a estos tres idiotas de la investigación por su cuenta. Por eso el líder de esta misión era Lars, un hombre no versado en magia. Inicialmente había anticipado que esta misión sería un dolor, pero aceptarla le había dado un propósito. A diferencia de los investigadores, el estudio de la magia de transferencia era algo secundario para él.
—Según el espía que se infiltró antes que nosotros… ¿dónde creen que estuvo ese contador antes de la reunión de hoy? —preguntó Lars.
Nadie pudo dar una respuesta. Solo pudieron mirarse unos a otros.
—Fue invitado a las cámaras privadas del primer príncipe, donde almorzó con él —declaró Lars.
—¡¿Qué?! ¡Pero ese hombre se supone que es un plebeyo…! —Todos jadearon al unísono.
Lars sonrió ampliamente al trío sorprendido con una mirada pensativa en los ojos.
—Bueno, quién sabe… No obtuve todos los detalles de su conversación, pero parece cierto que está en términos amistosos con el primer príncipe.
Luciano miró entonces a Lars, recordando algo.
—¡Hermano! Ese tipo, creo que estuvo en la cena…
Lars respondió con una sonrisa silenciosa, uniéndolo todo en su mente.
Los resultados de la investigación de magia de transferencia…
La purificación por la Santa…
El plebeyo que estaba en términos amistosos con el primer príncipe y también con el príncipe bastardo…
Lars volvió a elogiar su elección, contento de haber venido a Romani.