Traducción Japonés-Español: Ninoo-chan
"Maldición...".
Kento cortó la llamada y rastreó inmediatamente el GPS del smartphone de Sagisawa.
Solo una frase, pero algo no encajaba.
Al investigar, Sagisawa estaba en la comisaría, no en la residencia oficial.
Si era así, ¿por qué mintió diciendo "ya voy a descansar"?
—Algo anda mal.
Sagisawa usaba "yo" (ore) cuando hablaba con Kento en la residencia.
Pero dijo "watashi"(yo japonés mas formal)
Notó ligera tensión en la voz plana.
La entonación era más monótona y hablaba más rápido que de costumbre.
—Algo está pasando.
Kento se arrancó la vía intravenosa, se cambió y salió corriendo de la habitación nocturna.
—Ese sonido...
Al otro lado del teléfono oyó un "tak tak" como si golpearan algo.
Un sonido familiar.
Un ruido molesto que conocía bien.
Rebuscó en la memoria y se dio cuenta.
Pasos de mujer, tacones altos golpeando el suelo.
Los tacones de Maruyama.
"Ah, qué idiota soy".
Corrió a toda velocidad.
La respiración se aceleró, el corazón latía a una velocidad alarmante.
"Maldición...".
—Deja ya de ir a la sección de delitos.
Pensó que era celos de Sagisawa.
Pero no.
Sagisawa le había estado advirtiendo todo el tiempo.
¿Por qué no se dio cuenta?
Mientras corría, gimió.
Ahora lo recordaba.
Entre los garabatos de Sagisawa había una hoja sin sentido.
Una lista de letras y números.
Pensó que era parte de la fórmula química de Jupiter, pero probablemente no.
Registro de entradas y salidas del almacén.
Registraba con iniciales dónde estaba cada miembro en cada momento.
Quizá comparaba con algún otro registro.
Kento había sentido varias veces algo raro en los accesos al almacén.
Hubo apagones y fugas que borraron registros electrónicos.
Parte de los datos se había alterado.
Creía haberlo corregido todo, pero...
El disfraz modificado y los restos de notas giraban en su cabeza.
—Ah, ya.
Solo llega a tiempo.
Movía las piernas desesperadamente.
La respiración se entrecortaba, el corazón bailaba dentro de las costillas.
Quería detenerlo.
Quería salvarlo.
Con sus propias fuerzas, antes de que ocurriera algo—.
"¡Jefe!".
La voz salió sin querer.
Solo avanzaba.
—Llega a tiempo, por favor.
Desde la ventana del hospital, la comisaría temporal de Minatomirai no parecía acercarse.
Sintiendo sabor a sangre en la garganta, Kento corrió.
Al llegar a la comisaría, la sala grande del turno estaba vacía.
Extrañado, bajó al calabozo subterráneo: el encargado estaba allí, pero con la misma calma habitual.
Subió las escaleras a toda prisa.
Al salir al pasillo para revisar todos los pisos, oyó un ruido extraño desde el almacén.
Como si un estante cayera.
Pasó la tarjeta por el lector y abrió la cerradura electrónica.
Por un instante no entendió qué pasaba.
La visión se distorsionó, zumbido en los oídos.
Parecía un sueño.
"¿Eh? ¿Komai-kun, viniste?".
"Maruyama-san... ¿qué está haciendo?".
Kento dudó de sus ojos.
Pero todo era real.
El mobiliario de acero y las cajas de cartón ordinarias hacían más evidente la anormalidad.
"¡Jefe!".
Kento oyó cómo toda su sangre caía a los pies.
Maruyama, con la mitad inferior desnuda, atacaba al jefe con ojos inyectados en sangre.
Su sexo estaba grotescamente erecto.
Kento sintió un cambio en su propio cuerpo y cerró la puerta apresuradamente.
El jefe tenía las manos esposadas atrás, boca abajo con la cintura elevada.
El cuerpo subía y bajaba, la respiración muy agitada.
Se sentía el aroma de celo de omega.
"¿Forzó su celo...? ¿Al jefe?".
"Sí. Komai-kun, ¿por qué viniste? Te dejé descansar un poco".
"Qué cruel. Cómo puede... hacer algo así—".
"Eres un estorbo. ¿No piensas lo mismo, Komai-kun? Si eres alfa lo entiendes. Un omega que quiere ser alfa no debería existir. Encima investiga a escondidas a compañeros policías. ¿Quién se cree?".
"...Todo... era obra suya".
"Sí. ¿Hice algo malo? El tonto es él. Hizo cosas que no le corresponden. Le advertí, pero no escuchó y siguió con estupideces... Los omegas son solo herramientas para que los alfas los usen. Solo para parir. Solo para ser juguetes de amor. Eso es su valor. Solo eso. Porque es un omega raro. ¿Me equivoco? Si eres alfa, ¿no lo harías con el omega delante de ti? Tú también, ¿no? Este hombre siempre fue asi de puta".
"¡Maldita!".
Esta mujer era una bestia.
Fluía fluido de su sexo y boca, ante un omega en celo perdía todo control.
Ojos inyectados, conducta desquiciada.
Kento saltó sobre Maruyama, la tomó por detrás, le torció los brazos y le puso esposas del estante.
La insultó con furia.
Maruyama se resistió violentamente, pero Kento fue más rápido.
Aun sometida, su cuerpo se retorcía.
"Tendrá que pagar por sus crímenes".
"Es culpa de los omegas... De los omegas. Si no existieran omegas yo—".
Maruyama, tragada por el instinto y confundida por emociones, empezó a murmurar entre lágrimas y baba.
En ese estado no se podía interrogarla.
Kento le gritó al jefe y llevó a Maruyama al calabozo subterráneo.
Se la entregó al encargado.
"Komai-san, ¿qué es esto—?".
"No puedo explicarlo ahora. Maruyama usó Jupiter de la comisaría para poner al jefe en celo e intentar violarlo. Yo la detuve en el acto. Por ahora enciérrela hasta mañana por la mañana, el jefe aun está en celo asi que lo llevaré a la residencia para la inyección de emergencia y vigilaré hasta que se calme. Contacte al subdirector y al jefe de delitos. Los detalles mañana, cuando el jefe se recupere. Le administraron Jupiter intencionalmente. Su cuerpo me preocupa".
"Entendido. Como encargado del calabozo, me haré responsable de Maruyama".
"Gracias".
Kento regresó al almacén tras hablar con el encargado.
Sagisawa no dijo una palabra durante el traslado.
Parecía resistir el celo.
También parecía contenerse para no dejarse llevar por diversas emociones.
Kento contuvo la nariz con un pañuelo y logró llevarlo a la residencia.
Entraron tambaleantes por la puerta.
Al llegar a la habitación ambos jadeaban, las piernas se enredaban como borrachos.
Sagisawa sudaba y temblaba.
Kento lo levantó, lo acostó en la cama y preguntó si se inyectaría.
Sagisawa dijo que no podía.
"...La vez anterior el corazón... dolió. Un celo inducido... carga más el cuerpo que uno normal... Déjame así, por favor. No quiero inyectarme".
"Jefe...".
"Hasta que me calme, déjame solo. Por favor".
No sabía cuánta Jupiter le habían dado, pero por su estado no era poco.
Respiración rápida, temperatura anormalmente alta.
"¿Vamos al hospital?".
"¡No! No soy un espectáculo".
"Lo sé. Solo me preocupa su cuerpo".
Hay dos formas de calmar el celo de un omega: fármacos o sexo con alfa para convertirse en pareja.
Él podía hacerlo.
Podía salvar a Sagisawa.
Podía ayudarlo y amarlo.
Si Sagisawa aceptaba ser su pareja, asumiría responsabilidad por toda su vida.
"Quiero que sea mi pareja. No es broma, es en serio".
"Para... por favor, para...".
"¿Por qué?".
"No me hagas recordar más que soy omega".
Sagisawa se acurrucó como camaron en la cama.
Se abrazaba el pecho respirando rápido y superficial.
"No soy víctima. No pienso que ser omega sea desgracia o calamidad. Pero las personas somos débiles. Cuando nos cae una desgracia sin culpa propia, nos preguntamos por qué a mí. Buscamos respuesta. Pero esa pregunta no resuelve nada. Creo que acepté la responsabilidad de vivir en este mundo con géneros secundarios. Lo acepté a mi manera y sigo adelante. Pero cuando estoy contigo, ese sentimiento vacila".
"Jefe".
"Quiero aceptar mi destino de omega no como víctima, sino voluntaria y positivamente. Por eso no quiero depender del contrato instintivo de pareja. Quiero vivir como omega auténtico. El celo es parte de ser omega. También quiero aceptarlo. Que yo me excite así... es realmente... realmente... vergonzoso...".
Sagisawa gimió abrazándose el pecho.
"No es vergonzoso. No piense así".
"...".
"Usted ha sido pisoteado muchas veces. Pero nunca pisoteó a nadie. Lo sé. Esa fuerza suya la hace brillar. Siempre me deslumbró. Tiene el deseo de ayudar a la gente. Una convicción fuerte. Admiro eso desde el fondo de mi corazón. Siempre quise ser así".
"Ugh...".
"Usted es un verdadero policía".
"Ya... basta...".
"Es cierto que era mordaz. Tenía pureza y inteligencia que repelía a la gente. Pero en el fondo aceptaba a todos con bondad absoluta. Nunca oí de su boca palabras de arrepentimiento o odio real hacia alguien. Siempre se esforzó por ser serio, sincero y buen policía. ¿Qué más quiere ser? ¿Qué más quiere hacer? Ya ha hecho suficiente. Ha luchado tanto solo...".
Kento abrazó el cuerpo de Sagisawa.
Estaba ardiendo por todas partes, pero temblaba como si estuviera en una cama de hielo.
"¿Puedo quitar el pañuelo?".
"No...".
"¿Por qué?".
"No quiero que sigas un camino equivocado. Tú debes tener una vida correcta".
"Este es el camino correcto. Somos compañeros predestinados, ¿no? Nos encontramos como por milagro. ¿Qué puede ser más correcto?".
"Compañeros predestinados... eso no...".
"La felicidad está frente a usted, ¿por qué no la toma? ¿Por qué piensa desde el principio que no puede ser feliz? Piensa siempre en los demás y no valora su propia vida. Piensa tanto en el futuro que no vive el presente. No se da cuenta de que ya es feliz en este momento. ¿Me equivoco?".
"No sé...".
"Las convicciones deben llevar al final a la felicidad propia".
"Felicidad...".
"Sí. Todos tenemos derecho a ser felices. Para eso vivimos. Sacrificar la propia vida por la felicidad de otro está mal. Decida ser feliz y esfuércese como hasta ahora. Seguro lo será. Todo terminará en final feliz. Yo haré que su vida sea un final feliz. Apostaré mi vida entera para demostrárselo".
El corazón de Sagisawa saltó.
Kento habló despacio, como consolándolo.
"Se lo prometo. Nunca lo dejaré solo".
Sagisawa negó levemente con la cabeza.
"No creo... no puedo creer... que merezca ser feliz. No puedo. De verdad no puedo".
"¿Por qué piensa eso?".
"No soy fuerte ante la soledad. Y... no tengo confianza en hacerte feliz".
"Es fácil. La soledad desaparece si estoy contigo. Solo con verte sonreír ya soy feliz. Se lo dije muchas veces, ¿no? Sonría. Así que quédese siempre a mi lado y siga sonriendo".
Miró los ojos llorosos de Sagisawa.
En ese pequeño mar florecían girasoles dorados.
Mirada cristalina y directa.
Una expresión solo para él.
—Qué hermoso.
Como si lo llamaran por su nombre.
El joven Sagisawa lo llamaba desde el cielo de verano.
Mano sudorosa tiraba de la suya y corrían entre campos de girasoles.
El cielo azul cegador se acercaba, nubes de verano los perseguían.
Se oían cigarras, el viento agitaba los girasoles.
Cielo azul sin una nube.
Ese era el paisaje interior de este hombre.
—Qué puro.
Kento estuvo a punto de llorar.
En esos ojos había un amor profundo que las palabras no alcanzaban.
Nunca había recibido de nadie un amor así.
Un amor hermoso, sin mancha, y sin esperar nada a cambio.
Yo no conocía un amor solitario así—.
"Sea mi pareja".
"...".
"Lo diré otra vez. Sea mi pareja".
Sagisawa apartó la mirada.
Una lágrima cayó de su ojo.
—Este hombre todo este tiempo...
Había escondido su amor en la soledad.
El amor de Sagisawa, envuelto en contornos de aislamiento, brillaba duro como cristal en su interior.
Ahora se desbordaba.
Sin palabras, Kento supo claramente que Sagisawa lo amaba.
"Te amo".
"Para... por favor...".
"¿Puedo?".
"...Sí".
Fue un susurro apenas audible.
Al oír la aceptación, Kento quitó el pañuelo de su nariz.
Inmediatamente un aroma dulce y doloroso lo envolvió.
Solo una inhalación ligera y la cabeza le dio vueltas.
Latido... latido... latido... latido.
—Ah... qué aroma tan fuerte.
En un instante la razón se hundió, la piel se erizó.
Una tormenta de deseo raspaba corazón y cuerpo como lija.
Los nervios ocultos se exponían, ardían, todo el cuerpo se volvía hipersensible.
latido... latido... latido.
En el torbellino de pasión feroz sintieron los latidos del otro.
—Ah, ya soy bestia.
Soy una bestia.
Pero no lo abrazaría por instinto.
Esto era el comienzo de ambos.
Desde aquí empezarían juntos, pensó.
"No tenga miedo".
"Ugh...".
"Seré gentil".
Kento tomó los pantalones de Sagisawa y se los quitó despacio para no lastimarlo.
Bajó también la ropa interior, exponiendo la mitad inferior.
Esto era sexo ritual, por eso tenía significado.
"Cuando sea mi pareja, será solo mío. Solo se excitará por mí, solo será amado por mí. ¿Le asusta?".
"...Me asusta".
Sagisawa gimió bajito.
"No me asusta convertirme en pareja... Me asusta... que me abandones. No es miedo a ser omega abandonado... Sino... miedo a que me abandone el hombre que amo".
"Lo sé. Nunca lo dejaré solo. No lo abandonaré. No sabes cuánto soñé con encontrar a mi compañero predestinado en este mundo. Pero ahora no es por destino, es por usted como persona. Sin usted, destino, vida, futuro, felicidad... todo pierde sentido".
Mientras consolaba a Sagisawa, Kento se desnudó.
Mostró sin pudor su cuerpo robusto.
Casi metro noventa cubierto de músculo duro, con venas marcadas en algunos puntos.
Sombras hermosas que encarnaban el cuerpo de un macho, puro alfa.
Se inclinó despacio y lo abrazó.
Cuerpos desnudos se tocaron.
"Ah... tu... feromona...".
"¿Le duele?".
"Ah... a... la cabeza... se me va".
"Está bien. Muéstrese tal como es".
Kento también sentía lo mismo.
El aroma de celo los envolvía como niebla espesa.
Solo respirar le apretaba la garganta con dulzura amarga.
El centro de la cabeza se entumecía, no podía pensar.
La tráquea y pulmones ardían.
El instinto se activaba, todo el cuerpo parecía órgano sexual.
Aun así Kento pensó que debía mantener la calma.
Si se dejaba llevar por el heat del omega podría lastimar a Sagisawa.
Aunque razón e instinto batallaran en sufrimiento, quería seguir siendo un hombre amable.
"Tendremos sexo para convertirnos en pareja. ¿Está bien?".
"...Sí. Hazme... tu pareja".
Por fin oyó esas palabras.
La alegría le distorsionó la visión.
Algo cálido brotó del fondo del corazón.
Una dicha que quería lanzar el cuerpo al cielo.
—Esto está bien.
Está bien así.
Puso a Sagisawa a cuatro patas en posición receptiva.
Apoyó brazos en la sábana y la cara encima.
Elevó la cintura y abrió los muslos.
El sexo de Sagisawa estaba tan erecto que casi tocaba el abdomen.
De la punta goteaba líquido transparente.
¿Cuánto tiempo llevaba así?
La sábana empezó a mojarse en un círculo.
Abrió las nalgas con ambas manos exponiendo el ano.
Imaginaba algo grotesco en un omega, pero era un hermoso orificio rosado.
"...Cómo... puedes estar... tan calmado".
"No estoy calmado. Ya me ahogué completamente en usted".
"...Tu cuerpo... ¿está bien?".
"Soy resistente, ese es mi fuerte".
Los ojos de Sagisawa estaban rojos e inyectados.
Parte por llorar, parte por excitación extrema.
Respiración agitada, jadeos constantes incluso hablando.
Temblaba, sudor como niebla en todo el cuerpo.
Todo eso avivó el deseo de Kento.
Ya no quedaba razón.
Solo pensaba en derramar su semilla en ese pequeño trasero.
Quería verterlo todo dentro de este hombre—.
"...No quiero embarazarme. Usa anticonceptivo".
"¿Si eyaculo dentro quedará embarazado?".
"Ahora mismo... en este estado... te deseo. Es instinto".
"Sí. Yo también. Entendido. Usaré anticonceptivo".
Si un alfa eyacula en un omega en celo, casi al cien por cien hay embarazo.
La eyaculación alfa dura mucho.
Una vez empieza, el nudo en la base del pene se hincha, fija al omega y no sale hasta verter todo el semen.
"Lo haré dentro solo cuando no esté en celo, en sexo normal, ¿de acuerdo?".
"Ugh...".
Kento tomó su sexo y lo masturbó dos o tres veces.
El líquido preseminal salpicó la parte trasera de los muslos de Sagisawa.
"...Caliente. ¿Estás... sediento?".
"Si. ¿Se notó?".
La cintura de Sagisawa era fina y flexible, blanca.
Blanco denso como si contuviera luz.
Las nalgas firmes por músculo adecuado prometían un ano apretado.
—Hermoso.
El dulce aroma de celo y la escena obscena tiñeron de rojo su visión.
"Por su culpa se puso tan grande.¿Siente mi forma?".
"Aun no...".
Apoyó la punta hinchada sobre el orificio y la movió arriba y abajo despacio.
Sin presionar inserción, hizo que memorizara la forma del glande.
Transmitió la tensión del frenillo, el calor, la suavidad de la carne.
"No... haa... haa... duele...".
"Se contrae mucho. Aunque no mire lo siento. El movimiento llega hasta la parte trasera del tronco".
Se oía un sonido obsceno.
Lo deseaba desesperadamente.
"¿Lo siente? ¿A mí?".
"Haa... ha... kuh...".
Tras moverlo varias veces, líquido transparente brotó del ano de Sagisawa.
Con un sonido húmedo cubrió caliente el glande de Kento.
Lo extendió con los dedos por todo su pene.
"El mío se puso resbaloso. Aquí está muy lascivo...".
"No digas eso...".
"Se ve la mucosa rosada".
Metió el dedo índice con un sonido húmedo.
Dentro estaba resbaloso y cálido.
Lo apretó y sintió un placer mareante.
Quería meterse allí.
Quería entrar con fuerza.
Tras frotar un rato, Sagisawa empezó a llorar.
Movía la cintura murmurando algo.
Kento se inclinó sobre el cuerpo a cuatro patas, pasó los brazos y jugueteó con los pezones.
"No llore. Parece que hago algo malo".
"...Ya... mételo... me vuelvo loco".
"Aguante un poco más. No quiero lastimarlo".
"No seas... cruel... ah...".
Pellizcó y frotó los pezones de Sagisawa.
La areola húmeda y suave, pero el extremo duro y puntiagudo.
Disfrutó la sensación tirando y amasando suavemente.
"Adorable... Atrás se contrae al mismo ritmo. ¿Oye el sonido?".
"Para...".
Susurró dulce al oído, besó la nuca, mordió suavemente.
El lunar era provocador y el pene grueso se agrandó más.
"Qué fuerte... Huele increíble. De verdad... la cabeza me da vueltas".
"Haa... ya... ah...".
"¿Puedo meterlo? ¿Me acepta?".
"No me... hagas esperar... maldición...".
"Qué lindo...".
El cariño crecía.
Ver a Sagisawa esforzándose por no dejarse llevar por el instinto era adorable.
Decía no lo hagas esperar pero sentía placer.
Quería besarlo, pero temía que el beso lo arrastrara al heat.
Rozó apenas los labios de Sagisawa que se giró.
Entonces Sagisawa, llorando, se aferró con una mano a la cabeza de Kento.
Los dedos se enredaron fuerte en la raíz del pelo.
Incluso ese dolor era adorable.
Ese gesto que llegaba más profundo que la excitación del heat le hizo temblar el pecho.
—Ah, ya... yo estoy al límite... .
No aguantaba más.
Quería que lo tragara.
Hasta la raíz.
Kento se enderezó y puso a Sagisawa en posición de inserción.
Apoyó las manos en las nalgas abiertas y colocó el glande sobre el orificio.
Presionó ligeramente y los pliegues radiales se abrieron con un sonido húmedo.
Despacio hizo tragar el glande.
Al llegar al borde del frenillo sintió un placer entumecedor.
—Dentro... del jefe.
La mucosa rosada enrollada devoraba dolorosamente el tronco de Kento.
La escena obscena casi le cortó la respiración.
"Aaa... nuu... ah...".
"Ah... increíble...".
Entraba poco a poco en el interior húmedo de Sagisawa.
Caliente.
El cuerpo parecía derretirse.
La sensación resbalosa de la mucosa y los pliegues que apretaban le hicieron temblar la garganta.
La razón se rompió al instante.
"Por eso... no me hagas esperar...".
"No puede ser. No quiero... lastimar su cuerpo".
Avanzó despacio el tronco grueso y largo dentro de Sagisawa.
Sin forzar.
Despacio, con tiempo.
Sagisawa gemía dulce mientras lo tragaba y movía la cintura a los lados.
Ese gesto era adorable y Kento tuvo que contenerse para no embestir con fuerza.
"Hasta el nudo... queda poco... ¿Siente cómo entra?".
"Ya... duele... rápido...".
"Yo también... la cabeza se me va. Solo estar dentro ya se siente increíble".
La distancia entre ambos desaparecía poco a poco.
Al final empujó con fuerza y el vello púbico oscuro de Kento se pegó a las nalgas blancas de Sagisawa.
Que esos pocos centímetros se cerraran lo alegraba.
Eso era inmensamente feliz.
"Ah, por fin nos unimos".
"Ugh...".
"Te amo.
Ahora eres mío".
"No...".
Extrajo despacio y volvió a entrar hasta el fondo.
Usó la cintura para saborear el interior de Sagisawa.
Abrió el camino con su pene, lo hizo tragarlo, le dio forma.
Acarició desde la punta hasta la raíz con su propio cuerpo.
Dentro de Sagisawa estaba cálido.
La crudeza de tocar directamente órganos le dio sensación real de unión.
"¿Siente cómo me muevo?".
"Ah... sí... se siente bien...".
"Yo también está increíble".
"Ah... aan... bien".
Al principio el camino era duro, pero con las embestidas se fue adaptando a la forma de Sagisawa.
Siguiendo la voz de Sagisawa aceleró poco a poco.
Desde la entrada llena de nervios hasta la próstata y más allá.
Cada embestida profunda abría el cuerpo de Sagisawa, penetraba poco a poco partes desconocidas.
Al golpear el colon sigmoide Sagisawa gritó.
"¿Dolió?".
Sagisawa no respondió.
Se mordía la muñeca gimiendo bajito.
Lo sentía.
"¿Puedo seguir?".
El ano lo apretó fuerte.
Tomó eso por respuesta y empujó hasta el fondo con un sonido húmedo.
La mucosa blanda hacía ruido dentro.
Al sonido de amasar intestinos se mezclaba el chapoteo de miel.
—Ah... ya.
Se sentía bien.
La médula se derretía.
Se ahogaba en el dulce ritmo.
Sabía que Sagisawa estaba atrapado en el mismo placer.
¿Por qué solo esto se sentía tan bien?
¿Por qué sentía tanto?
Kento embistió siguiendo el instinto.
Sentía que cada nervio se disolvía en placer.
¿Porque Sagisawa era omega?
¿Porque eran compañeros predestinados?
Cierto que un omega en celo tenía un encanto abrumador que volvía loco.
Fuerte, imperioso, imposible resistir.
Pero más allá, Kento sentía plenitud en el corazón.
Estaba unido a Sagisawa.
El hombre que amó desde el primer encuentro, por quien suspiró y trató con ternura, ahora lo aceptaba.
Tragaba su pene furioso y movía la cintura.
Pensó que era adorable.
Que lo quería.
Que era feliz.
No era solo sexo.
Siempre quiso el corazón de Sagisawa.
Quería unirse por sentimientos, no por celo.
No como pareja, no como destino, sino como Sagisawa mismo.
Quería abrazarlo como amante.
Y ahora se cumplía.
Sentía que sus corazones se tocaban.
Algo que lo llenaba gota a gota.
Deseo y sentimiento se unían.
Más que placer, la plenitud de corazones conectados casi le hizo llorar.
Solo quería eyacular dentro, pero no pensaba así.
—No quiero llegar.
Quería quedarse así para siempre.
No terminar.
Sabía que Sagisawa sentía lo mismo.
Pero el instinto rompió el límite.
"Ah... ya me... voy. No... aguanto...".
Sagisawa suplicó angustiado.
Se apretaba la base del sexo con los dedos y temblaba.
Del corte de la punta empezaba a salir líquido coloreado.
"Ya... no puedo...".
"Está bien. No se contenga... llegue".
"Mi cuerpo... está raro...".
Kento se inclinó hacia adelante.
Apartó el pelo de la nuca y succionó fuerte.
Saboreó el leve sabor ácido del sudor.
Era delicioso como afrodisíaco.
"Nn... ya... voy...".
"Te amo. Siempre".
"Yo también".
"Jefe...".
"Ah... ya... voy——...".
"Usted y yo somos uno para siempre. No lo olvide".
Kento empujó con todo su peso y Sagisawa se arqueó sin voz.
De su sexo salió chorro blanco.
Salpicó la sábana blanca, el aroma rompió la razón.
Jadeos, sudor volando.
Con esa fuerza Kento mordió la nuca de Sagisawa.
Clavó fuerte los dientes.
Sintió la sangre caliente bajo la piel fina.
"——Duele".
Sagisawa gritó.
Era lógico que doliera.
Porque ahora era su pareja.
Como bestia, mostrando instinto puro, clavó los dientes en la delgada nuca.
Impacto y dolor.
Adormecimiento como rayo y silencio.
Sagisawa gritó llorando y cayó desmayado.
Sintió la sangre caliente retroceder por las venas.
Al mismo tiempo los latidos se sincronizaron con los de Sagisawa.
Resonaban.
Realmente, realmente se unían.
Sintió que todas las células vibraban igual.
—Ah, ahora somos pareja.
Kento extrajo el pene de las nalgas de Sagisawa y eyaculó sobre la espalda arqueada.
El semen blanco trazó un camino en la espalda elevada.
Fluyó, se extendió, el líquido pesado se repartió como arteria principal.
Placer y calma.
Fin del ritual.
Todo el acto le pareció divino y sagrado.
Miró cómo su fluido se extendía y decidió.
Viviría con Sagisawa pase lo que pase.
Abrazó el cuerpo de Sagisawa.
Cubiertos de sudor y fluidos, aun así era feliz.