Traducción Japones-Español: Ninoo-chan
Epilogo: El error del caballero 8
A pocas horas de que cambiara la fecha, subí una vez más las escaleras de la torre de reclusión.
Abrí con suavidad la puerta de la habitación a la que llegué, acercándome al lecho sin hacer ruido. Mientras observaba con un sentimiento complejo las rosas que había traído durante el día, ahora colocadas en un jarrón sobre el aparador, miré hacia abajo a Lord Heinreid, que dormía. Desde que me asignaron la tarea de despertarlo, he contemplado su rostro dormido innumerables veces, y ahora, como siempre, respiraba con calma, sin ninguna alteración.
Al verlo así, me cuesta creer que sufra de «malos sueños». No es solo en las noches que hemos compartido lecho; he visto su rostro dormido en varias ocasiones. Sin embargo, jamás lo he visto angustiado por una pesadilla.
Dicho esto, considerando lo estúpido que he sido últimamente, no puedo descartar que haya pasado por alto alguna pequeña anomalía… ¿Será que hay cambios en su sudor o en su pulso?
Tras dudar un momento, decidí que debía comprobarlo y extendí la mano hacia su cuello. Pero al deslizar los dedos buscando la vena, solo sentí una textura seca, y su pulso era completamente normal, lo que me hizo ladear la cabeza. Si en este momento no está teniendo una pesadilla, mejor así, pero ¿acaso no las tiene todas las noches?
Entonces, como si hubiera reaccionado a la sensación en su cuello, Lord Heinreid, aún dormido, dejó escapar un leve gemido y se movió ligeramente.
¿Lo he despertado? Sería un buen momento para hablar, pero tras lo ocurrido durante el día, me sentía algo incómodo. Mientras observaba cómo sus largas pestañas temblaban y sus párpados se abrían lentamente, busqué las palabras para disculparme en mi primera frase.
Sin embargo, en el instante en que nuestras miradas se cruzaron, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, y todas las disculpas que tenía en mente se desvanecieron por completo.
Lo que vi fue… un rojo turbio, carente de calidez… como el color de la sangre.
Mi corazón latió con fuerza, como si sonara una campana de alarma, y, casi sin darme cuenta, la mano que tenía en su cuello se deslizó hacia la espada en mi cintura.
Pero justo antes de que mis dedos tocaran la empuñadura, el hombre parpadeó.
En el rojo que reapareció, vi mi propio reflejo, y al mismo tiempo que me dedicaba una suave sonrisa, la atmósfera gélida se disipó.
«…Buenos días, Craig».
«…Buenos días, mi señor».
Repetí sus palabras mientras bajaba la mano, que ya no tenía dónde ir. Logré mantener un tono de voz normal, pero mi corazón seguía latiendo con fuerza. Era imposible pensar que solo había sido mi imaginación; esos ojos me resultaban demasiado familiares.
«—Bien que te permitiste tal descuido frente a Lord Heinreid».
«—¿Y si, por algún motivo, vuelve a convertirse en un monstruo?».
Las palabras de Karl y Lady Natasha, que había escuchado ese mismo día, resonaron en mis oídos. Recordé entonces lo que estuve a punto de hacer al enfrentarme a esa posibilidad, y un sudor frío recorrió mi espalda. Si tan solo hubiera pasado un instante más… ¿qué habría hecho yo?
…Cálmate. Al menos en este momento, no es «ese».
Reprimí el escalofrío y busqué un tema seguro para iniciar la conversación con la persona que acababa de despertar, evitando intencionadamente mencionar esos inquietantes segundos.
«¿Ha estado durmiendo todo este tiempo desde entonces?».
«No, me desperté una vez para almorzar… ¿o fue la cena? Ah, y comí todo, no vomité ni nada».
«Entiendo. Lo confirmaré luego con Karl Anker».
«Eh, espera, quizás dejé un poco. Pero comí más que los días anteriores, de verdad… ¡No me mires así!».
Si se acobarda, debería empezar por decir la verdad. Mentir a estas alturas es lo que lo delata. No soy tan estúpido como para caer en el mismo truco otra vez.
Seguí mirándolo en silencio, y Lord Heinreid se incorporó lentamente. Se apoyó en la almohada, acomodándose, y abrió los labios con expresión avergonzada.
«Eh… lo siento».
«¿Por qué?».
«Por lo de esta tarde. Por intentar enredarlo todo y hacerte enojar a propósito».
«…Le pido que se abstenga de hacerlo en el futuro, pero en ese asunto, fui yo quien actuó mal al presionarlo. Lo lamento».
Aunque caí en su provocación, fue una insensatez tocarlo sabiendo que no estaba en su mejor momento.
Se me adelantó con su disculpa, pero aun así, al ofrecer la mía, él se encogió de hombros con aire de exasperación.
«Eres demasiado perfecto, pero en un sentido distinto al de Karl. Por cierto, ¿no vas a preguntar nada?».
«¿Sobre lo que quiso ‘enredar’? Si lo hago, solo responderá lo que le convenga, ¿no es así? Prefiero esperar a que hagas una confesión por tu cuenta».
«¿En serio? ¿No se te ocurre que podría no decirlo todo o incluso mentirte?».
«Haga lo que quiera. Yo decidiré qué creer».
A pesar de mi insistencia, Lord Heinreid solo parecía desconcertado y no respondió. Probablemente esperaba un interrogatorio, con la intención de manipularme si me dejaba llevar por las emociones otra vez. Siempre subestimándome.
Al ver que mi calma lo tomó por sorpresa, se quedó en silencio, como si estuviera pensando cómo reaccionar. Entonces, su mirada se deslizó fugazmente hacia las rosas.
…No sé si fue inconsciente o intencional, pero que esta persona, acorralada, busque refugio en ellas… Sentí un nudo de resentimiento en el pecho, pero acepté la realidad.
Con un suspiro de frustración, decidí jugar mi carta final. Aunque dije que esperaría, no tengo intención de alargar esto.
«…Tanto».
La voz que salió, como si la hubiera exprimido, era insoportable. Si todo fuera una actuación, aún podría soportarlo, pero saber que hay sinceridad en ella lo hace peor.
Odié al hombre que me hizo sentir esta vergüenza.
«¿Tanto carezco de valor para que confíes en mí?».
Aun así, no podía dejarlo pasar. Por eso, tragué mi orgullo y dejé salir esas palabras lastimeras. Era una situación profundamente humillante, pero si me preocupaba por las apariencias, estaba claro que él volvería a esquivarme con evasivas.
En el silencio de la habitación, vi cómo Lord Heinreid contenía el aliento al escuchar mi queja. Aunque me sentía pidido, confirmé que este enfoque había sido efectivo.
A diferencia del noble villano, este hombre es vulnerable a las súplicas.
Lord Heinreid, desconcertado ante mi expresión probablemente patética, titubeó por un momento. Pero, como era de esperar, entendió que no buscaba consuelos vacíos. Finalmente, bajó los hombros, resignado.
«…Es al revés. Si hablo, sé que te lo tomarás en serio y harás todo lo posible por ayudarme, que te moverás para encontrar una solución».
Iba a preguntar «¿Entonces por qué?», pero me contuve. Me había comprometido a escuchar, así que lo insté a continuar con la mirada.
«Por eso… precisamente por eso, hablar me parecía deshonesto. No estoy dispuesto a buscar una solución… Pensé que solo te haría preocuparte en vano».
Lo que dejaba caer, palabra por palabra, sonaba muy parecido a mi propia voz momentos antes. Era el sonido de alguien que arrastra a la fuerza verdades enterradas en lo más profundo, verdades que no quiere mostrar. Al verlo rascar nerviosamente las sábanas con las yemas de los dedos, concluí que, al menos, no estaba actuando.
…El contenido no era precisamente agradable. Es cierto que intentaba no preocuparme innecesariamente, pero ¿qué significa eso de no estar dispuesto a buscar una solución?
«Ya te habrás dado cuenta por lo de esta tarde, pero… desde que las cosas se calmaron, a veces, de repente, recuerdo el pasado. Aunque no haga nada, al mirar el suelo recuerdo haber pisoteado a alguien que yacía allí; al ver una pared, recuerdo haber crucificado a alguien. Y cuando duermo, sueño con esas cosas… Como hace un momento».
Hace un momento. Esa palabra trajo a mi mente la anomalía de ese instante que había evitado mencionar. Efectivamente, él estaba teniendo una pesadilla. Pero… parece que, mientras sueña, no es «ese». Y eso, al parecer, lo atormenta profundamente.
Es cierto que para él debe ser algo imposible de ignorar, pero…
«…Lo sé, seguro que dirás que no es mi culpa, que lo olvide, y quieres que lo haga, ¿verdad? Pero no puedo, es imposible. Recuerdo todo lo que hice, y no puedo reírme sin sentir culpa alguna; si pudiera, sería como volver a ser aquel de entonces. Así que, Craig, si me dices que viva… permíteme al menos conservar este sentimiento».
Era una súplica genuina. Finalmente había escuchado la verdad, pero en lugar de alivio, sentí cómo una desesperación lenta se extendía por mi interior.
Si Lord Heinreid cargaba con un sufrimiento insoportable, quería entenderlo. Si había algo que deseara, quería cumplirlo aunque fuera difícil. Todo porque quería arrancarlo de ese pasado monstruoso. Porque deseaba que sonriera de corazón. Creía que, al conocer la verdad, podría lograrlo.
Pero él me pide que ignore su sufrimiento. Dice que, si lo olvidara, no podría vivir, no sería él mismo.
«Entonces… ¿cómo podrías ser feliz?».
No pude contener más mis emociones y las dejé salir.
Lo miré, aferrándome a él, y Lord Heinreid, tras un breve silencio, esbozó una sonrisa apesadumbrada.
«…Lo siento. Tal vez habría sido mejor no decir nada».
«¡No es eso…!».
No estaba diciendo eso, ¿por qué lo interpreta así? ¿Por qué no lo entiende?
Si se tratara de su silencio, lo aceptaría, pero ahora se disculpa por haber hablado. Se lamenta por no haber podido ocultarlo.
«Si hablo, tú seguirás preocupándote por cosas que no tienen solución, ¿no? Por fin has vuelto al servicio de tu verdadero señor, has hecho amigos de verdad… No quería interponerme. Craig, tú… estarás mejor, serás más feliz, si sigues ese camino».
¡Bam!
Sentí como si me hubieran golpeado con fuerza en la nuca. Por un instante, no entendí lo que me decía. Pero la niebla se disipó, y la realidad quedó frente a mí.
«¿Estás diciendo… que vivir contigo es un error?».
No hubo respuesta a mi pregunta de confirmación. Y ese silencio fue la respuesta más clara.
Exhalé todo el aire de mis pulmones y bajé la mirada, apartándola de esos ojos rojos. Tuve que contenerme para no gritarle, y no se me ocurrió otra forma de hacerlo.
Era… demasiado. Mi deseo de que no muriera, de que viviera, había sido aceptado solo en la superficie, pero rechazado en su esencia. Atormentado por los pecados del pasado que no han sido juzgados y por la culpa hacia mí, ni siquiera ahora quiere vivir. Solo sigue vivo por un sentido de deber y responsabilidad hacia mí. Soy yo quien le tiende la mano, pero él nunca la tomará de vuelta… y si aflojo mi agarre, esta persona…
De pronto, mi mirada cayó sobre el brazo de Lord Heinreid. Alargué la mano hacia su muñeca, que colgaba flojamente, y la sujeté con fuerza, como para confirmar su existencia. «¡Auch!», exclamó por reflejo, pero no tenía capacidad para prestarle atención.
…Es tan delgada. Incluso a través de la ropa, se nota lo poco saludable que es. Ahora que está despierto, no entiendo cómo pude dejar que me engañara.
—¿Y yo he estado aceptando la devoción de alguien así?
Lentamente, solté su muñeca. Donde la había sujetado quedó una marca roja, y él posó su otra mano sobre ella. Sin embargo, no encontré en mí las ganas de disculparme o consolarlo.
«Eres… cruel».
«…»
«Nunca me cuentas nada, ni tienes intención de aceptar mis palabras…».
En lugar de eso, dejé salir un lamento lleno de resentimiento. La miseria que sentía se intensificó, y aunque mi garganta temblaba de vergüenza, no pude contenerme.
El silencio se prolongó por un rato… hasta que, finalmente, con un susurro y un tono de consuelo, respondió:
«…Tienes razón. Todo es mi culpa».