Traducción Chino-Español: Ninoo-chan
«¡Quiero comer ramen!»
«¿Eh? ¡Pero cerca de aqui no hay buenos ramen-ya*!»
Ante la propuesta entusiasta de su compañero, Misaki respondió de inmediato con una queja.
Amigos de siempre, una rutina sin cambios. Viviendo días comunes como estos, algún día, sin duda, podría olvidar a Akihiko.
Con el paso del tiempo, ese amor seguramente se transformaría en un hermoso recuerdo.
«Entonces, ¿tú qué quieres comer?»
«Yo, pues…»
Al ser preguntado de vuelta, la respuesta que cruzó por la mente de Misaki vino acompañada de una sensación familiar.
—Quiero comer el omurice que prepara Akihiko-nii.
Eso fue exactamente lo que respondió cuando Akihiko le preguntó: «Si mejoras tus notas, ¿qué recompensa quieres?». Aunque, al final, esa promesa nunca se cumplió…
«¡Mejor comamos ramen y ya! Vamos a esa tienda al otro lado de la estación, ahí siempre te dan un huevo de cortesía.»
«¡Listo, decidido! ¿Quién más se apunta?»
«¡Yo voy! Total, todavía falta para la hora de la academia.»
El grupo de Misaki siguió charlando mientras salía del salón, pero al llegar a la entrada de la escuela, se toparon con un auto que destacaba a leguas.
«—»
Era un deportivo rojo que atraía todas las miradas.
«¿Por qué hay un Ferrari estacionado en la entrada de la escuela?»
«¿Será que vino a recoger a alguien?»
«… Sea lo que sea, no es asunto nuestro. ¡Vámonos ya!»
Que un auto así estuviera justo en su campo de visión era un pecado. Ahora, por culpa de eso, Misaki no podía evitar pensar en esa persona, y un dolor sordo comenzó a apretarle el pecho.
Mientras Misaki apuraba a sus compañeros, que se habían detenido, y estaba a punto de dar media vuelta para irse, una voz lo llamó.
«Misaki.»
«… ¡¿Qué?!»
¿Es una broma?
Si no era un engaño, entonces, ¿estaba soñando?
¿Acaso tenía fiebre otra vez y estaba atrapado en un sueño del que no podía despertar?
«¡Misaki!»
Sin embargo, esa voz fuerte y clara que lo llamaba una y otra vez le confirmaba que todo era real. Su corazón latía con un ritmo molesto, y el eco de la voz de Akihiko pronunciando su nombre resonaba sin parar en su cabeza.
«¿Ese tipo es alguien que conoce Suzuki?»
«Te está llamando, ¿no vas a responderle, Misaki?»
Al ver a Misaki paralizado, sus compañeros comenzaron a hablar todos a la vez.
«Oye, siento que lo he visto en alguna parte…»
«¡Ya sé! ¡Es Akihiko Toudou, el escritor!»
En el siguiente instante, el alboroto de los estudiantes que reconocieron a Akihiko se extendió como una ola. No por nada era una celebridad; su nombre y su rostro parecían ser bien conocidos.
Pero, en ese momento, la fama de Akihiko era lo último que le importaba a Misaki.
Aunque su garganta estaba inexplicablemente seca, un sudor pegajoso le brotaba del cuello.
—Tengo que salir de aquí ahora mismo…
Misaki reprendió a sus piernas temblorosas e intentó escapar, pero la voz de Akihiko, que de repente estaba a su lado, lo hizo saltar del susto.
«¿A dónde vas, Misaki? Hoy es día de tus clases particulares, ¿verdad?»
«Aki… Akihiko-nii…»
Akihiko se acercó a grandes zancadas y tomó con fuerza la muñeca de Misaki.
Sorprendido por este giro inesperado, Misaki no tuvo tiempo de decidir si esconderse o huir, y quedó expuesto, indefenso, a la mirada directa de Akihiko.
«Vine a recogerte. ¡Vamos!»
«¿Eh? Pero…»
Bajo las miradas de todos, Misaki fue arrastrado sin más y metido en el asiento del copiloto.
Lanzó una mirada de súplica a sus compañeros, que seguían atónitos, pero, por supuesto, nadie cuestionó las acciones de Akihiko.
El auto arrancó, y Misaki, sin escapatoria, se resignó. Se hundió en el asiento, sin atreverse a decir una palabra.
«…»
Aunque no entendía las intenciones de Akihiko, el simple hecho de que se hubiera molestado en ir a la escuela a buscarlo sugería que probablemente quería regañarlo con ganas, pensó Misaki.
El abandono repentino de aquel día, el haber echado a Akihiko cuando fue a visitarlo durante su enfermedad… Seguro que Akihiko estaba furioso por su actitud caprichosa.
«¿Akihiko-nii…?»
«¿Mmm?»
Tras un rato, incapaz de soportar el silencio, Misaki decidió romper el hielo.
Si iba a recibir un sermón, mejor que fuera rápido y terminar de una vez. En lugar de esperar con el corazón en un puño, prefería acabar con esto y alejarse de Akihiko.
Sin embargo, la calma inesperada de Akihiko lo sumió en una nueva confusión.
«¿Por qué haces esto…?»
«¿No te lo dije? Vine a recogerte para la clase. ¿O de verdad estabas pensando en saltártela?»
«Pe-pero… yo ya hablé con Hirotaka-nii-san… Le dije que no quería seguir con las clases…»
Hirotaka le había asegurado que todo estaba arreglado, incluso mencionó que Akihiko parecía preocupado por él. En teoría, Akihiko debería saber que Misaki no quería continuar con las clases particulares, ¿no?
«No di mi aprobación. Además, ¿qué pasa con nuestra promesa?»
«¿Eh…?»
«¿Ya lo olvidaste? Me refiero a la propuesta de que saliéramos juntos.»
«Esa…»
Aunque salieran, Misaki no sería más que un reemplazo de Hirotaka.
Misaki entendía bien el dolor de un corazón roto, esa herida abierta en el pecho, tan oscura y profunda. Pero…
«… Yo, todavía…»
«¿No quieres salir conmigo?»
Al completar sus palabras de esa manera, Misaki se quedó sin respuesta. Akihiko continuó, con un tono sereno:
«Si es así, ¿por qué aceptaste acostarte conmigo? ¿No fue porque estabas de acuerdo con mi propuesta?»
«…»
«Si no hay una razón convincente, no me va a ser tan fácil dejar esto pasar como si nada.»
«La razón es…»
Lo que decía Akihiko tenía sentido. Cualquiera que hubiera visto su actitud en ese momento difícilmente creería que no sentía nada por él.
Pero, por otro lado, también era cierto que no podía seguir fingiendo y quedarse al lado de Akihiko.
¿Qué debía hacer? ¿Cómo explicarlo para que Akihiko lo aceptara?
Si lo pensaba bien, Akihiko solo le había propuesto salir porque Misaki le confesó su desamor.
Entonces… ¿y si simplemente cambia esa historia de desamor?
En aquel momento, incapaz de explicar el verdadero motivo de su llanto, Misaki había inventado una mentira, diciendo que la persona que le gustaba era alguien que Akihiko no conocía.
Podría usar esa mentira otra vez y hacer que Akihiko creyera que su amor había dado frutos.
«—Porque ahora estoy con la persona que me gusta.»
«¡…!»
En ese instante, Misaki sintió que el auto, que hasta entonces avanzaba estable, dio un ligero desvio.
«Y en cuanto a las clases, él también me está ayudando con mis tareas, así que…»
Misaki, cuidando que su ansiedad no se reflejara en su rostro, continuó tejiendo la mentira con voz titubeante. Akihiko no dijo nada, solo escuchó en silencio sus palabras.
¿De verdad creería esa historia?
Misaki sudaba frío, temiendo que su mentira fuera descubierta, pero tras un largo silencio, Akihiko finalmente habló en voz baja:
«—Entiendo… Está bien. Como quieras. Tanto lo de salir juntos como las clases particulares terminan hoy.»
Al escuchar esas palabras, Misaki sintió que un peso se le quitaba del pecho. Sin embargo, al pensar que a partir de ahora no tendría ninguna conexión con Akihiko, lo que inundó su corazón fue una profunda soledad.
¡Qué egoísta soy! Alguien como yo, definitivamente, no merece estar al lado de Akihiko. Antes de que el apego controle mis acciones, tengo que irme de aquí rápido…
«Entonces…»
«—Pero tengo una condición.»
«¿Una condición…?»
Akihiko interrumpió el final de las palabras de Misaki, pronunciando su condición con calma.
Detuvo el auto en el arcén de una calle con poco tráfico, apagó el motor y se giró lentamente hacia Misaki. Con una mirada fija que parecía atravesar hasta el fondo de sus ojos, dijo:
«Dame un día.»
«¿Eh?»
La petición repentina de Akihiko dejó a Misaki desconcertado, incapaz de procesarla de inmediato.
Jamás se le hubiera ocurrido que Akihiko pediría algo así.
«Terminar con las clases particulares y renunciar a nuestra promesa de salir juntos, todo eso lo decidiste tú solo, ¿no? Yo también necesito un poco de tiempo para prepararme emocionalmente.»
«… Ah…»
Al escuchar esto, Misaki finalmente empezó a entender un poco el estado de ánimo de Akihiko.
Era cierto. Siempre había dado por sentado la tolerancia de Akihiko. Aunque aceptó su consuelo cuando estaba destrozado por su desamor, al recuperar la calma se fue sin decir nada, y ahora evitaba siquiera verlo…
Akihiko también estaba sufriendo porque Hirotaka iba a casarse. Y él, ¿qué le había hecho?
No tuvo en cuenta sus sentimientos, solo pensó en protegerse a sí mismo. Si Misaki estuviera en el lugar de Akihiko, siendo tratado de esa manera, antes de sentir rabia, estaría completamente perdido.
«Ninguna de nuestras promesas se ha cumplido. Ni siquiera hemos tenido la oportunidad de actuar como verdaderos novios después de empezar a salir. Así que, al menos hasta mañana, ¿podrías ser mi pareja por un día?»
—Que todo termine con esto.
Al ver la expresión de soledad y dolor punzante en el rostro de Akihiko mientras hablaba, el corazón de Misaki dio un vuelco.
«Serán veinticuatro horas a partir de ahora. Después, olvidaremos por completo este recuerdo y volveremos a la relación de antes. ¿Te parece bien?»
«…»
Esa propuesta reflejaba la consideración de Akihiko. Tal vez él también quería este tiempo como un amortiguador para ajustar sus emociones, pero, más importante aún, parecía buscar una ceremonia de despedida que les permitiera seguir adelante sin resentimientos.
Cuando todo terminara, las cosas volverían a ser como antes.
Volvería a ser simplemente el hermano menor del mejor amigo de Akihiko, nada más.
«¿Misaki?»
«…»
Aunque ser el reemplazo de Hirotaka era doloroso, solo sería por un día. Engañarse a sí mismo por tan poco tiempo no debería ser tan difícil.
Por hoy, olvidaría el dolor en su pecho. Sin pensar demasiado, se dejaría llevar como si estuviera a punto de entrar en un mundo de sueños.
Misaki decidió tratar este juego de ser amantes por un día como un ritual sagrado.
«… Está bien, como quieras, Akihiko-nii.»
Mirando directamente a los ojos de Akihiko, con sus miradas entrelazadas, Misaki asintió con una expresión compleja.
Tras decidir ser la pareja de Akihiko por un día, Misaki regresó a casa para cambiarse de ropa. Luego, por alguna razón, el lugar al que lo llevó Akihiko fue… un supermercado.
«¿Qué vas a comprar?»
«Si no compramos los ingredientes para la cena, ¿cómo voy a llenarte el estomago? Además, no tenemos mucho tiempo para salir lejos, así que consideremos esto como una ‘cita’.»
«¿Una… cita?»
«¿No es lo normal cuando eres pareja? Ah, pásame esas cebollas de allá, por favor.»
«Ah, sí… claro.»
Aunque su corazón estaba hecho un nudo, Misaki siguió las indicaciones de Akihiko y fue colocando varios ingredientes en el carrito de compras.
«Ahora toca comprar zanahorias. No tienes verduras que no te gusten, ¿verdad, Misaki?»
«Mmm… no, creo que no.»
«¡Perfecto! Entonces, vamos por la carne molida»
Dicho esto, Akihiko empujó el carrito con un traqueteo hasta el otro extremo del supermercado.
… Ahora que lo pensaba, ¿cómo podía alguien como Akihiko verse tan fuera de lugar empujando un carrito de compras? O tal vez, todo lo relacionado con la rutina diaria —arroz, aceite, sal— simplemente no encajaba con él.
Por eso, cuando llamó a algo tan cotidiano como 'ir de compras' una 'cita', sonó extrañamente convincente.
—Aunque, más que una cita, esto parece algo de… ¿pareja de recién casados?
«…»
El pensamiento hizo que Misaki se sonrojara de golpe, sintiendo el calor subirle al rostro.
«¿En qué estás pensando?»
«¡Na-nada!»
«¿Seguro? Por un momento pensé que tenías en la cabeza las palabras ‘pareja de recién casados’.»
«… ¡¿Qué?!»
Cuando Misaki dejó escapar una expresión de «¿cómo lo supo?», Akihiko, para su sorpresa, también parecía desconcertado.

«¿En serio? ¿Adiviné? ¡Solo estaba bromeando!»
«¡¿Qué?! ¡No es justo!»
«No tienes por qué avergonzarte. La verdad, yo también lo pensé por un segundo.»
Al ver la sonrisa de Akihiko mientras decía eso, el corazón de Misaki dio un vuelco.
Aunque sus palabras eran cursis, sonaban tan naturales… Ese era el encanto de Akihiko. Pero, viendo cómo su corazón aún se aceleraba con cada gesto suyo, ¿de verdad podría olvidarlo alguna vez?
Con esa mezcla de ansiedad por el futuro, terminaron las compras. Misaki volvió a subir al deportivo de Akihiko, que los llevó hasta su departamento.
«Bienvenido a casa, Misaki.»
En la entrada del departamento, Akihiko abrió la puerta y se giró para decirlo con una sonrisa.
«Yo… ¿he vuelto…?»
¿Era esa la respuesta correcta en una situación así?
Con el corazón latiendo a mil, Misaki respondió, y lo que recibió fue una sonrisa tan encantadora que lo dejó aturdido. Todavía desorientado, fue guiado hasta la sala.
«Eh… ¿y ahora qué hago?»
«Tú espera aquí un momento. Voy a preparar la cena. ¿Tienes hambre?»
«Un poco…»
Originalmente iba a comer ramen con sus compañeros, pero al salir de la escuela, Akihiko lo interceptó. Desde el mediodía no había probado bocado. Aunque, con el corazón tan lleno de emociones, Misaki no sabía si estaba hambriento o saciado.
«¿Necesitas que te ayude?»
«No hace falta. Solo siéntate y espera. Hoy déjame consentirte como se debe.»
«Bue-bueno…»
Akihiko desapareció en la cocina, y pronto se escucharon los sonidos de la preparación: el chisporroteo de los ingredientes y un aroma delicioso que comenzó a llenar el aire.
Misaki se sentó a la mesa, siguiendo las instrucciones de Akihiko, y esperó pacientemente. Al cabo de un rato, un plato con una montaña de arroz frito con pollo apareció frente a él, colocado con cuidado.
«Akihiko-nii, esto es…»
«¿No te prometí que lo haría para ti?»
Con una sonrisa, Akihiko deslizó un omelette esponjoso desde una sartén al plato, cubriendo el arroz frito.
Solo con verlo, ya se le hacía la boca agua. Y cuando cortó el omelette dorado con el cuchillo, dejando que la yema semilíquida se desplegara, el dulce aroma que se desprendió hizo que Misaki sintiera un hambre voraz.
«También preparé una salsa. ¿O prefieres kétchup?»
Mientras Misaki se preguntaba de dónde venía ese olor tan apetitoso, se dio cuenta de que Akihiko había hecho una salsa especial de carne.
«¡Qué increíble! ¡Parece de restaurante!»
«Esto lo hice especialmente para ti, Misaki. También tengo postre preparado, así que come bastante, ¿sí?»
«… Está bien. Itadakimasu*.»
Conmovido por la atención de Akihiko y sintiendo que era de buena educación disfrutar de la comida que le ofrecían, Misaki tomó la cuchara con prisa.
Aquí tienes la traducción al español neutro latinoamericano, siguiendo tus instrucciones: manteniendo la esencia japonesa en la narración, respetando los honoríficos ("gege" o "-ge" como "nii-san", "Akihiko-ge" como "Akihiko-nii"), y preservando los nombres de los personajes según el texto original. El tono refleja la calidez, la emotividad y los momentos de tensión romántica típicos de una novela japonesa, con los sentimientos de Misaki en primer plano.
«¡Delicioso!»
El omurice, que Misaki llevó a la boca con gran expectativa, superaba con creces el sabor de sus recuerdos. Toda duda sobre si tenía hambre o no desapareció, y comenzó a devorarlo con entusiasmo.
«¿Qué tal el sabor? ¿Estás satisfecho?»
«¡Sí! ¡Está súper rico!»
«Me alegra. No fue en vano que practiqué tanto a escondidas.»
«¿¡Akihiko-nii practicó hacer omurice!?»
Las palabras inesperadas de Akihiko hicieron que Misaki alzara la voz sin querer.
Que Akihiko, alguien que parecía hacer todo a la perfección, hubiera practicado, era algo difícil de imaginar. Misaki incluso pensó que tal vez había escuchado mal o lo había entendido mal.
«Si voy a cocinar especialmente para ti, no puedo permitir que salga mal, ¿no? ¡Sería una vergüenza total!»
«¿En serio…?»
No, no había error. Era un hecho real. Misaki nunca se habría atrevido a soñar que Akihiko se esforzaría tanto por él.
De repente, una cálida corriente recorrió el pecho de Misaki.
«¿Qué pasa? ¿Ya te llenaste?»
«¡No, claro que no!»
Al notar que Misaki había detenido su mano por la sorpresa, Akihiko preguntó con gentileza. Misaki negó rápidamente con la cabeza y volvió a llevarse la comida a la boca a toda prisa.
«Ahora, el postre.»
Tras el plato principal, Akihiko sirvió un pastel de fresas con crema, el favorito de Misaki.
«¡Itadakimasu!»
Emocionado, Misaki llevó un trozo de pastel a la boca con el tenedor.
Aunque era un pastel de fresas con crema como cualquier otro, este era completamente diferente a los que había probado antes.
La crema ligera y refrescante, el bizcocho que se deshacía en la boca y las fresas con su equilibrio perfecto de dulzura y acidez creaban una armonía maravillosa. Al probarlo, Misaki no pudo evitar sonreír.
«¿Tú no vas a comer, Akihiko-nii?»
Mientras disfrutaba del pastel en una atmósfera de felicidad, Misaki miró a Akihiko, que, tras terminar su comida, tomaba café en silencio.
«No me gustan mucho los dulces.»
«Oh, ya veo…»
«Pero, ya que lo mencionas, probaré un poco.»
«¿Eh?»
Akihiko extendió la mano, rozó los labios de Misaki con los dedos y luego lamió la crema que había quedado en ellos.
«Mira, tenías crema aquí.»
En contraste con Misaki, que se puso rojo como tomate, Akihiko actuaba con total naturalidad.
«G-gracias…»
«No te apures, come despacio. Todavía queda mucho pastel.»
«S-sí, está bien.»
Al ver la calma imperturbable de Akihiko, Misaki pensó que, siendo pareja, hacer un alboroto por algo así era ridículo. Intentó con todas sus fuerzas volver a concentrarse en el pastel.
Pero con cada bocado, Misaki no podía evitar recordar el momento en que Akihiko lamió la crema de sus dedos, y el rubor en sus mejillas se negaba a desvanecerse…
Tras la comida, Akihiko llevó a cabo su promesa de «consentir a Misaki» con una dedicación absoluta.
Primero, tras casi una hora de descanso post-cena, Akihiko llevó a Misaki al baño. Una vez que salió, él mismo le secó el cabello con una suavidad casi ceremonial y hasta le cortó las uñas, tratándolo con un cuidado que rayaba en la reverencia. Misaki, por un lado, se sentía desconcertado, pero por otro, se dejaba envolver por esa atmósfera dulce y embriagadora.
«¿Ya tienes sueño?»
«Mmm… un poco…»
Tal vez por la tensión emocional que no lo abandonaba, Misaki sintió que el sueño lo invadía apenas se sumergió en la bañera, y desde entonces oscilaba entre el mundo de los sueños y la realidad. Su cuerpo, hundido en el sofá, se sentía sin fuerzas, y por más que lo intentaba, no respondía más que con una pereza abrumadora.
Mientras se preguntaba si estaba bien quedarse dormido así, Akihiko, notando que Misaki luchaba por mantener los ojos abiertos, susurró en su oído con una voz baja y gentil:
«¿Quieres ir a la cama? … Aunque, todavía no es hora de dormir, ¿sabes?»
Las palabras de Akihiko, cargadas de una sutil insinuación, hicieron que Misaki despertara de golpe.
«—»
Claro, hoy, durante todo el día, él era la pareja de Akihiko.
Y si ese era el caso, aún había una obligación como amante que no había cumplido.
«¿Qué quieres hacer, Misaki?»
Mientras disfrutaba de la sensación de los dedos de Akihiko peinando su cabello, Misaki solo sentía comodidad, sin ninguna otra asociación. Pero al tomar conciencia de la pasión que estaba por desatarse, un escalofrío recorrió su espalda.
Había hecho una promesa… y debía estar preparado para cumplirla.
Misaki tragó saliva para aliviar su garganta seca y, con timidez, respondió a Akihiko, que aguardaba su respuesta:
«… Quiero… ir a la cama.»
«Buen chico.»
En el instante siguiente, sintió los labios de Akihiko rozar su cabello aún húmedo, y antes de que pudiera reaccionar, su cuerpo fue levantado con facilidad por la cintura. Así, fue llevado al dormitorio y depositado con suavidad sobre una gran cama de matrimonio.
¡Tum, tum! Su corazón latía con fuerza, resonando en sus oídos.
Sin querer, desvió la mirada y vio cómo Akihiko desabrochaba los botones de su camisa, un movimiento que parecía cobrar vida ante sus ojos.
«Eh… ¿y la luz…?»
«Hoy no la apagaré. Quiero verte bien, Misaki.»
Dicho esto, Akihiko subió a la cama, y el movimiento de los resortes hizo que el cuerpo de Misaki temblara ligeramente. Al sentir el calor de Akihiko acercándose, Misaki tensó el cuerpo.
«Me… me da vergüenza…»
«Aunque te dé vergüenza, no hay opción. Quédate quieto y no hagas ruido.»
Akihiko puso un dedo sobre sus propios labios, indicándole a Misaki que guardara silencio, y este cerró la boca obedientemente.
«Misaki, mírame.»
Al escuchar su nombre, Misaki levantó la vista lentamente hacia los ojos de Akihiko. Lo que vio fue un par de pupilas ardientes, llenas de pasión. Solo con ser observado por esas llamas, Misaki sintió que todo su cuerpo se derretía.
«… Ah…»
—Pero no debo hacerme ilusiones.
El deseo de Akihiko estaba dirigido a su hermano, nunca a él. Misaki lo sabía perfectamente y se lo repetía una y otra vez en su mente.
«… Misaki.»
Los labios de Akihiko, formando su nombre, dejaron un suave beso. Luego, como si quisieran robarle el aliento, se acercaron de nuevo, más intensos.
«Mmm… ¡mm…!»
Un beso profundo, voraz, con lenguas que se entrelazaban una y otra vez, dejó a Misaki, poco acostumbrado a besar, casi sin aire. De su boca escapó un hilo de saliva que mezclaba la de ambos.
«… ¡Ha… Aki… Akihiko-nii… más despacio… ah!»
La mano de Akihiko se deslizó bajo la bata, acariciando con suavidad la cara interna de sus muslos. Aunque no tocaba directamente las zonas más sensibles, sus dedos danzaban cerca, haciendo que Misaki no pudiera contener un jadeo.
No sabía si era su imaginación, pero hoy Akihiko parecía más impaciente que la última vez.
«No… ah… ¡ah…!»
Confundido por las caricias delicadas pero apresuradas de Akihiko, Misaki sintió de pronto el peso de su cuerpo sobre él. Mientras Akihiko jugueteaba con el lóbulo de su oreja, susurró en voz baja:
«—Te quiero.»
«… ¿Eh…?»
A pesar del calor de sus palabras susurradas, el corazón de Misaki se heló en un instante.
Sabía perfectamente que el corazón de Akihiko no le pertenecía. Cuando lo abrazaba, en su mente estaba otra persona, y Misaki siempre lo había tenido claro.
Pero escuchar un «te quiero» en un murmullo tan íntimo hizo que el frágil suelo bajo sus pies, ese lugar que solo podía llamarse el de un sustituto, se desmoronara por completo.
Intentar reemplazar a alguien era, en efecto, una idea equivocada. Aunque por un momento le había dado un equilibrio emocional, al final solo profundizaba la herida.
Abrumado por una oleada de emociones, Misaki empujó con fuerza a Akihiko, apartándolo de su cuerpo.
«¿Misaki…?»
«… No quiero… ¡No puedo seguir siendo el reemplazo de mi hermano…!»