Rueda de la Fortuna III
Traducción Chino-Español: Ninoo-chan
«Oí que mañana ya quedaste con él, ¿no? ¿Qué es eso de… un niño haciendo berrinches? ¡No metas a los adultos en tus caprichos, por favor! Nosotros tenemos que hablar de trabajo, ¡de trabajo! El bebé se queda en casa comiéndose su pastel de Navidad, ¿sí?»
«…¡!»
—«Haciendo berrinches».
Esas palabras se clavaron profundamente en el corazón de Misaki.
«Te lo digo de una vez: el 24 todo el día, Akihiko va a estar conmigo, ¿eh? Dile que en esto no voy a ceder ni un milímetro. ¡Hasta que amanezca no lo dejo volver a casa!»
Antes de que la paciencia de Misaki se agotara por completo, Kariya terminó de decir lo que quería y colgó de golpe. Tras el fuerte «¡clac!» del auricular siendo lanzado, el teléfono solo emitió el tono mecánico de «tu—tu—».
Misaki devolvió el auricular con rabia para desahogarse y se mordió el labio inferior, conteniendo la furia.
¿Dónde podía descargar esa ira que ardía en su interior?
«¡Qué asco…!»
¿Qué le pasaba a ese tipo?
Aunque Akihiko ya le había dicho que su personalidad era mala, Misaki sentía que se quedaba corto con esa descripción.
Por más talento que tuviera para dibujar, Misaki admiraba la paciencia de Akihiko para contratar a alguien así para las portadas. Mientras pensaba eso, recordó un hecho importante.
«Cierto… porque a ese tipo le gusta Akihiko-nii…»
Normalmente, aunque alguien tuviera una personalidad horrible, al menos intentaba comportarse un poco mejor frente a la persona que le gustaba. Seguramente Kariya también actuaba como un «amigo amable» cuando estaba con Akihiko.
No era de extrañar que hiciera demandas irracionales para llamar su atención, o que sintiera celos de Misaki, que vivía con Akihiko, y le clavara puñaladas con palabras sin piedad.
Misaki entendía perfectamente esos sentimientos nacidos por amor a alguien.
Aunque su suposición fuera correcta… precisamente por eso, Misaki no podía perdonarlo.
—¡No sé quién es el que «no sabe cuál es su lugar»!
Aunque quisiera ganar el corazón de la persona que amaba, nadie tenía derecho a herir a otros sin más.
«…Hace un rato me dijo un montón de cosas super groseras…»
Cada palabra que había salido de la boca de Kariya avivaba la furia de Misaki.
Pero su enojo no solo venía de los insultos; algunas palabras habían tocado puntos dolorosos sin querer.
«¡Solo eres un mantenido y hablas con esa actitud!»
—Misaki no quería meterse donde no lo llamaban, pero ¿desde afuera realmente se veía así…?
El corazón herido sangraba, y la inseguridad de Misaki se hundió aún más en el abismo.
«Un niño haciendo berrinches, no metas a los adultos en tus caprichos, ¿sí?»
—Misaki creía que nunca le había hecho demasiadas exigencias caprichosas a Akihiko…
Siempre había sido muy cuidadoso para no molestarlo, para no actuar como niño mimado frente a él. Solo de pensar que quizás no se daba cuenta de sus propios defectos, Misaki sentía escalofríos.
«¿Me habré convertido en una carga para Akihiko-nii…?»
Al decirlo en voz alta, los ojos se le humedecieron de inmediato.
Lo que menos quería en el mundo era causarle problemas a Akihiko. En la vida diaria siempre había estado alerta por eso. Pero ¿y si en aspectos que él no notaba ya lo estaba molestando mucho…?
¿Cuándo tendría derecho a ser considerado un «adulto»?
¿Cuántos años más necesitaba para estar a la altura de Akihiko?
El deseo de Misaki de no solo ser protegido, sino también convertirse en el apoyo de Akihiko, no era algo que se lograra solo con esfuerzo.
«¡Basta! ¡No puedo seguir torturándome así!»
Misaki se animó a sí mismo para no hundirse en el abismo y se dio dos palmadas fuertes en las mejillas.
Akihiko le había dicho que quería que se quedara siempre a su lado. También le había dicho que no era una carga.
Aunque tenía esas promesas, dejarse influir por las palabras de un rival al que ni siquiera había visto y dudar del corazón de Akihiko sería lo mismo que no confiar en él.
Después de todo, ya llevaban un año entero saliendo; debía tener más confianza en sí mismo.
«…Aunque tenga toda la confianza del mundo, lo de mañana probablemente ya no se pueda hacer.»
Aunque pensaba que Kariya era extremadamente mezquino y ruin, al sacar el pretexto del trabajo —tan legítimo—, Misaki no tenía forma de contraatacar.
El parque temático era un lugar al que podían ir en cualquier momento, pero para Akihiko, que valoraba tanto el resultado de cada una de sus obras… si tenía que cancelar la reunión del 24 y Kariya se negaba a trabajar, seguramente se arrepentiría toda la vida.
Aunque Akihiko dijera «no importa», Misaki no quería causar ese tipo de consecuencias.
Lo que Akihiko valoraba también era lo que Misaki quería proteger. Para él, no había nada en el mundo tan importante como para destruir los tesoros de Akihiko a cambio… excepto la existencia misma de Akihiko.
«¡Renuncia! Sí, tengo que renunciar de una vez…»
Aunque la reunión no durara todo el día, quizás por la noche aún hubiera chance de ir un rato… esa pequeña llama de esperanza que aún quedaba en el corazón de Misaki fue apagada por completo por las palabras de Kariya.
«No hay forma…»
Misaki murmuró en voz baja, como convenciéndose a sí mismo. Luego sacó las entradas del parque temático que todavía llevaba en la mochila, las arrugó en la palma de la mano y las tiró al basurero.
Con eso estaba resuelto. Aunque lo pensara así, el corazón le dolía con punzadas.
—Soy de los que no aprenden hasta que se queman…
Al darse cuenta de que el deseo de ir todavía latía débilmente, Misaki cayó en la autodesprecio.
Para cambiar el ánimo deprimido, enderezó la espalda que se había encorvado sin darse cuenta y levantó la cabeza baja.
«¡Bien—! ¡Hora de preparar la cena!»
Mientras se animaba en voz alta, Misaki se dirigió a la cocina.
«¡OK, listo!»
Tras un esfuerzo concentrado sin distracciones, la cena que Misaki preparó con todo el corazón quedó muy bonita.
Aunque todavía faltaba un rato para la hora de comer, temía que Akihiko se levantara sin apetito, así que decidió ir a despertarlo.
Abrió la puerta del dormitorio que daba al living, encendió la luz y vio a Akihiko durmiendo profundamente en la cama king size.
Misaki se acercó sigilosamente, se arrodilló al lado de la cama y admiró el rostro sereno de Akihiko dormido.
Con los ojos cerrados, los rasgos perfectos de Akihiko parecían aún más delicados. Cada parte de su rostro profundo formaba proporciones ideales, como una obra de arte que nunca cansaba de mirar.
«Qué hermoso…»
Aunque no era la palabra típica para elogiar a un hombre, en el vocabulario de Misaki era la única que le quedaba perfecta a Akihiko.
Palabras como «guapo» o «atractivo» no alcanzaban ni de lejos para describir su apariencia. Misaki pensó que alguien tan culto como Akihiko seguro conocía términos más precisos, pero no podía preguntarle algo así directamente.
Mientras divagaba en sus pensamientos, Akihiko de pronto se dio la vuelta.
«…Mmm…»
«…¡!»
El movimiento repentino hizo que el corazón de Misaki se desbocara; casi gritó, pero se tapó la boca a tiempo.
Akihiko se acomodó en sueños buscando la posición más cómoda y terminó de lado, mirando hacia Misaki.
—Qué… qué susto…
¡Pensó que se había despertado!
Misaki se quedó paralizado por el miedo un buen rato, pero al observar con cuidado vio que la respiración de Akihiko seguía siendo tan regular como antes.
«…Mirarlo un poquito más no hará daño, ¿verdad?»
Como compensación por el plan de mañana que se había ido al traste, quería disfrutar un rato más de ese asiento VIP. Decidido, se acercó más, apoyó los codos en la cama y sostuvo las mejillas con las manos.
Mientras rezaba para que Akihiko no despertara pronto, contuvo la respiración y observó su rostro desde muy cerca; una sonrisa se dibujó sin querer en sus labios.
Oportunidades para mirar así de cerca el rostro dormido de Akihiko eran rarísimas.
Incluso las mañanas después de dormir juntos, siempre era Akihiko quien se despertaba primero y esperaba a que él abriera los ojos.
«¡Ah, las pestañas de Akihiko-nii son larguísimas!»
Aunque lo había besado incontables veces, recién ahora se daba cuenta de ese detalle.
Bajo los ojos aún quedaban leves ojeras por las noches sin dormir. Esta vez, para entregar a tiempo, el horario de Akihiko debía haber sido brutal.
La nariz recta, los labios finos y apretados. Mientras observaba sus rasgos, la curiosidad de Misaki iba en aumento.
«Solo tocarlo un poquito no lo va a despertar, ¿verdad?»
Como preguntándose a sí mismo en voz baja, Misaki extendió la punta del dedo con cuidado.
Al tocar ligeramente la punta de la nariz, los hombros de Akihiko se movieron un poco, pero no se despertó. Aliviado, Misaki deslizó el dedo hasta los labios.
Mirar su rostro dormido era la primera vez; tocarlo así también.
«Es divertido…»
Aprovechando que dormía profundamente, Misaki recorrió con los dedos cada parte de su rostro: los párpados marcados por el cansancio, las mejillas, la línea de la mandíbula.
Justo cuando se estaba divirtiendo y, pensando que Akihiko no se daría cuenta, acercó la cara aún más… los ojos de Akihiko se abrieron de golpe.
«¡Waa!»
«…………¿Misaki?»
Misaki se asustó tanto que el corazón casi se le salió por la boca y cayó sentado al suelo.
Akihiko parpadeó varias veces con ojos somnolientos y miró confundido a Misaki en el piso.
«¿Qué estás haciendo?»
«E-eh… vine a despertarte, Akihiko-nii. ¡Dejaste una nota! Yo… no estaba haciendo nada, ¡de verdad! Solo que no te despertabas y me pareció raro, así que…»
Misaki, con culpa, soltó una retahíla de explicaciones que Akihiko ni siquiera había pedido. Al darse cuenta de que eso solo lo haría más sospechoso, se arrepintió al instante, pero Akihiko, recién despierto, parecía no procesar nada.
Akihiko tenía la presión baja y le costaba mucho despertar; aunque abriera los ojos, el cerebro seguía en modo reposo y tardaba un rato en arrancar.
Misaki pensaba en secreto que ese Akihiko era muy lindo, pero jamás se lo diría a la cara. Se levantó como si nada, carraspeó para disimular la vergüenza.
Akihiko reaccionó con varios segundos de retraso a toda la escena:
«…Ah, sí.»
Dicho eso, se sentó en la cama con movimientos rígidos y empezó a estirarse lentamente.
Los ojos entreabiertos se fueron abriendo más; señal de que el cerebro ya empezaba a funcionar.
«¿Ya despertaste?»
«…Sí. ¿Qué hora es?»
Misaki volvió a su actitud normal y respondió:
«Ya casi las siete. En realidad volví un poco antes, pero pensé que era mejor preparar la cena primero y luego despertarte. Pareces muy cansado… ¿de verdad no quieres dormir más?»
Si se había acostado justo después de que Misaki saliera, ya había dormido más de diez horas. Pero si eso bastaba para recuperar el desgaste de toda la semana era otra historia.
«Ya dormí bastante, es hora de levantarse. Perdón por hacerte preocupar tanto.»
«¡Para nada! ¡No es molestia!»
Misaki negó con la cabeza como loco y soltó una risa amarga. Había retrasado el momento de despertarlo por pura curiosidad propia, así que oírle agradecer le daba vergüenza.
Si Akihiko supiera las travesuras que había hecho mientras dormía, ¿qué cara pondría?
«¿Quieres comer ahora o prefieres esperar un rato?»
«Misaki, ¿tú no tienes hambre?»
«Un poco, pero no al punto de morirme. Además, mientras probaba la comida ya me comí algo.»
«Entonces, ¿puedes prepararme un café primero?»
«¡Claro! ¡Espera un segundo!»
Misaki pensó en preparar el Blue Mountain bien cargado que tanto le gustaba a Akihiko y se dirigió a la cocina, pero Akihiko lo detuvo de repente.
«—Misaki.»
«¿Mm? ¿Qué pasa?»
Misaki se giró sin pensar y se encontró con una expresión dolorida en el rostro de Akihiko.
Por su cara, Misaki supo que iba a tocar el tema que había estado evitando todo el tiempo; el estómago se le encogió.
«Perdón… al final no pude cancelar la reunión de mañana.»
«—»
El hecho que ya sabía por la llamada de Kariya, confirmado ahora por la boca de Akihiko, le dolió aún más.
Sin saber qué expresión poner ni qué responder, Misaki se mordió el labio con fuerza.
«Pero puse la condición de que solo podía quedarme hasta las tres. Te prometo que terminaré todo antes de las tres. ¿Me esperas?»
«…Akihiko-nii…»
El gesto de Akihiko lo conmovió. Pero lo decía sin saber lo que Kariya había dicho por teléfono.
Aunque le dolía mucho, Misaki no podía hacer nada.
Si Akihiko dejaba el trabajo por él, sentiría más culpa que alegría. Pero tampoco le gustaba perder contra el trabajo.
Misaki sabía que ese carácter suyo era desventajoso, pero no era algo que cambiara fácilmente.
Antes que esperar y decepcionarse, prefería renunciar desde el principio.
«Me siento muy mal contigo… Aunque al final fue así, me esforcé mucho para convencerlo… Bah, seguir hablando es solo excusarme. Ah, si quedamos directamente afuera, ahorramos tiempo. Entonces a las tres y media en—»
«…No hace falta, no quedemos.»
Misaki entendía perfectamente el esfuerzo de Akihiko por negociar y ajustar su agenda; con eso ya era suficiente.
Con ese sentimiento en el pecho, habló en voz baja y firme.
«¿Misaki?»
Akihiko, interrumpido, lo miró sorprendido. Misaki forzó una sonrisa y enfrentó su mirada directa.
«De verdad no tienes que forzarte. Está bien.»
«No me estoy forzando. Yo también quiero pasar la Navidad contigo.»
Ante la negativa firme de Misaki, Akihiko no ocultó su frustración. Misaki sabía que sus percepciones se habían desfasado sutilmente, pero no sabía cómo arreglarlo.
«¡Lo sé! No estoy dudando de tus sentimientos, Akihiko-nii. Solo pienso que el trabajo es muy importante…»
«Por eso te dije que lo terminaría lo más rápido posible, ¿no?»
Akihiko puso cara de «¿por qué no entiendes?». Misaki contuvo el dolor y le contó lo que sabía:
«…Hace un rato llamó Kariya-san.»
«¿Kariya llamó?»
«Sí. Al oír tu respuesta se enojó mucho. Dijo que en lo de la reunión del 24 no iba a ceder ni un poco. Así que mañana vas a estar ocupado todo el día, ¿verdad?»
Aunque no había nada más molesto que transmitir las palabras de un rival, había sido Misaki quien le pidió que dejara mensaje.
Por más que odiara a Kariya, no podía romper su promesa. Misaki apretó los dientes para no mostrar tristeza y sonrió con esfuerzo.
«No tengo obligación de complacer sus caprichos. ¿Cuántas veces tengo que decírtelo?»
«Quizás él también tenga sus razones… ¿no?»
Misaki reprimió el temblor en la voz con pura fuerza de voluntad. Pedirle a Akihiko que dejara el trabajo y lo priorizara a él era fácil de decir.
Sabía que Akihiko lo haría con gusto.
Pero ¿en qué se diferenciaba eso de un niño de primaria? Él ya tenía diecinueve años; debía considerar la posición de Akihiko y poner lo importante primero.
«¿Qué te dijo ese tipo?»
«N-nada… Solo me pidió que te pasara el mensaje.»
Aunque había oído un montón de groserías, eso era problema entre Kariya y él. No quería que Akihiko se preocupara por eso.
A pesar de la presión silenciosa de la mirada desconfiada de Akihiko, Misaki no cedió.
«Además, ya quedé con gente para ir a una fiesta de Navidad, así que no te preocupes por mí.»
Si ponía cara triste aquí, no convencería a nadie. Misaki se esforzó por mantener la sonrisa.
Al oírlo, Akihiko de pronto se puso serio.
«¿Fiesta de Navidad?»
«Sí. Ya quedé con ellos, no puedo cancelar ahora.»
«…Ya veo. Si eso quieres hacer, no hay más que decir.»
Tras un silencio, Akihiko habló con voz apagada, casi como hablando solo.
«Akihiko-nii, vas a estar de vacaciones hasta fin de año, ¿verdad? Podemos salir otro día.»
Misaki intentó animar el ambiente con voz alegre. Pero Akihiko parecía pensar en otra cosa y preguntó de inmediato:
«…Entonces, ¿con quién vas?»
«¿Eh? ¿A la fiesta? ¡Con amigos!»
«¿Qué clase de gente es? ¿Se puede confiar en ese tipo?»
La expresión severa y las preguntas seguidas hicieron que Misaki se sintiera incómodo. Sabía que Akihiko preguntaba por preocupación, pero oír que evaluaba mal a sus amigos le molestaba un poco.
Akihiko siempre había sido de preocuparse de más, pero hoy parecía peor.
«¿Qué más? ¡Con la amiga que me consiguió este trabajo!»
«¿Quién más va a ir?»
«¡Yo qué sé! ¡Invitaron a un montón de gente!»
Además de los niños del jardín, al parecer también iban padres y abuelos del barrio.
La fiesta de mañana seguro sería muy animada.
«¿A qué hora vas a volver? ¿De madrugada?»
«Creo que llegaré antes que tú, pero no sé exactamente a qué hora.»
La fiesta en el jardín duraba dos o tres horas, según decían. Pero con la cena de fin de año después, era imposible saber cuándo terminaría.
Aunque Misaki no había confirmado si iba a la cena, considerando el ambiente, probablemente lo arrastrarían.