Traducción Japones-Español: Ninoo-chan


Epilogo: El error del caballero 7

Tras dejar a Lord Heinreid al cuidado de Karl y bajar de la torre, me dirigí solo a visitar a Lord Sieghart y Lady Natasha.

Pensaba que no tendrían tiempo hasta la noche, pero, sorprendentemente, me condujeron de inmediato a su despacho. Con rostros algo demacrados, me instaron a ir al grano. Aunque me extrañó, presenté la información que había obtenido previamente.

«… Eso es todo mi informe».

«Mmm… ¿Arrepentido de sus pecados pasados, dices? ¿Eso fue lo que él mismo afirmó?».

«Así es. Respecto a por qué lo ocultó, parece que consideraba que no era algo de gran importancia. Le hice jurar que, de ahora en adelante, no tomará decisiones por su cuenta y lo reportará todo».

«¿Y podemos confiar en esa declaración? Si resulta ser una actuación para pillar desprevenido a Craig, no sería precisamente para reírse».

«Cuando era un villano, no era el tipo de hombre que recurría a tales artimañas. Pensaba en cómo matar, pero no en qué hacer para llegar a ello; era un lunático. El hecho de que no esté intentando matarme sugiere que, por ahora, sigue cuerdo».

«Qué criterio tan peligroso… Pero, entiendo…».

Mientras esperaba la respuesta de Lord Sieghart, que cerró los ojos pensativo tras escuchar mi informe, relajé los hombros lentamente para no dejar traslucir mi tensión. Ocultar mis propios errores es un acto de autoprotección que, por alguna razón, me deja un mal sabor de boca.

Sin embargo, hablé con sinceridad sobre lo que deduje que era la causa del estrés de Lord Heinreid. Podría haberlo presentado como algo trivial, tal como él mismo lo describió, pero eso habría sido un falso testimonio. Mi deber es demostrar que él, tal como es ahora, no es un veneno para el reino. No hay futuro si no lo consigo.

De todos modos, engañarles no es una opción. Frente a mí no están un simple chico y una chica, sino el rey y la reina. Los salvadores que liberaron este reino del mal son implacables y sensibles ante cualquier atisbo de maldad.

Entonces, los párpados de Lord Sieghart, que habían estado cerrados por un momento, se abrieron lentamente. Sus ojos azules me miraron fijamente, y mi cuerpo se tensó de nuevo.

«Craig, en realidad… esto fue ayer. Después de recibir tu informe y el de Karl, Lady Natasha y yo estuvimos investigando su historial en la sala de archivos».

«¿El historial de esa persona?».

«Sí. Recordando tu informe y su comportamiento durante el juicio, ciertamente parecía mucho más calmado. Pensé que tal vez ese fuera su verdadero carácter originalmente. Si fuera así, podría haber algo que lo llevó a perder la cordura, ¿no? Si lográramos descubrirlo, quizás encontraríamos una pista para resolver este asunto».

Vaya, eso no se me había ocurrido. Yo considero al Lord Heinreid actual y a aquel veneno como entidades completamente distintas, pero en realidad son la misma persona. No es plausible que naciera loco; es muy posible que lleve consigo un trauma lo bastante grande como para haberlo convertido en un villano.

«Gracias por dedicar tiempo a esto a pesar de sus ocupaciones. ¿Encontraron alguna pista?».

Bajé la cabeza y, con cierto apuro, hice la pregunta. Lord Sieghart, con expresión complicada, continuó: «Verás…».

«Los registros sobre la casa Rodvelia eran… casi inexistentes. Para ser precisos, no hay ningún documento sobre ‘Heinreid von Rodvelia’ antes de que se convirtiera en duque».

¿…Inexistentes?

No comprendí del todo el significado, y mi mente se llenó de signos de interrogación.

«¿A qué se refiere?».

«A lo que he dicho. No hay registros de nada anterior a hace ocho años, ni siquiera de sus lazos familiares».

Eso… es extraño. Más bien, imposible. En el castillo real de Amajis, los antecedentes de los nobles a quienes se les confían territorios del reino se guardan como documentos hasta cierto punto. Para una casa como la de Rodvelia, debería haber registros detallados, desde árboles genealógicos hasta interacciones con otros nobles. Eliminarlos equivale a arrancar un pedazo de la historia. Y eso, a su vez, podría complicar la administración del reino en el futuro.

Aunque, siendo una gran casa noble, seguro que hay personas que conocen su historia, pero la tradición oral no basta para restaurar la enorme cantidad de datos perdidos. Por ahora, las tierras de Rodvelia están bajo la gestión temporal de varios señores locales, pero… cuando llegue el momento de nombrar un nuevo señor formalmente, surgirán problemas. Después de todo, el único modelo disponible es un veneno nacional.

Tanto Lord Sieghart como los presentes en la sala parecíamos compartir la misma expresión ante la anormalidad que emanaba de ese hecho.

 

«…O fue ocultado, o destruido. En cualquier caso, probablemente sea obra de mi hermano, que estaba obsesionado con él», dijo Lord Sieghart.

«Aunque me sienta mal hablar así del hermano de Sieg, esto no parece obra de alguien en sus cabales… Al principio queríamos encontrar la causa de su locura, pero ahora solo puedo pensar que ese hombre es la fuente misma de la demencia», añadió Lady Natasha.

El tono tajante de sus palabras me hizo sentir un mal presentimiento.

Esto no pinta bien. Hubiera sido mejor que encontraran pruebas de que nació siendo un villano. La rareza del cambio repentino en la personalidad de Lord Heinreid y la inquietante desaparición de su pasado se combinan de la peor manera posible.

«…Eso no tiene nada que ver con él ahora», intenté defender.

«¿Ahora? ¿Y podrá seguir ‘sin tener nada que ver’ en el futuro? Ese hombre…», replicó Lady Natasha.

Sus ojos dorados me atravesaron sin piedad, haciendo que mi débil defensa se tambaleara.

«Entiendes lo que digo, ¿verdad? Me refiero a si podría volver a convertirse en un monstruo por cualquier motivo. Por ahora parece obedecerte, Craig, pero no hemos encontrado qué lo llevó a caer en la maldad en primer lugar. No sabemos qué podría desencadenar de nuevo al demonio que lleva dentro. Que alguien así siga vivo es una amenaza para Sieg, para el reino… Esa es mi opinión».

Sus argumentos, irrebatibles y lógicos, me aplastaron. Pero, tras soltar todo eso, Lady Natasha se hundió en su gran silla con un suspiro, como agotada.

«El veredicto final lo dará Su Majestad. La conclusión depende de Sieg».

Su voz sonaba entre sorprendida y algo resentida. Lord Sieghart, señalado por ella, esbozó una leve sonrisa amarga antes de hablar con calma.

«…Tras revisar los documentos, mi opinión coincide en gran parte con la de Natasha. Aunque ahora sea una persona ‘buena’, cuanto más sé de lo que hizo, más difícil me resulta perdonarlo. Como rey de este reino, no puedo absolverlo ni confiar en él. Ayudarlo está fuera de cuestión. Mi deber es estar con el pueblo que sufrió bajo su era de villanía».

Eso… es cierto. Reconstruir un reino que fue devastado por completo no es tarea fácil. Las cicatrices son profundas, y muchos entre el pueblo aún viven en inestabilidad.

Perdonar al culpable de tanto resentimiento, sabiendo quién es, es algo que Lord Sieghart no podría hacer. Pedírselo siquiera sería una traición al reino.

Pero… aun así, yo…

Pensando en Lord Heinreid, que probablemente aún duerme en la torre, tomé una decisión y abrí la boca para hablar. Sin embargo, Lord Sieghart me interrumpió antes, diciendo: «Pero…», y me quedé en silencio.

«Craig, confío en ti».

Sus palabras, pronunciadas con una firmeza cristalina, me hicieron abrir los ojos de par en par.

No esperaba algo así en este contexto, pero lo que más me sorprendió no fue la declaración en sí.

Fue darme cuenta de que, sin necesidad de explicaciones, entendí el significado profundo que encerraban esas palabras.

Como confirmándolo, Lord Sieghart continuó:

«Tú creíste en mi regreso durante ocho años, ¿verdad? A pesar del peligro que corrías, nunca traicionaste, y ahora sigues sirviéndonos con la misma lealtad. Dudar de alguien como tú sería indigno de mí. Por eso, si tú dices que él es diferente, te creeré. Mientras pueda confiar en ti, lo trataré como tal».

«…Entendido. De ahora en adelante, vigilaré aún más de cerca los movimientos de Lord Heinreid».

Mientras bajaba la cabeza, sentí un alivio que me llenó el pecho. En resumen, se me ha permitido mantener el statu quo.

Para Lord Sieghart, que es tanto un héroe como el hermano menor de aquel tirano, esto debe ser la mayor concesión posible. No creo que esté exento de segundas intenciones o reservas, pero si me ha dicho que hará la vista gorda, no debo cuestionarlo.

Tampoco él me advirtió con algo como «No me traiciones».

Por el bien de todo lo que debo proteger, debo asegurarme de no traicionar jamás esta confianza… Mientras renovaba mi determinación, un sonoro suspiro, «¡Fiuu!», resonó en la sala. Al mirar, vi a Lady Natasha desplomada sobre el escritorio del despacho. Lord Sieghart se levantó apresuradamente y se acercó a su mesa.

«¿Qué pasa, Natasha? Oh, ¿estás cansada? Perdona por hacerte trabajar en tu descanso…».

«¡No es eso! Ya te he dicho que hago esto porque quiero, ¿no? …Solo pensé que construir un buen reino es realmente difícil. Sería más fácil si los enemigos fueran claramente enemigos y los aliados claramente aliados».

«Sí… Es complicado, y por eso uno solo podría fallar. Tengo suerte de tenerte a mi lado, Natasha. Gracias siempre».

Mientras decía esto, Lord Sieghart apartó con suavidad un mechón del flequillo de Lady Natasha con la punta de los dedos y sonrió. Ella, que levantó ligeramente el rostro en respuesta, pareció recuperar un poco el ánimo y también sonrió.

«…Tienes razón. Yo también sé que, gracias a ti, no estoy limitada a una sola forma de pensar o actuar. Por eso, Craig, no olvides que, si ‘algo’ ocurriera, mi opinión podría prevalecer. ¿Entendido?».

«…Grabaré sus palabras en mi corazón».

…A este león no solo le han clavado una advertencia, sino una estaca entera. Realmente debo mantener la guardia alta.

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