Encuentro VIII


Traducción Chino-Español: Ninoo-chan


Misaki, para ocultar las lágrimas que brotaban al mismo tiempo que sus palabras, levantó ambos brazos para cubrirse el rostro.

«¿De qué estás hablando?» preguntó con voz temblorosa.

«No tienes que hacerte el tonto, Akihiko-nii. Lo que sientes por nii-san… yo ya lo descubrí.»

«¿Eh?» respondió Akihiko, sorprendido.

¿A estas alturas todavía quería seguir escondiéndolo?

Ante la evasión de Akihiko, una chispa de indignación comenzó a arder en el pecho de Misaki.

«Akihiko-nii, tú… como no tienes ninguna esperanza con nii-san, ¿por eso me usaste como su reemplazo, verdad?»

«Oye, espera un segundo. ¿Quién dijo que yo estoy enamorado de Hirotaka?» replicó Akihiko, alzando la voz.

Con un movimiento firme, apartó los brazos con los que Misaki cubría su rostro. Los ojos del menor, velados por una fina capa de lágrimas, se encontraron con la expresión de Akihiko, una mezcla inusual de frustración y enojo.

«No hace falta que nadie lo diga, ¡se ve en tu cara!» insistió Misaki, con la voz quebrada «Cada vez que hablas de nii-san, pones esa cara… como si estuvieras en las nubes, completamente feliz…»

«¿¡Qué!?»

«Y te rompieron el corazón porque nii-san va a casarse, ¿no es así?»

Misaki no era tan ingenuo como para no darse cuenta. Podía distinguir si Akihiko estaba realmente herido o si solo estaba fingiendo para empatizar con su propio dolor. Sin embargo, la reacción de Akihiko no parecía una mentira ni una actuación. La noticia del matrimonio de Hirotaka realmente lo había golpeado fuerte, y por eso había intentado acercarse a Misaki, buscando consuelo juntos.

Convencido de su teoría, Misaki lo miró con ojos afilados, desafiándolo.

Al ver esto, Akihiko dejó escapar un suspiro profundo, y con un tono que mezclaba exasperación y un toque de diversión, dijo:

«¡Idiota! ¡El que me rompió el corazón eres tú!»

«¿Ves? ¡Sabía que no estaba equivocado…!» Misaki se detuvo en seco «Espera, ¿qué dijiste?»

«Dije eso porque supe que tú tienes a alguien que te gusta…» Akihiko hizo una pausa, mirándolo fijamente.

»¡La persona que me gusta eres tú, Misaki!»

Misaki sintió que sus oídos le jugaban una mala pasada. Si Akihiko no se había equivocado al hablar, entonces él debía haber escuchado mal.

«Mientes… » murmuró, apenas audible, con el corazón latiendo desbocado.

La confesión inesperada hizo que los ojos de Misaki se abrieran de par en par.

¿Akihiko, enamorado de él?

No podía ser… Alguien como Akihiko, con tantas cualidades, ¿cómo iba a fijarse en alguien como él?

«¿Por qué iba a mentirte?» continuó Akihiko, con una sinceridad que cortaba el aire «Desde que te conocí, siempre me has gustado. Eres tan puro, tan dulce, siempre pegado a mí… ¡Eres adorable! Pero eres diez años menor que yo, y además, eres el hermano menor de mi mejor amigo. ¿Cómo podría siquiera pensar en tocarte?»

Según Akihiko, había intentado reprimir sus sentimientos evitando visitar tanto la casa de Hirotaka para mantener la distancia entre ellos. Cuando habló de su deseo de alejarse para no salir herido, sus ojos reflejaban una honestidad que no dejaba lugar a dudas.

Luego, Akihiko se incorporó lentamente, ayudando a Misaki a sentarse frente a él. En una postura íntima, con sus rostros cercanos, continuó hablando con calma:

«Cuando te vi llorando por tu desamor, sentí una rabia inmensa hacia la persona que te hizo sufrir. Quise… no sé, ¡hasta matarlo por hacerte daño! Pero al mismo tiempo, una parte de mí pensó que esa era mi oportunidad.»

«¿Oportunidad?»

«Exacto. Si la persona que te gustaba fuera una chica, podría haberte consolado, llevarte a pasear, distraerte… Ese era mi plan. Pero entonces dijiste que te gustaba un hombre. Y si no te importa enamorarte de un hombre, entonces… ¿por qué no podría tener una oportunidad contigo?»

Misaki dejó escapar un suave «Ohh...» mientras procesaba las palabras. Nunca se le había cruzado por la mente que, mientras él hablaba de sus sentimientos, Akihiko estuviera pensando en algo así. Ese gesto de confusión en su rostro cuando mencionó que le gustaba un hombre… ahora todo tenía sentido.

«Pensé que no podía dejar pasar la oportunidad» continuó Akihiko «Quise aprovechar tu tristeza para acercarme, para que empezaras a verme de otra manera. Pero jamás imaginé que tú malinterpretarías todo de esa forma»

Misaki sintió cómo su corazón latía con una mezcla de incredulidad y un calor que subía por su pecho. Las palabras de Akihiko resonaban con una pasión contenida, y cada gemido suave, cada «eh» que escapaba de sus labios al intentar explicarse, llevaba consigo una intensidad que hacía que el aire entre ellos vibrara.

«¿Entonces… puedo seguir queriendo a Akihiko-nii?»

Misaki, aún aturdido, murmuró con voz temblorosa.

«¿Qué estás diciendo?» respondió Akihiko, confundido.

«Yo… siempre pensé que a quien querías era a nii-san, y que alguien como yo, un mocoso diez años menor que tú, no tenía ninguna posibilidad contigo…»

«¿Crees que tengo tiempo para andar con alguien que no me interesa? —replicó Akihiko con un tono entre divertido y exasperado—. Por cierto, ¿por qué rayos pensaste que me gustaba Hirotaka?»

«Porque… la forma en que nii-san habla siempre da pie a malentendidos…»

Misaki recordó las palabras de Hirotaka sobre el supuesto amor no correspondido de Akihiko:

«Pensé que tal vez era un editor o algún otro escritor, pero cuando le insistí, dijo que era alguien cercano, alguien que yo también conozco. Por más que lo pensé, no pude adivinar quién era.»

Akihiko estaba enamorado de alguien muy cercano, pero lo había mantenido en absoluto secreto frente a Hirotaka. Cuando Misaki explicó que solo podía pensar en una persona que cumpliera con esas condiciones, Akihiko dejó escapar un suspiro profundo.

«¡Eres un pequeño tonto! —dijo con una mezcla de cariño y frustración—. ¿No te das cuenta de que tú también encajas perfectamente con esa descripción?»

«¡Nadie en su sano juicio pensaría que es él mismo al escuchar algo así!» protestó Misaki, sonrojado.

«Bueno… tienes razón —admitió Akihiko con una sonrisa amarga—. Yo también me puse celoso sin investigar bien, así que no soy quién para juzgarte.»

Akihiko rodeó a Misaki con un abrazo firme, transmitiendo con su fuerza una promesa silenciosa de no dejarlo escapar. El corazón de Misaki comenzó a latir descontroladamente, como si quisiera salirse de su pecho.

«¡A-Akihiko-nii…!» exclamó Misaki, con un gemido suave que vibraba con nerviosismo.

Intentó apartarse, temiendo que Akihiko escuchara los latidos acelerados de su corazón. Pero entonces sintió algo: el pecho de Akihiko también palpitaba con una intensidad inusual.

Vaya… —pensó Misaki, con una chispa de alivio—. Así que él está igual de nervioso que yo…

Saber que Akihiko, con toda su apariencia de seguridad, también tenía un corazón que latía desbocado, hizo que la tensión de Misaki se disipara un poco.

«Dímelo otra vez» pidió Akihiko, con la voz ligeramente ronca.

«¿Qué?»

«¿Qué sientes por mí?»

Esa pregunta, cargada de una dulzura que envolvía como miel, hizo que el corazón de Misaki diera un vuelco.

Impulsado por esa calidez, Misaki, con labios temblorosos, dejó escapar las palabras:

«…Te quiero.»

«Bien dicho» respondió Akihiko, esbozando una sonrisa que destilaba satisfacción.

El abrazo se intensificó, envolviendo a Misaki en una calidez que disipaba cualquier rastro de duda o inseguridad. En ese instante, una oleada de ternura llenó su pecho, como si su corazón estuviera a punto de desbordarse.

«¡—Entonces, empecemos!»

«¿Eh?»

Sin previo aviso, Akihiko cambió de actitud, mostrando una determinación ardiente. Con un movimiento rápido, empujó a Misaki hacia abajo y, sin titubear, desató el cinturón de su bata.

«¡Akihiko-nii…!» exclamó Misaki, con un jadeo entrecortado que destilaba sorpresa y un dejo de excitación.

«¿Hm?» respondió Akihiko, con una mirada traviesa.

«¿V-Vas a… seguir adelante?» balbuceó Misaki, con la voz temblando de nervios y anticipación.

No podía creerlo. Apenas habían confesado sus sentimientos, y ahora Akihiko ya estaba listo para dar el siguiente paso. Misaki, que momentos antes se había relajado por completo, sintió cómo su cuerpo se tensaba de nuevo, incapaz de procesar la velocidad de los acontecimientos. Su respiración se entrecortó, dejando escapar un suave «¡Mmm…!» que vibraba con una mezcla de timidez y deseo.

«¡Por supuesto! ¿O qué, piensas dejarme en este estado, solo mirando sin poder tocar?» dijo Akihiko con un tono juguetón y provocador.

«No, no es eso… es solo que…» balbuceó Misaki, con las mejillas ardiendo.

No es que le disgustara la idea… pero, al menos, ¿no podrían apagar la luz?

Aunque ya había tenido una experiencia antes, decir algo así ahora parecía demasiado reservado. Sin embargo, estar completamente expuesto bajo la luz brillante le hacía sentir una vergüenza que lo consumía. ¿Acaso era el único que se sentía así?

Justo cuando Akihiko comenzaba a abrir el frente de la bata de Misaki, este lo detuvo con un grito nervioso:

«¡Espera, espera un momento…!» exclamó, con un jadeo entrecortado.

«¿Qué pasa?» preguntó Akihiko, deteniéndose con una ceja arqueada.

«Es que… solo yo estoy quitándome la ropa, y eso se siente… raro» murmuró Misaki, bajando la mirada.

Era algo que hacían juntos, pero Akihiko solo se había desabrochado un par de botones de la camisa, todavía cubierto casi por completo. La vez anterior había sido igual; aunque los recuerdos de Misaki estaban borrosos por el torbellino de emociones, no recordaba en absoluto cuándo o cómo Akihiko se había desvestido. ¿Y si Akihiko no se sentía cómodo mostrando su cuerpo? Si ese era el caso, que solo él estuviera desnudo sería demasiado injusto, ¿no?

Con una chispa de rebeldía y la esperanza de equilibrar las cosas, Misaki giró la cabeza, pero se encontró con la mirada traviesa de Akihiko.

«¿Qué? ¿Quieres ver mi cuerpo desnudo?» bromeó Akihiko, con una sonrisa pícara.

«¡N-no es eso! —se apresuró a negar Misaki, agitando las manos—. ¡Solo digo que no es justo que solo yo esté desnudo!»

En medio de su torpe defensa, Akihiko, sin dudarlo, comenzó a quitarse la ropa, capturando por completo la atención de Misaki. Bajo la delgada camisa apareció un torso esculpido, con músculos firmes y sin un gramo de más. Al ver ese cuerpo perfectamente definido, el corazón de Misaki dio un vuelco, latiendo con una intensidad que lo hizo tragar saliva sin darse cuenta.

Akihiko, notando su reacción, esbozó una sonrisa confiada, arrojó la camisa y el cinturón a un lado y se acercó de nuevo, inclinándose sobre Misaki.

«¿Así está mejor?» preguntó con un tono profundo que destilaba seguridad.

«Mmm… s-sí…» murmuró Misaki, incapaz de encontrar una réplica.

Con esa actitud tan desenvuelta de Akihiko, Misaki se quedó sin argumentos para pedir que apagaran la luz o para insistir en que le daba vergüenza. No había excusa que pudiera sostenerse frente a esa confianza arrolladora.

Mientras Misaki buscaba desesperadamente una razón para detenerlo, Akihiko ya había abierto del todo el frente de su bata. Sus labios descendieron hasta el cuello de Misaki, rozándolo con una suavidad que encendió su piel.

«¡Ahh…!» gimió Misaki, un suspiro tembloroso que escapó sin querer, mientras el contacto cálido de esos labios enviaba escalofríos por su cuerpo.

Akihiko besó su piel con delicadeza, como si saboreara cada rincón. Luego, su lengua trazó un camino lento por el cuello hasta detenerse sobre la clavícula, donde succionó con fuerza, dejando una marca que provocó un leve pinchazo de dolor.

«¡Mmm…!» Misaki dejó escapar un gemido más agudo, su cuerpo estremeciéndose bajo la intensidad de las sensaciones.

A medida que Akihiko alternaba entre besos suaves y succiones más intensas, el cuerpo de Misaki comenzó a arder, cada roce avivando un calor que lo desbordaba. Aunque se sentía extraño por reaccionar tan intensamente, no podía evitar que pequeños jadeos escaparan de sus labios. Mordió los dientes, intentando contenerse.

«No te reprimas —susurró Akihiko, con una voz que vibraba de deseo—. ¿Por qué no te dejas llevar?»

«Es que… es vergonzoso…» murmuró Misaki, con la voz entrecortada por la timidez.

«No lo es en absoluto —insistió Akihiko, acercándose más—. Quiero escucharte más.»

«P-pero… ¡ahh… mmm!»

Un estremecimiento recorrió a Misaki cuando Akihiko presionó con firmeza ambos lados de su pecho, rozando puntos sensibles que lo hicieron arquearse involuntariamente. Un grito agudo, cargado de sorpresa y placer, escapó de su garganta, resonando en la habitación.

«¿Ves? —dijo Akihiko, con una sonrisa satisfecha—. Puedes soltar esos sonidos tan adorables.»

Las palabras directas de Akihiko hicieron que el rostro de Misaki se encendiera al instante, como si su piel ardiera bajo un fuego invisible. Incapaz de canalizar la vergüenza, sus ojos vagaron inquietos, pero justo entonces, los dedos de Akihiko se cerraron con firmeza sobre uno de sus sensibles picos.

«¡No, ahh…! ¡Aahh…!» gimió Misaki, su voz temblando con una mezcla de sorpresa y placer.

La presión inicial fue tan intensa que Misaki frunció el ceño, pero luego los dedos de Akihiko comenzaron a trazar círculos suaves, casi como el roce de una libélula. Bajo esa alternancia de toques fuertes y delicados, las lágrimas de Misaki estuvieron a punto de desbordarse. De pronto, algo cálido y húmedo rozó la punta de su pecho, enviando una descarga por todo su cuerpo.

«¡¿Ahh…?!» exclamó, abriendo los ojos de par en par, solo para encontrarse con la imagen de Akihiko lamiendo con dedicación el sensible botón, ahora enrojecido y brillante por la humedad.

Misaki contuvo el aliento, su cuerpo temblando violentamente cuando Akihiko succionó con más fuerza, haciendo que su cintura se arqueara sin control. La combinación de esa visión embriagadora y la sensación resbaladiza de su lengua lo llevó al borde del colapso. Un calor abrasador comenzó a acumularse en su bajo vientre, y el pánico lo invadió al darse cuenta de lo que estaba ocurriendo.

«¡Ahh…! ¡Aah…! ¡Mmm…!» jadeó, su voz entrecortada por la intensidad.

«¿Se siente bien?» preguntó Akihiko, con una voz profunda que vibraba con picardía.

«N-no… ¡no sé…!» balbuceó Misaki, incapaz de responder directamente a una pregunta tan directa.

Intentó esquivar la situación, pero Akihiko, sin previo aviso, mordió suavemente el sensible pico, arrancándole un gemido agudo.

«Me estás mintiendo, ¿verdad? —susurró Akihiko, con un tono burlón—. Mira cómo te he puesto aquí.»

«¡…!» Misaki apretó el rostro, abrumado por el placer y el dolor que se mezclaban en su cuerpo.

Mientras aún lidiaba con esa sensación, Akihiko deslizó una mano por sus muslos, acariciando desde abajo hacia arriba hasta rozar la tela de la bata, donde una evidente protuberancia se marcaba. Cuando sus dedos la envolvieron con suavidad, las extremidades de Misaki se tensaron, y un gemido entrecortado escapó de sus labios.

«Mira lo mojado que estás» comentó Akihiko, con una risa baja que resonó desde lo más profundo de su garganta.

«¡E-eso es porque…!» intentó justificarse Misaki, sintiendo que podía morir de vergüenza.

¿Por qué cada roce de Akihiko lo transformaba por completo? Sus murmullos al oído, cargados de una dulzura envolvente, hacían que su cuerpo se derritiera como si estuviera sumergido en un tarro de miel, sin fuerza alguna para resistirse.

Aunque la duda lo carcomía —si era él quien reaccionaba de forma tan intensa, si Akihiko lo encontraría extraño o demasiado deseoso—, no se atrevía a expresar esos temores. Las preguntas giraban en su mente, pero no encontraban salida.

«…Misaki» llamó Akihiko, con una voz que parecía envolverlo por completo.

«¡Ah…! ¡No, aah…! ¡Aahh…!» gimió Misaki, incapaz de contenerse.

Pero esas dudas fueron borradas de un plumazo cuando los hábiles dedos de Akihiko comenzaron a jugar con sus puntos más sensibles, desatando oleadas de placer que lo hacían temblar.

«¡Mmm! ¡Ha… ahh…! ¡Aahh…!» jadeó, mientras los dedos de Akihiko, ahora resbaladizos por la humedad, se movían con un ritmo que producía sonidos húmedos y embriagadores. Misaki, instintivamente, levantó una rodilla, y Akihiko aprovechó para deslizar sus dedos hacia la base, masajeando con precisión y haciendo que las caderas de Misaki se movieran sin control.

«¡No… Akihiko-nii…! ¡Ya no puedo…!» suplicó Misaki, con la voz quebrada.

El placer que lo invadía desde dos puntos distintos estaba desmoronando su razón. Sus ojos, entreabiertos y nublados, captaron el movimiento de la lengua de Akihiko, tan cerca que casi podía sentir su calor. Sin darse cuenta, Misaki humedeció sus propios labios, como si anhelara algo más.

Akihiko, al notarlo, mordió suavemente su labio inferior.

«¡Ahh…! ¡Mmm, mmm…!» gimió Misaki, mientras sus labios se fundían en un beso profundo. La lengua de Akihiko invadió su boca, moviéndose con una intensidad que, combinada con las caricias expertas de su mano, lo llevó a un punto de no retorno.

«Esto es lo que querías, ¿verdad?» susurró Akihiko, rompiendo el beso por un instante.

«¡…Haa! ¡Aah…! ¡Aahh…!» Misaki dejó escapar un gemido largo y desesperado, su cuerpo ardiendo como nunca antes.

Nunca había sentido algo así. Antes de los toques de Akihiko, no sabía que existía un placer tan abrumador, capaz de volverlo loco.

«¡No…! ¡Ya no puedo…! ¡Voy a…!» suplicó, sintiendo que estaba al borde del clímax.

Pero justo entonces, Akihiko lo interrumpió:

«Todavía no, Misaki.»

«¡¿Ahh…?!» exclamó Misaki, sorprendido, cuando Akihiko apretó con fuerza la base de su erección, deteniendo el flujo de su liberación.

«Aún no te he dado permiso para terminar» dijo Akihiko, con una voz cargada de autoridad y un brillo travieso en los ojos.

«¡No… Akihiko-nii…!» rogó Misaki, su cuerpo temblando por la frustración.

La necesidad contenida lo consumía, como un torrente atrapado que pugnaba por escapar. Sacudió la cabeza, al borde de las lágrimas, mientras murmuraba con voz entrecortada:

«¡…Por qué…! ¡Eres tan cruel…!»

«¿No es más placentero llegar juntos?» respondió Akihiko, con una sonrisa que prometía más.

Misaki, atrapado en esa sensación abrumadora que amenazaba con estallar, apenas podía soportarlo. Cada nervio de su cuerpo estaba al límite, a punto de cruzar hacia un terreno desconocido de éxtasis. Pero, aunque sus ojos empañados suplicaban piedad, Akihiko no cedía. Al contrario, lo instó a adoptar una postura aún más reveladora, intensificando la dulce tortura.

«¡No… no lo hagas…!» suplicó Misaki, con la voz entrecortada por la vergüenza y la desesperación.

«¿Te da vergüenza?» preguntó Akihiko, con un tono cargado de picardía.

«¡Obvio que sí…!» respondió Misaki, casi gritando, mientras su rostro ardía.

Que lo detuvieran justo antes del clímax ya era una tortura, pero ahora, con las piernas abiertas de par en par y su parte más íntima expuesta bajo la mirada intensa de Akihiko, mantener la calma era simplemente imposible.

«Si es así, entonces déjame ver una parte aún más vergonzosa» dijo Akihiko con una sonrisa traviesa.

Sin darle tiempo a reaccionar, levantó las piernas de Misaki aún más, dejando al descubierto un lugar aún más privado.

¡No mires tan fijamente ahí…! pensó Misaki, incapaz de soportar la idea de estar tan expuesto. Cerró los ojos con fuerza, intentando escapar de la vergüenza, pero un roce húmedo y cálido contra su entrada trasera lo hizo soltar un grito que rozaba el pánico.

«¡¿Ahh?! ¡Akihiko-nii, no! ¡Ese lugar… es sucio!» exclamó, con la voz temblando de lágrimas.

«No hay nada sucio —respondió Akihiko con una calma que contrastaba con la situación—. Cada parte de tu cuerpo es perfecta, Misaki.»

A pesar de las súplicas entrecortadas de Misaki, Akihiko no se detuvo. Al contrario, sujetó sus piernas con más firmeza, asegurándose de que no pudiera cerrarlas, mientras su lengua comenzaba a explorar con precisión la estrecha entrada, forzándola a ceder poco a poco.

«¡Mmm…! ¡Ahh…! ¡No… por favor…!» gimió Misaki, su voz quebrándose entre jadeos.

El impacto de esa sensación desconocida lo descolocó por completo, incapaz de decidir si era placentero o abrumador. Su cuerpo temblaba sin control, atrapado entre la vergüenza y las oleadas de calor que lo recorrían.

«¡Akihiko-nii…! ¡No… aah…! ¡Aahh…!» suplicó, mientras la lengua de Akihiko, afilada y precisa, golpeaba suavemente la entrada antes de deslizarse dentro, abriendo paso con una lentitud torturante. Misaki se estremecía, atrapado entre la sensación resbaladiza y la extraña intensidad de ser tocado en un lugar tan íntimo.

«Sujétate las piernas tú mismo» ordenó Akihiko, con una voz que no admitía discusión.

«¿Eh…?» murmuró Misaki, confundido.

Aunque temblaba de nervios, obedeció con timidez, sosteniendo sus rodillas con las manos. Adoptar esa postura lo hacía sentir aún más expuesto, pero no quería decepcionar a Akihiko. La idea de ver una chispa de decepción en sus ojos era algo que no podía soportar.

«¡Mmm…!» dejó escapar un gemido sofocado cuando los dedos de Akihiko comenzaron a abrir la entrada, seguidos por la lengua que lamía el interior con movimientos deliberados. Tras un rato de esa danza húmeda, la zona quedó completamente lubricada, y dos dedos reemplazaron la lengua, deslizándose dentro con facilidad.

«¡…Ahh! ¡No…! ¡Aahh…!» gimió Misaki, sintiendo cada detalle de los dedos de Akihiko, desde los nudillos hasta la presión que ejercían contra sus paredes internas.

Las membranas internas se contraían y relajaban al ritmo de los movimientos, aferrándose a los dedos como si intentaran retenerlos. Cada embestida y retirada lo llevaba al borde de la locura, haciendo imposible contener los jadeos que escapaban de su boca abierta.

«¡Ahh…! ¡Mmm…! ¡Mmm…!» Los gemidos de Misaki se volvían más agudos, más desesperados, mientras su cuerpo se rendía al placer.

Cuando los dedos finalmente se retiraron, Misaki dejó escapar un suspiro de alivio mezclado con una extraña sensación de vacío. Pero antes de que pudiera procesarlo, algo cálido y mucho más grande rozó su entrada, irrumpiendo con una sola embestida.

«¡Aaaah…!» gritó Misaki, su mente quedándose en blanco por un instante.

La intrusión, aunque preparada por los preliminares, era abrumadora. Las paredes internas se estiraron forzadamente, moldeándose al contorno del deseo de Akihiko. Su cuerpo temblaba, atrapado entre el miedo y la intensidad de esa sensación que lo llenaba por completo.

Misaki, con la espalda arqueada y los labios entreabiertos, dejó escapar un gemido largo y tembloroso, «¡Aahh…! ¡Mmm…!», mientras su cuerpo se rendía a la mezcla de dolor y placer que lo consumía. Akihiko, implacable, mantenía el control, guiándolo hacia un punto de no retorno.

«¡Ahh… espera… un momento…!» jadeó Misaki, su voz quebrándose bajo la intensidad.

«No voy a esperar» respondió Akihiko, tajante.

Sin darle tiempo a recuperarse, Akihiko comenzó a moverse con una intensidad implacable, sacudiendo la unión entre ambos. El ritmo frenético arrancó de la garganta de Misaki un grito que rozaba la desesperación.

«¡No… aahh…! ¡Aah…! ¡Aaahh…!» gimió, sus jadeos resonando en la habitación, cada uno más agudo y entrecortado que el anterior.

«Misaki, no me aprietes tan fuerte» murmuró Akihiko, con una mezcla de diversión y deseo en la voz.

Pero Misaki no tenía control sobre su cuerpo. El placer abrumador lo dominaba, haciendo que sus caderas se movieran por instinto, enviando señales de «quiero más» sin que pudiera detenerlas.

No podía creer lo que su propio cuerpo estaba haciendo. Los movimientos ansiosos y casi obscenos de sus caderas lo hicieron enrojecer de vergüenza, como si traicionara su propia compostura.

Y entonces, Akihiko añadió con un tono burlón:

«Mira, tu mismo mueves tus caderas...!»

«¡…!» Misaki se congeló, sintiendo que el calor en su rostro se intensificaba.

«Y aquí dentro, estás apretando tanto… ¿Tanto me deseas?» continuó Akihiko, con una sonrisa provocadora.

¿Por qué Akihiko tenía que burlarse así? Esas palabras hicieron que Misaki se sintiera expuesto, como si su deseo lo convirtiera en alguien indecentemente necesitado.

No… quizás era él quien estaba exagerando, dando pie a que Akihiko dijera esas cosas. Tal vez realmente era demasiado deseoso, demasiado superficial, y Akihiko no podía evitar señalarlo.

Ese pensamiento hizo que los ojos de Misaki se llenaran de lágrimas, el calor acumulándose en sus párpados.

«…»

«¿Misaki?» llamó Akihiko, notando el cambio.

Un pinchazo en la nariz precedió a las lágrimas que comenzaron a deslizarse por las mejillas de Misaki, cálidas y silenciosas.

«¡Oye! ¿Qué te pasa…?» exclamó Akihiko, preocupado.

«¡Ya no quiero…!» sollozó Misaki, con la voz rota.

Si Akihiko descubría esa faceta suya, tan vulnerable y necesitada, ¿se decepcionaría? ¿Lo rechazaría? El torbellino de inseguridades en su pecho era insoportable.

«Lo siento, fui yo… —dijo Akihiko, suavizando la voz—. No debí dejarme llevar. Ya no soy un adolescente, y aún así comence a molestarte.»

«¿Dejarte… llevar?» preguntó Misaki, sorprendido, abriendo los ojos empañados por las lágrimas.

«No quería hacerte llorar —explicó Akihiko, con un tono sincero—. ¿Fui demasiado lejos?»

«Entonces… ¿no soy yo el que está mal?» balbuceó Misaki, con la voz temblorosa.

La reacción de Akihiko, con los ojos abiertos de par en par, desconcertó aún más a Misaki. ¿Y si Akihiko estaba abrumado por lo intenso que él estaba siendo?

«Como es esto posible —dijo Akihiko con una sonrisa amarga, como hablando consigo mismo—. Tan inocente… necesitas tener cuidado de que no me aproveche de ti»

«¿Eh…?» murmuró Misaki, confundido.

«Solo quería provocarte un poco, ver cómo reaccionabas» admitió Akihiko, visiblemente avergonzado. «Me emocione al ver como respondias siendo tan puro»

Mientras decía «perdóname», Akihiko se inclinó y lo besó suavemente. Misaki, atrapado en ese gesto tierno, no pudo más que asentir.

«Y… parece que fui el único que se dejó llevar por el deseo» añadió Akihiko, con un toque de culpa en la voz.

Esas palabras dejaron entrever una vulnerabilidad que Misaki no esperaba. Akihiko, al igual que él, también estaba luchando con sus propias inseguridades.

«…Sigamos» murmuró Misaki, con un hilo de voz, pero decidido.

«¿Misaki?» preguntó Akihiko, sorprendido, mientras sus ojos buscaban los suyos.

Misaki, con el corazón latiendo fuerte, dejó escapar un suave suspiro que vibraba con una mezcla de nervios y anhelo, listo para continuar, ahora con la certeza de que no estaba solo en sus emociones.

«Hazme completamente tuyo, Akihiko-nii.»

Misaki pronunció esas palabras con una entrega absoluta, sin reservas, deseando que Akihiko no tuviera que recurrir a juegos o pruebas. Su corazón le pertenecía desde hacía mucho tiempo; ahora, lo único que podía ofrecerle era su cuerpo.

Akihiko, sorprendido al principio por la declaración, entrecerró los ojos lentamente, como si contemplara algo deslumbrante.

«Hablar así de provocador… —dijo con una mirada ardiente— implica que tendrás que hacerte responsable, ¿sabes?»

Bajo el fuego de esos ojos, el cuerpo de Misaki se rindió al deseo. Tras un beso apasionado, casi voraz, Akihiko retomó el ritmo intenso, moviéndose con una energía que no dejaba espacio para el respiro.

«¡Mmm…! ¡Mmm…!» gimió Misaki, su voz vibrando con cada embestida.

La sensación de ser llenado, de sentir las paredes internas derretirse bajo el roce implacable, arrancaba gemidos profundos de su garganta. Misaki rodeó el cuello de Akihiko con sus brazos, y tímidamente, sus lenguas se encontraron, saboreándose en un baile lento y ardiente.

«¡Haa…! ¡Ahh…! ¡Aahh…!» jadeó, mientras su erección rozaba el abdomen de Akihiko, liberando un flujo incesante de humedad.

El placer de ser tocado por dentro era indescriptible, y la firmeza ardiente que lo atravesaba nublaba su mente. Movido por el deseo de más fricción, Misaki instintivamente acercó sus caderas, y el cambio en el ángulo intensificó las sensaciones, llevándolo a un abismo de éxtasis.

«Misaki…» murmuró Akihiko, con la voz cargada de pasión.

«¡Akihiko… nii…!» respondió Misaki, pronunciando su nombre entre jadeos.

Mientras contemplaba el rostro de Akihiko, consumido por el deseo, con esos ojos encendidos y labios entreabiertos que exhalaban respiraciones agitadas, Misaki no pudo evitar tragar saliva, fascinado por esa faceta sensual y desconocida. Aunque se avergonzaba de perder el control tan fácilmente, saber que Akihiko también encontraba placer en su cuerpo hacía que su pecho se llenara de un calor reconfortante.

«¡Mmm…! ¡Ahh! ¡Ah…! ¡Aah, aah, aah…!» Los gemidos de Misaki se volvían más entrecortados, más desesperados, mientras el ritmo aceleraba, acercándolo al clímax. Sus uñas se clavaron en la espalda de Akihiko, luchando por aferrarse a la realidad ante la avalancha de sensaciones.

No quería dejarse llevar por completo; quería sentir cada instante, absorber todo el calor que Akihiko le ofrecía.

«¡Akihiko-nii…! ¡Voy a… terminar…!» suplicó, con la voz temblorosa.

«Lo sé» respondió Akihiko, con una calma que contrastaba con la intensidad del momento.

«¡Haa…! ¡Quiero… juntos…!» rogó Misaki, sintiendo los latidos de Akihiko dentro de él, un 'bum, bum' que resonaba en su interior.

En el instante en que una embestida alcanzó lo más profundo, el deseo acumulado estalló. Misaki escuchó el gemido grave de Akihiko mientras una corriente cálida lo llenaba por dentro, desbordándolo. Su propio clímax lo atravesó como un relámpago, dejándolo temblando y sin aliento.

«Misaki…» murmuró Akihiko, suavemente.

«¿Mmm?» respondió Misaki, aún perdido en la bruma del éxtasis.

Tras un momento, Akihiko lo abrazó con ternura, envolviendo su cuerpo relajado. Misaki, a su vez, rodeó con sus brazos la espalda sudorosa de Akihiko, rozando su nariz contra su hombro en un gesto íntimo.

«—Me gustas» susurró Akihiko al oído.

Misaki, sumido en una dulce languidez, esbozó una sonrisa radiante, como una flor que se abre al sol.


 

 

«¿Esto es todo tu equipaje?» preguntó Akihiko, observando las pocas pertenencias.

«Sí, nunca he tenido muchas cosas» respondió Misaki con una sonrisa tímida.

La mudanza, organizada por una empresa, consistía en un escritorio, una cama y unas pocas cajas de cartón. La habitación que Akihiko había preparado para Misaki ya estaba equipada con un armario demasiado lujoso para su gusto y los muebles esenciales, así que no necesitaba traer mucho más.

Aunque el cuarto le parecía excesivamente amplio, era el más pequeño de la casa de Akihiko, así que no había mucho que discutir.

El motivo de la mudanza era simple: Hirotaka, quien se había casado esa primavera, había sido trasladado a la sucursal de Osaka, igual que su padre. Con sus padres también en Osaka y Hirotaka fuera de Tokio, Misaki se había quedado solo en la casa familiar.

Vivir solo en una casa tan grande era un desperdicio, y aunque Misaki, recién admitido en la universidad de su elección, planeaba independizarse, Akihiko y Hirotaka habían llegado a un acuerdo sin que él apenas lo notara. Así, de un día para otro, se decidió que viviría con Akihiko.

Estaba feliz por pasar cada día junto a Akihiko, pero una pequeña duda lo carcomía.

«¿De verdad está bien que me mude aquí, Akihiko-nii?» preguntó con cautela.

«¿Que dices? —respondió Akihiko con una sonrisa cálida—. Estoy encantado de tener más tiempo contigo. ¿Acaso tú no lo estás?»

«¡Claro que sí! —se apresuró a decir Misaki, sonrojándose—. Solo… no quiero ser una molestia.»

Misaki estaba profundamente agradecido por el cariño que Akihiko le demostraba, y la sola idea de vivir junto a él día tras día lo llenaba de una felicidad que no podía describir con palabras. Sin embargo, si su presencia llegaba a perturbar el ritmo de vida de Akihiko, preferiría enfrentar la soledad de vivir solo antes que convertirse en una molestia.

Cuando compartió esos pensamientos con total honestidad, Akihiko lo miró con una seriedad poco común y respondió:

«Después de todo lo que costó hacerte mío, ¿crees que no tenerte a mi lado no sería un problema para mí?»

«¡…!» Misaki sintió cómo su rostro se encendía, abrumado por esas palabras tan directas.

Si pudiera, le pediría a Akihiko que fuera un poco más moderado con sus declaraciones. Cada vez que soltaba frases tan intensas sin siquiera sonrojarse, el corazón de Misaki latía desbocado, como si quisiera escapar de su pecho.

«Ya debe ser hora de almorzar, ¿no? —dijo Akihiko, cambiando de tema con naturalidad—. Has estado limpiando desde temprano, seguro estás agotado.»

«¡Sí, estoy hambriento!» admitió Misaki con una sonrisa amplia.

En realidad, el aroma delicioso que salía de la cocina desde hacía un rato ya había despertado su apetito, haciendo que su estómago rugiera en secreto.

«Ah, por cierto» añadió Akihiko de repente.

«¿Hm?» respondió Misaki, intrigado.

Akihiko rebuscó en su bolsillo, y antes de que Misaki pudiera adivinar qué era, colocó algo en su mano. Era un objeto duro, metálico…

«¿Una llave?» preguntó Misaki, sorprendido.

«Es la llave de esta casa —explicó Akihiko con una calma que lo hacía parecer obvio—. Porque desde hoy, este también es tu hogar.»

Tras decir eso, se encaminó hacia la cocina como si nada, dejando a Misaki paralizado, sosteniendo la llave con dedos temblorosos.

«…»

La emoción lo abrumó, haciendo que su mano temblara sin control. Ese gesto inesperado llenó su corazón de una calidez que apenas podía contener. Por un instante, no supo qué decir.

Sin pensarlo más, Misaki corrió hacia Akihiko y lo abrazó por la espalda, dejando que el gesto expresara lo que las palabras no podían. Era la manera más sincera de mostrar lo que sentía en ese momento.

«¿Qué pasa?» preguntó Akihiko, girando ligeramente la cabeza con una sonrisa suave.

«Eh… yo… —balbuceó Misaki, buscando las palabras correctas—. ¡Gra… gracias!»

No, «gracias» no parecía suficiente. Tras pensarlo un momento, soltó una frase que sonó algo torpe:

«Por favor… ¡cuida de mí de ahora en adelante!»

Tras un breve silencio, Akihiko dejó escapar una risa cálida y colocó su mano sobre la de Misaki, que aún lo abrazaba.

«Eso va por los dos» respondió con ternura.

Y así, Misaki dio inicio a su nueva vida junto a Akihiko.

Comentarios

Mostrar comentarios