
Traducción Inglés-Español: Ninoo-chan
Traducción Japonés-Inglés: Watashi wa Sugoi Desu
Capítulo 11: Fui al orfanato
Al día siguiente, cuando despertó, estaba, como era de esperarse, en los brazos de Aresh.
Ya se había acostumbrado tanto a despertar en los brazos del mismo hombre que lo había... poseído el día anterior, que incluso sentía cierta seguridad.
No, no, no.
Con la mente divagando, Seiichirou sacudió la cabeza.
¿Cómo podría acostumbrarme a esto?
Aresh era un prodigio natural, estrella y capitán de la Orden de los Caballeros a una edad temprana. Además, tenía gran talento para aprender y buena intuición.
A diferencia de Seiichirou, que solía dejarse llevar por las circunstancias, Aresh despreciaba lo inútil. Parecía que este hombre apuntaba directamente a la "capacidad de adaptación de alto nivel" que Seiichirou había desarrollado al buscar siempre la forma más eficiente de enfrentar las situaciones.
Era un oponente problemático.
Sin embargo, como era de esperarse, sus acciones superaban lo que podía aceptarse en nombre de la "alta eficiencia". Incluso él tenía cierto sentido de la moral.
> —...¿Mhn, ya despertaste...? —
Mientras contaba números primos para calmarse, una voz sensual, aún más baja y lánguida que antes, le llegó desde encima de la cabeza.
> —Ah... buenos días —
Saludó por reflejo, y Aresh, que apenas había entreabierto los ojos, le dio un beso en lugar de responder.
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Había sido demasiado imprudente en la mañana, y se vio obligado a actuar completamente como si vivieran una escena romántica de pareja enamorada.
En el carruaje de camino a la iglesia, Seiichirou reprimió las ganas de tomarse la cabeza con las manos y suspiró. Tenía que concentrarse.
La próxima expedición de purificación era en seis días. Y no había certeza de que esa sería la última.
Para ello, Seiichirou había preparado un plan preliminar de ingresos y gastos para la expedición, y ya había presentado una propuesta de presupuesto para construir una sede para los supervisores de la barrera una vez que terminara la purificación.
El problema era el personal necesario para instalar la barrera, y también la selección de los supervisores.
La Tercera Orden de Caballeros también lo acompañaría en la expedición, y como esta tenía un enfoque diferente al habitual, no era ideal depender más de ellos.
No, si fuera posible, le gustaría que ayudaran durante la instalación de la barrera, y probablemente Aresh no se negaría si era Seiichirou quien se lo pedía. Sin embargo, eso solo empeoraría el desequilibrio de poder en el palacio real.
Esa era una de las razones por las que Seiichirou había sido transferido temporalmente a la iglesia. Era una indirecta de Kamil para que dejara de depender tanto de la Tercera Orden.
Dicho eso, ambas tareas eran estructurales, y aunque se había aumentado el presupuesto para contratar más personal, aún no era suficiente.
No se necesitaba ser noble para servir en la corte.
En especial, el Departamento de Magia era un lugar lleno de genios, muchos de ellos sin sangre noble. El subdirector East, por ejemplo, era el tercer hijo de un comerciante.
Aun así, era necesario aprender lo básico para usar magia. Además, para trabajar en el palacio real se requería cierta etiqueta.
Por lo tanto, incluso los plebeyos debían despertar su talento mágico desde temprana edad, e ingresar a una escuela mágica, algo que solo los que tenían dinero podían pagar.
Así se reducía drásticamente el número de candidatos. Las personas con poder mágico estaban en alta demanda, sin importar su profesión.
Aunque trabajar en el palacio real era un honor, la verdad era que un mago al servicio de una familia noble ganaba mejor.
Además, el presupuesto del Departamento de Magia era pobre, ya que todo se lo llevaban las Órdenes de Caballeros, y no se avanzaba mucho en investigación, así que no era atractivo para muchos.
Aun así, Seiichirou quería asegurar al menos seis supervisores de barrera en turnos.
No podía sacarlos a todos del Departamento de Magia, por lo que debía buscar nuevos talentos.
Mientras estaba inmerso en sus pensamientos, el carruaje aparentemente había llegado a su destino.
Lo llamaron, y bajó del vehículo.
Al mirar nuevamente el edificio de piedra blanca —diferente a las casas de ladrillo que lo rodeaban—, Seiichirou reflexionó:
Bajo el cuidado de la iglesia, ¿eh...?
> —Tch, ese entrometido vino otra vez hoy.
Seiichirou, ya acostumbrado al hombre que chasqueaba la lengua al verlo, le devolvió el saludo.
> —Buenos días, señor Serio. Parece que también está ocupado hoy.
Parpadeando con sus pestañas verde chartreuse, Serio lo miró con hostilidad, como siempre, y alzó la voz:
> —¡Es tu culpa!
¡Estoy ocupado, y no puedo hacer mi trabajo por tu culpa!
Las labores en esta iglesia, incluyendo a aprendices como Serio, eran muy variadas.
Desde limpiar el enorme edificio, atender a los ciudadanos que venían a rezar, cuidar de los huérfanos, estudiar, hasta preparar eventos de la iglesia.
A Seiichirou no le importaría que lo dejaran tranquilo, pero como había estado revisando materiales sin permiso, Serio decidió vigilarlo todo el día.
Como Serio se quedó en la misma habitación, observándolo, Seiichirou decidió comenzar a resumir los documentos transcritos.
Pero ni siquiera alcanzó a empezar.
> —¡Oye, Serio! ¿Qué haces aquí? ¿Y la ayuda en el orfanato?
Un hombre de unos veinte años entró de golpe y habló con arrogancia a Serio, que intentaba vigilar a Seiichirou mientras hacía su trabajo.
> —Ah... es que hoy tengo que vigilar a esta persona, así que pedí que alguien me reemplazara...
Serio dudaba, pero el hombre miró a Seiichirou y soltó una risa desdeñosa.
> —Da igual dejar a un tipo como él solo. No puede hacer nada. Es solo otro extranjero no deseado.
Lo importante es que tú debes ayudar en el orfanato. No te desentiendas.
Seiichirou observó en silencio. ¿Este sería el monje aristocrático del que se rumoraba?
Incluso Serio, que solía ser fastidioso con él, no podía replicarle. Miró a Seiichirou varias veces, dudoso, antes de salir.
El hombre, antes de irse también, escupió:
> —No eres más que un burócrata de otro mundo. No puedes hacer lo que te dé la gana.
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> —Así que estás aquí —
—Sí —
Seiichirou respondió con sinceridad mientras Siegwold se masajeaba las sienes.
Se había ido a la biblioteca de la iglesia para no quedarse cruzado de brazos, pero Siegwold lo había encontrado.
> —Ay... qué gente tan problemática.
Llamaré a Serio, así que por favor regresa a tu habitación.
Seiichirou, que no se consideraba parte de los “problemáticos”, respondió:
> —Ah, en ese caso, ¿puedo ir con usted al orfanato?
> —...¿Por qué?
No esperaba que le preguntaran eso.
> —El orfanato también está bajo la iglesia, por lo tanto, también debe ser inspeccionado.
Hasta ahora solo lo he visto de lejos, así que esta es la oportunidad perfecta.
Su tarea era revisar los ingresos y gastos de la iglesia. Necesitaba entender todos los costos.
> —Además, si voy, el Sr. Serio puede ayudar en el orfanato y cumplir también su rol como mi guía.
¿No le parece más eficiente?
> —Más eficiente... bueno... tienes razón.
A pesar de su expresión amarga, le dieron permiso, así que fueron de inmediato.
Desde lejos, Seiichirou ya había notado que había niños desde bebés hasta jóvenes de la edad de Serio.
> —Según los datos, ¿el número actual de huérfanos es 28?
> —¿De dónde sacaste esos datos...? ¿Del archivo el primer día?
> —Uhh, sí. Entonces, ¿hay alguna medida cuando dejan el orfanato?
> —¿Es por ser funcionario que no tienes miedo? ¿O es solo tu personalidad?
> —Me lo dicen seguido, así que supongo que es mi personalidad. ¿Dejan el orfanato al llegar a la adultez?
Seiichirou repitió la pregunta. Siegwold bajó la voz con expresión incómoda:
> —Eso es correcto. Están al cuidado de la iglesia hasta los 12.
Luego, reciben el bautismo y se convierten en aprendices de monje o buscan trabajo en la ciudad.
Quienes se veían mayores de 12 eran los aprendices.
> —Ya veo. ¿En qué trabajan?
> —Señor Apóstol, con todo respeto, compórtese como un verdadero apóstol de nuestro dios Abran...
> —No soy un apóstol. Entonces, ¿en qué trabajan los huérfanos?
Seiichirou lo ignoró completamente, como siempre hacía con el título de “apóstol” que Siegwold le daba por conveniencia.
> —La mayoría se convierte en aprendices de artesanos. Si aprenden un oficio, pueden ganarse la vida.
> —¿Artesanos?
Igual que Sigma, con quien había hablado en la ciudad. ¿Sería esa la opinión común?
Pero, ¿artesanos?
> —Escuché que muchos huérfanos tienen poder mágico. ¿No hay profesiones que lo aprovechen?
Por un instante, los ojos púrpura de Siegwold se oscurecieron.
> —¡¿?!
A pesar de la [barrera], el cuerpo de Seiichirou se tensó ante la oleada de maná que sintió.
> —No sé quién te dijo eso...
El rostro de Siegwold perdió todo color, excepto por sus ojos, que brillaban con intensidad.
> —Muchos de esos niños no pueden vivir con sus padres porque no controlan sus poderes mágicos.
Aquí les enseñamos a controlarlos y a vivir normalmente.
Estaban bajo el cuidado de la iglesia para evitar que su magia se descontrolara.
Aresh también lo había dicho la noche anterior.
Sin duda sería peligroso que un niño con magia inestable viviera con su familia.
Pero “no poder quedarse con sus padres”... sonaba como si algo concreto hubiera pasado. Como si hablase desde la experiencia.
> —¿Ya veo? En ese caso, ¿podría contarme sobre las actividades de la iglesia?
Viendo que no le convenía presionar más, Seiichirou cambió de tema.
> —Pregúntale a Serio. ...Ah, ya nos vio.
Siegwold también se relajó y el maná desapareció. Seiichirou pudo respirar de nuevo.
Una cabecita verde chartreuse corrió hacia ellos.
> —¡¿Tú?! ¿¡Qué haces aquí!?
Seiichirou respondió calmado ante los gritos de Serio:
> —Sr. Serio, como dijo que tenía que trabajar en el orfanato pero también debía guiarme, pensé en venir aquí para que hiciera ambas cosas a la vez.
> —E-e-eso es...
> —Fredrick debía estar de turno hoy. Ay... si vuelve a decir lo mismo, por favor avísame.
> —Sí...
Seiichirou miró a Serio, que respondió apenas a la regañina de Siegwold, y pensó: “Es imposible.”
Esto solo empeoraría si lo acusaba. Fredrick, siendo noble, parecía muy orgulloso, y por cómo actuaba Serio, esto parecía algo común.
Siegwold también era noble, pero parecía de otro tipo.
Antes de irse, Siegwold le recordó a Seiichirou que actuara con discreción, no hiciera nada sin permiso y recordara que era un apóstol. Luego, regresó a la iglesia.
Y apenas desapareció, Serio lo fulminó con la mirada:
> —¡¿Por qué viniste al orfanato!?
¡No es un lugar para alguien como tú!
> —¿Por qué dices eso...? ¿No te lo expliqué recién?
(Para ayudar a Serio con ambos trabajos... y de paso inspeccionar el orfanato.)
> —Lo escuché, ¡pero es una mentira obvia!
Seiichirou parpadeó.
> —No es una
mentira...
> —¡Sí lo es! ¡Un burócrata como tú jamás vendría aquí!
¡Incluso la Santa, que también es de otro mundo...!
> —¡Ah, si no es Kondou-san~! —
La alegre voz de la Santa interrumpió los gritos desesperados de Serio.