Traducción Inglés-Español: Ninoo-chan
Traducción Japonés-Inglés: Watashi wa Sugoi Desu
Capítulo 10: Tuvimos una pelea
Tal vez porque uno de los invitados de honor era un niño pequeño, apenas eran las nueve de la noche (la hora del Árbol) cuando Seiichirou regresó a casa después de la cena.
—Bienvenido a casa, señor Kondoh.
—Ya llegué. ¿Dónde está…?
Valtom lo recibió con una sonrisa, pero entrecerró los ojos en cuanto Seiichirou preguntó por Aresh.
‘No, no es lo que piensas.’ Seiichirou quiso explicarlo, pero no pudo decirlo en voz alta, así que se dirigió a la habitación privada de Aresh.
Aunque su habitación y la de Aresh estaban conectadas a través de los dormitorios, solo Aresh tenía la llave de esa puerta. A Seiichirou no le parecía injusto. Era el dueño de la casa, así que era natural que tuviera la llave.
Justo cuando estaba a punto de tocar la puerta, Seiichirou recordó que todavía llevaba puesto el atuendo formal y consideró ir a su habitación a cambiarse; sin embargo, resistió la tentación y golpeó discretamente la elaborada puerta de madera.
—Con permiso —murmuró mientras empujaba ligeramente la puerta.
El silencio lo recibió. Al entrar, encontró a Aresh durmiendo plácidamente en el sofá con las piernas apoyadas en el reposabrazos. Podía ser un hábito profesional de caballero, pero seguía siendo inusual para alguien que rara vez mostraba su rostro dormido a nadie.
El sofá de patas cabriolé parecía delgado y frágil bajo el peso de Aresh, pero estaba bien hecho y los cojines eran tan anchos como un sofá. Conociéndolo, probablemente era hecho a medida.
Aunque llegaba con el impulso de la fiesta, al ver a su oponente en ese estado, su determinación flaqueó.
‘Qué pestañas tan largas.’
Era muy ineficiente para Seiichirou quedarse vestido así. Cuando se dio la vuelta para irse a cambiar antes de que la ropa se ensuciara, sintió un fuerte brazo tirar de él desde atrás.
—¡Whoa!
Cerró los ojos preparándose para el impacto, pero fue atrapado con tanta ligereza que pensó que Aresh había usado magia. Lo siguiente que supo Seiichirou fue que su espalda fue empujada contra los cojines del sofá y todo su cuerpo quedó atrapado debajo del fuerte de Aresh.
—…¿Ya volviste?
—Sí, ya volví.
Seiichirou se quedó con la boca abierta al ver a un Aresh aún somnoliento, sumado a la posición inapropiada en la que estaban.
—Señor Aresh, por favor apártese. La ropa formal se va a arrugar. —Intentó razonar, presionando su mano contra el pecho de Aresh para alejar ese cuerpo pesado pero cálido de él.
—No me importa si se arruga —respondió él con tono plano.
—Eso no está bien. Esta ropa es cara. No puedo permitirme pagarla.
La tela era tan fina y los bordados tan detallados que incluso un profano como Seiichirou podía darse cuenta de que la ropa que llevaba puesta era muy costosa. Si tuviera que estimar, seguramente costaba más que su salario mensual.
Seiichirou recibía dinero de apoyo del gobierno y un salario considerable como subdirector del departamento de contabilidad. Aunque entregaba directamente el dinero de apoyo al gobierno a Valtom para gastos de vida y alquiler, su salario solo equivalía a un puesto gerencial en el palacio real. No era pobre en absoluto.
Sin embargo, veía el dinero de forma diferente a los aristócratas.
A diferencia de Aresh, él no podía simplemente comprar una casa para vivir juntos o preparar de inmediato un atuendo formal completo con joyas para una cena.
Mientras pensaba en sus diferencias financieras, recordó el motivo por el que había venido a verlo en primer lugar.
—Ahora ya es tuyo, así que puedes hacer con él lo que quieras —replicó Aresh.
Con esas palabras, Seiichirou logró incorporarse a medias usando sus débiles músculos abdominales.
—Sí —suspiró—, eso es precisamente de lo que vine a hablar. Para empezar, ¿podrías por favor quitarte de encima?
Intentó enderezar su postura y expresar sus pensamientos, pero Aresh no dio señales de moverse. Mantuvo su agarre en el brazo de Seiichirou tan firme como antes, sin soltarlo.
—Señor Aresh, esto es importante.
—…Di lo que quieras decir —susurró Aresh después de un rato, manteniendo sus ojos fijos en los de él y sin moverse de su posición.
Seiichirou sopesó sus opciones por un momento antes de rendirse y abrir la boca, conformándose con la situación actual para evitar un intercambio inútil entre ellos.
—Se trata de este… prendedor de solapa —comenzó, levantando la flor plateada sujeta a su solapa y mirando directamente a los ojos de Aresh, que eran casi del mismo color que la gema en el centro de la flor.
Aresh no dijo nada.
Estaba esperando a que Seiichirou dijera lo que quería.
—Escuché lo que significa… Es mi culpa por no saber lo suficiente y ponérmelo sin conocer su significado, pero de ahora en adelante me aseguraré de—
—¿No te lo habrías puesto si hubieras sabido lo que significaba? —interrumpió Aresh las palabras implícitas de Seiichirou.
—¿Qué…?
—Te estoy preguntando: si hubieras sabido lo que significaba, ¿no te lo habrías puesto? —repitió la pregunta, y por un instante fugaz la mente de Seiichirou se quedó en blanco y su voz desapareció.
No… no… no no.
Al volver en sí, Seiichirou negó internamente con la cabeza.
Eso no es de lo que estoy hablando ahora.
El problema era que Aresh le había permitido llevarlo en un evento público sin decirle que representaba un compromiso. Si Seiichirou lo habría usado de haberlo sabido era un asunto completamente distinto.
—Eso no es lo que estoy diciendo —razonó Seiichirou.
—Era un lugar donde había gente de otros países. Por supuesto que tenía que asegurarme de que ningún insecto extraño se te acercara —habló Aresh con resolución.
Independientemente de lo que Aresh temiera, Seiichirou no había tenido oportunidad de interactuar con nadie de Egorova en la cena de hoy; ni siquiera habían cruzado miradas.
—Ese no es el punto —repitió—. Lo que digo es que este tipo de comportamiento engañoso es el problema —balbuceó Seiichirou, recordando la vergüenza que sintió solo él al recibir miradas extrañas de sus colegas hoy.
—Pero si hubieras sabido lo que significaba, no te lo habrías puesto —repitió Aresh, frunciendo los labios.
‘Dios mío. Estamos dando vueltas en círculos.’
Seiichirou respiró hondo y exhaló deliberadamente. Sintió que tenía que ser el adulto en esta situación.
Como amante más joven que era un poco egoísta para su edad, la forma infantil en que Aresh le hablaba le resultaba entrañable a Seiichirou.
Sin embargo, eran dos cosas distintas. Seiichirou no quería mezclar su vida pública y privada.
—Escucha, señor Aresh. No estoy hablando de si me lo habría puesto o no; estoy hablando del hecho de que lo llevé a un lugar público sin saber su implicación y terminé haciendo una declaración no intencionada a la gente a mi alrededor —intentó explicarse de nuevo Seiichirou.
La gente del Departamento de Magia se había hecho la idea de que finalmente se habían comprometido.
—¿Entonces eso significa que no tienes intención de estar conmigo?
—¿Eh?
Cuando volvió a mirar el rostro de Aresh, Seiichirou no pudo evitar callarse ante la suave caricia de su voz baja, porque su expresión era seria, no la de un niño enfurruñado como solía ser.
Por eso Seiichirou no quería tocar ese tema, sino resolver primero esta situación. Aunque no era el asunto que quería discutir, tampoco podía dejarlo pasar.
¿No estaba interesado en formalizar? ¿No quería quedarse con Aresh?
—Solo llevamos saliendo un mes…
Seiichirou lo señaló sin querer al decirlo en voz alta.
En efecto. Solo había pasado un mes desde que Seiichirou y Aresh se convirtieron en amantes. Además, apenas se conocían desde hacía ocho meses. ¿No era un poco apresurado?
Pero para Aresh parecía ser una historia completamente distinta.
La tomó por los hombros y lo empujó de nuevo contra el sofá.
—Si nos tomamos nuestro tiempo, ¿tú volverás a tu tierra natal, verdad? —preguntó Aresh, entrecerrando los ojos hacia él.
—…¡!
Aresh apartó las manos de sus hombros y apretó el aire para no hacerle daño a Seiichirou.
Sabía que Seiichirou no era de este mundo. Y por eso, para poder regresar a casa, Seiichirou ayudaba en el avance de la investigación de la magia de transferencia.
Aun así, era Seiichirou quien no podía ignorar los sentimientos tan decididos de Aresh. No era que intentara no pensar en ellos.
Sabía que completar la magia de regreso no sería tan fácil, así que pensaba que aún había tiempo para reflexionar.
Pero Aresh creía algo diferente.
—Yo… Seiichirou —susurró, mirando fijamente a los ojos de Seiichirou con determinación—, no tengo intención de dejarte ir.
Como si quisiera ocultar su vulnerabilidad, Aresh apoyó la cabeza en la curva del cuello de Seiichirou.
El contacto hizo que su voz resonara a lo largo del cuerpo de Seiichirou, provocándole un escalofrío.
—Si pudiera atarte antes de eso, lo haría —gruñó Aresh con posesividad, apretando su abrazo sobre Seiichirou durante un rato mientras este no podía responder en absoluto.
Incluso cuando Aresh le pidió que saliera de la habitación, Seiichirou solo asintió y se fue.
Ni siquiera pudo agradecerle por haber enviado a Pavel.
Y desde ese día, la puerta entre su habitación y la de Aresh permaneció cerrada con llave.