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OFF AIR - Historia 4: No hay necesidad de nada más (II)

Colección de historias paralelas de la popular serie "Yes ka No ka Hanbun ka" Cuenta con historias cortas recopiladas de doujinshi, eventos y otros

Lista de capitulos

OFF AIR - Historia 4: No hay necesidad de nada más (II)


Traducción Inglés-Español: Mocca
Traducción Japonés-Inglés: DayDrop


Parte 2: Todo lo que necesitas.

 

Era el 28 de diciembre. Ushio había terminado su limpieza de fin de año el día anterior y había dado por concluido su trabajo. Los años anteriores solía dedicarse a holgazanear por la casa, buscaba gente con la que salir o pasaba unos días en un hotel. Normalmente era una fiesta de Año Nuevo lenta y fácil para él, pero esta vez sería un poco diferente.

Se encontraba frente a un mostrador de carne gourmet, en el mercado ubicado en el sótano de un gran almacén, mirando todo el rojo brillante exhibido detrás de una vitrina refrigerada. Si estuviera comiendo solo, nunca desembolsaría el dinero para estas veneradas y majestuosas vacas... err, antiguas vacas ahora.

“Carne estaría bien.”

El Año Nuevo era una fiesta reservada para pasarla con la familia cercana, y como muestra de agradecimiento por dejarle quedarse a dormir en esta época tan especial del año, Ushio había preguntado a Kei qué debía traer como regalo, y esa fue su respuesta. Cuando Ushio preguntó con recelo: "¿No es eso lo tú que quieres?". Kei le mostró un chat de LINE como prueba. Había estado mandándose mensajes con una tal Masae... oh, así que ese era el nombre de su madre. Fue una agradable sorpresa el saber el nombre de uno de los padres de Kei mientras miraba los mensajes.

“Voy a traer a alguien para Año Nuevo.”

“¿Una novia?”

“No.”

“¿No me digas que has hecho un amigo? ¿O es alguien del trabajo? Sea lo que sea, no quiero verme obligada a mantener tu pequeña farsa en mi propia casa.”

“Él lo sabe, así que está bien.”

“¿Hablas en serio?”

“Hablo en serio.”

“Cuando dices que lo sabe, ¿también te refieres a que te gusta ponerle salsa inglesa al arroz?”

“Cállate, él lo sabe.”

“¿Entonces está bien si lo trato como si lo supiera todo? No te quejes de ello después.”

“Vale, ya está bien. Está preguntando qué debe traer.”

“Hmmm, carne estaría bien. Por cierto, por favor, dile que en nuestra casa no hacemos excepciones para nada más que para las alergias, y si le parece bien, entonces es bienvenido a quedarse. Oh, ¿sabes si puede jugar al mahjong?”

“Probablemente pueda.”

“Entonces deberíamos jugar, ya que tendremos 4 personas. Eso haría feliz a tu padre.”

Kei había dicho que sus padres eran normales, pero no dejaba de preguntarse si era realmente cierto. Había muchas variedades de carne que podía conseguir, y cuando intentó que Kei le pidiera más detalles, éste lo rechazó de plano con un "Demasiado problema".

Entonces, ¿por qué me invitaste a ir?

Filete... probablemente no era adecuado, parecería que se los había traído especialmente para que lo cocinaran por él. Entonces, ¿debería optar por el shabu shabu1 o el sukiyaki2? Pero no sabía cómo se sentirían al compartir la misma olla con un extraño. Conociendo su paladar de grado B probablemente Kei diría algo así como: “Si realmente les molesta, podemos hacer un salteado con mantequilla y salsa de soja”. La hora de llegada del Shinkansen se acercaba rápidamente por lo que Ushio pidió carne vacuna de alta calidad, adecuada para el sukiyaki, e hizo que se la envolviera bien con bolsas de hielo.

Cuando llegó al andén de salida de la estación de Tokio, el tren Hikari3 aún no había llegado. Al acercarse al sitio de su vagón designado, su mirada se vio atraída por la figura de alguien, con una hermosa postura, parado en la fila de embarque. Vaya, era Kunieda Kei, en carne y hueso.

Kei llevaba un precioso abrigo de aspecto caro, sin un solo rastro de pelusa en él. El perfil de su rostro al mirar al frente mostraba una imagen de elegante serenidad, algo completamente contradictorio con el Kei que Ushio veía a diario. No consideraba a ninguno de los dos como buenos o malos, pero aun así le asombraba la diferencia. Kei llevaba una bufanda puesta sobre su cuello; la delicada tela, casi blanca y translúcida bajo las luces, se agitaba de un lado a otro a punto de rozar sus labios.

—¿Ves a ese tipo de ahí...?

—Lo he visto en la televisión, pero no recuerdo dónde.

—Oh, ¿crees que sea de una telenovela?

—Ahh, no puedo recordar, pero definitivamente lo reconozco.

Ushio había retrocedido para observar a Kei desde lejos, porque era entretenido, y sin querer escuchó las conversaciones de algunas personas sobre él; ahora que lograba ver el panorama general, se dio cuenta de los varios pares de ojos que echaban miradas furtivas a Kei. Las reacciones iban desde "Eh, es Kunida Kei", reconociéndolo a primera vista, hasta otras como la de ahora, preguntándose "Sale en la tele, ¿no?" o "¿Dónde lo he visto antes?".

Los famosos que decían que la gente nunca se fijaba en ellos en el transporte público probablemente eran demasiado inconscientes (en el buen sentido) de su entorno. Aquello que habían forjado una carrera parándose frente a una cámara eran sustancialmente diferentes de la persona promedio; Ushio también lo pensó cuando conoció a Tatsuki, así que no se trataba sólo de un prejuicio personal. A diferencia de Kunieda Kei, que se mantenía alejado del público, Tatsuki se mostraba abiertamente amable con todo el mundo, por lo que a menudo se le acercaban para pedirle fotos y autógrafos, pero no se sentía especialmente estresado por ello, ya que decía que se escapaba con un ¡Perdón! cada vez que era demasiado para él. Las personalidades realmente funcionaban de forma misteriosa.

Mientras pensaba en eso, la llegada del tren fue anunciada en los altavoces, y el Hikari se detuvo junto al andén. Incluso a plena luz del día, los faros del Shinkansen eran casi cegadores, Ushio vio cómo Kei se giraba para mirar por el andén.

Oh, me está buscando. No te preocupes, estoy aquí, estoy aquí.

Ushio no lo llamó, no hizo contacto visual, no levantó la mano; sólo respondió en el interior de su corazón. Parecía que Kei lo había divisado por que se relajó por un momento, volviéndose hacia el frente de la fila. Era un poco ridículo, actuar como si tuvieran una aventura, pero Ushio no quería llamar la atención de los curiosos, que probablemente asumirían que se trataba de un fan desvergonzado acercándose a una celebridad. Sin embargo, realmente quería volver a hablar con "Kunieda-san".

Sí, era un poco estúpido, pero se le pasaba por la cabeza de vez en cuando. Amaba a Kei, a ambas partes de él, pero se daba cuenta de que probablemente no podría volver a ver a "Kunieda-san" a solas en privado. Ushio no veía a "Kunieda-san" como una mentira o una fachada; ambos eran Kei para él, y eso le hacía sentir un poco de nostalgia. La idea de que sólo podía verlo en la pantalla de la televisión, como un fanático que ve a un ídolo, hacía que oscuras emociones aflorar en su interior, como que tal vez debería haber dejado que Kei siguiera sin descubrir su secreto un poco más. Se preguntó si para su regalo de Navidad del próximo año Kei le dejaría hacerlo con "Kunieda-san". ¿Se enfadaría? Probablemente lo haría. A Ushio no le importaba que le gritaran (no le molestaba en absoluto), pero sabía que era algo que podía herirlo profundamente, y por eso mantenía esos pensamientos para sí mismo. Así de considerado era con los sentimientos de Kei, y sin embargo éste siempre le gritaba insensible o recalcaba su “falta de tacto”. ¿Qué tan irracional era eso?

Ushio se dirigió al final de la fila para subir al tren, y luego encontró el asiento que le habían asignado, tal y como marcaba su billete. Kei estaba sentado en el asiento contiguo a la ventanilla, con la cabeza hundida en un periódico, sin dedicar una sola mirada a Ushio. Sólo se aventuró a esbozar una encantadora sonrisa al encargado que vino a comprobar sus billetes y, tan rápido como si diera la vuelta a una moneda, regreso a su otra cara, ocultándose tras su barricada de papel. Estaba bien, a Ushio no le importaba. Haría que Kei se lo pagara todo cuando volvieran a casa (sobre todo con su cuerpo).

Había varios periódicos doblados metidos en la bolsa de cuero de Kei, cada vez que terminaba uno, lo colocaba en el bolsillo del respaldo del asiento que tenía delante, para después como por arte de magia, aparecía uno diferente listo para que lo leyera. A Ushio le impresionaba sinceramente que Kei pudiera mantener su rutina diaria de trabajo incluso durante las vacaciones, él estaba agotado después de leer un solo periódico. Pensó que tal vez Kei disfrutaba de verdad leyendo las noticias, pero entonces recordó lo feliz que se ponía cuando por fin podía relajarse en los días en que no había publicaciones (aunque en su lugar se dedicaba a leer páginas de noticias de Internet).

Al principio, Ushio se sorprendió al saber que había guionistas que escribían los guiones que leían los locutores de televisión, sin embargo, a veces cuando Kei veía un telediario diferente, fruncía el ceño ante la pantalla del televisor y criticaba: "Este tío no tiene ni idea de lo que sale de su boca". Por lo visto, leer las noticias no era tan sencillo como recitar el japonés de un guion tal y como estaba escrito. Para Ushio, como igual que probablemente la mayoría de los espectadores, la diferencia le pasaba desapercibida, pero ciertamente había algo que marcaba sobre la reputación y la elocuencia de los presentadores que se acumulaba con el tiempo, y que de seguro se relacionaba con el hecho de que algunos locutores permanecían en escena mientras otros se desvanecían en la oscuridad. Kei había comprendido instintivamente la gravedad de este punto sin que nadie se lo dijera.

Cuando Ushio echó un vistazo a la bolsa que estaba sobre la mesa retráctil, vio un paquete de hielo atado con un envoltorio plateado, y no pudo evitar sacarlo. Era un paquete redondo de mantequilla de aspecto caro, probablemente importado, bellamente envuelto en papel de plata y con un sello redondo.

—No busques entre mis cosas.

Fue una protesta muy silenciosa desde el otro lado de la pared de papel de periódico.

—... ¿Esto es para Año Nuevo?

—Sí.

Kei explicó que había hecho una versión especial de su arroz blanco mezclado con mantequilla, salsa de soja y copos de bonito. El resto lo había empaquetado para dárselo a sus padres, porque era demasiado buen hijo. Esa cara suya comiendo arroz blanco mezclado con mantequilla, salsa de soja y copos de bonito. En serio, era algo tan disparatado que se aventuraba en el terreno de lo surrealista. Ushio reprimió su risa mientras devolvía el paquete a la bolsa.

***

Al cabo de una hora, Kei había digerido hasta al final los 5 principales periódicos nacionales que había traído. Una vez puesto el abrigo y la bufanda, se transformó de nuevo en Kunieda-san, salieron juntos al andén.

—¿A dónde vamos desde aquí?

—Van a recogernos.

Ushio siguió a Kei mientras se dirigía directamente a la plaza, deteniéndose a delante de un auto plateado. Kei abrió la puerta trasera del pasajero y se apresuró a entrar, pero Ushio se retuvo de hacer lo mismo.

Asomó la cabeza al interior del monovolumen y dijo: —Lamento la molestia....

La mujer que ocupaba el asiento del conductor (seguramente la madre de Kei) preguntó:

—¿Necesita que abra el maletero?

—Oh, no, esto es todo lo que llevo, así que no hace falta que lo abra—. Ushio levantó su gran bolsa de Boston y la bolsa de papel del mostrador de la carne.

—De acuerdo— asintió—. Entonces, por favor, entra. Seguro que tienes frío.

—Sí, gracias.

Ushio se sentó junto a Kei y cerró la puerta. La madre de Kei arrancó inmediatamente el coche, entonces preguntó: —¿Cómo te llamas?

—Es Tsuzuki.

—Tsuzuki-kun entonces. ¿Prefieres lavar tu propia ropa?

—¿Eh?

—Lavar la ropa. No puedo imaginar que tengas ropa para 6 días en tu bolsa. No es mucha molestia poner tus cosas con las nuestras, pero te pregunto si tienes alguna objeción al respecto.

—Oh... puedo encargarme de mi propia colada. Puedo ir a una lavandería cercana.

—Puedes usar la lavadora de nuestra casa. Sólo avísame cuando quieras usarla. Ah, una cosa más, no me gusta que la gente toque mi cocina, así que no necesito ninguna oferta para ayudar a cocinar o lavar los platos.

—...De acuerdo.

Ushio sabía que no podía confiar en la definición de "normal" de Kei cuando había descrito a sus padres, y el comienzo peculiar de esta conversación lo constataba. Normalmente, la gente empezaba con frases hechas, como “Gracias por venir, espero que mi hijo no haya sido una imposición para ti”, y entonces Ushio podría responder con un “Gracias por invitarme. Siento imponerme en Año Nuevo”, pero no era capaz de ofrecer un saludo adecuado. Las respuestas de Ushio no llegaban al nivel que uno llamaría cortante o brusco, pero su tono era seco, y tras un periodo de silencio, podía imaginar que le preguntarían si estaba enfadado, aunque parecía que la madre de Kei estaba acostumbrada a tratar con ese tono de voz. Apenas llevaba maquillaje, más allá de las cejas, y eso facilitaba ver sus rasgos faciales, Kei no se parecía mucho a ella, pero sin duda había un aire familiar entre los dos.

La madre de Kei echó una mirada a Ushio desde el espejo retrovisor y le ofreció una disculpa.

—Lo siento por eso. Es la primera vez que tenemos invitados en nuestra casa, así que no estaba muy segura de cómo actuar. Pensé que en tu lugar me gustaría aclarar las dudas desde antes, pero me pregunto si no fui demasiado brusca.

—Me sorprendió un poco, pero está muy bien. De hecho, me alivia bastante que me haya hecho saber estas cosas por adelantado.

Kei dejó escapar un sonoro bostezo a su lado, totalmente ajeno a la conversación. Así eran siempre las cosas una vez que se aislaba del mundo exterior.

En serio, ¿no te importa si podemos mantener una conversación o no?

—Kei, han llegado varios paquetes para ti de Amazon.

—Sí, pedí un montón de manga que quería leer mientras estoy aquí.

—Mañana es el último día del año para recoger la basura. Asegúrate de abrir tus paquetes y ordenar tu basura antes de eso.

—Podrías haberlos abierto por mí.

—¿Por qué debería ordenar tu manga por ti?

—Tú también los lees.

—¡Eso es porque los dejas por toda la casa cuando terminas de leerlos! Es como si vivieras en ese mundo ficticio tuyo...

—¡Déjame en paz!

El auto se detuvo para esperar un semáforo, y esta vez la madre de Kei se giró para mirar fijamente a Ushio.

—Realmente no te sorprende esto.

—¿Eh? Oh, ¿quieres decir como lo de la salsa inglesa?

—Exactamente. Ya era bastante difícil de creer que Kei trajera a alguien a casa en primer lugar, pero además sabías cómo era por dentro. ¿Se pelearon a puñetazos junto a un río o algo así?

—Um, no...

Aunque era cierto que tenían una relación muy física.

—Concéntrate en conducir, no en tu interrogatorio.

—Sigue con esa actitud y no te compraré ninguna galleta Lumonde.4

—Puedo comprarlas yo mismo.

Ushio estalló en carcajadas al oír el nombre de la ridícula y familiar marca de galletas.

—Masae-san, eres muy divertida.

La madre de Kei se volvió de repente.

—Masae...—repitió.

—Oh, lo siento. No me gusta llamar a la gente tía y tío si puedo evitarlo —explicó Ushio.

Intentó decir que podía dejar de hacerlo si lo prefería, pero ella lo interrumpió antes.

—Dilo una vez más.

—¿Eh?

—Oye, ¿estás coqueteando? Te denunciaré —Kei frunció el ceño.

—Bueno, hace casi un cuarto de siglo que no oigo a un hombre decir mi nombre. Déjame disfrutar este momento.

—¿Eres imbécil? Date prisa y avanza, está verde.

—A veces, cuando tu padre se emborracha, me llama Maa-chan.

—¡Oh, Dios mío! ¡No quiero escuchar eso de ti, aunque me pagarás con un campo de petróleo por ello!

***

Tras unos 15 minutos de viaje, el auto se adentró en una zona residencial hasta detenerse frente a una casa familiar típica. Cuando entraron en el garaje, pudieron ver a alguien en el patio.

—Bienvenido a casa, Kei.

—Estoy en casa.

El hombre (el padre de Kei) tenía la imagen de alguien muy amable y bondadoso. Sostenía un trapo para el polvo en una mano mientras le informaba a su esposa: —Ya terminé de limpiar el polvo.

—Gracias.

—¿Están limpiando la casa para el nuevo año? ¿Hay algo que pueda hacer para ayudar?

Probablemente había algo en lo que pudiera apoyarlos fuera de la cocina. Sin embargo, Kei se enfadó con él y le dijo: —No digas nada innecesario.

—¿Por qué no?

—Yo también me veré obligado a ayudar.

—Deberías hacerlo.

El padre de Kei los miró asombrado por su intercambio, pero rápidamente se recompuso y volvió a su expresión tranquila.

—No, está bien. Ya hemos terminado —dijo mientras sacudía la cabeza—. Espero que mi hijo no haya sido una imposición para ti. Es una casa pequeña y humilde, pero por favor, siéntanse como en casa.

—Oh no, muchas gracias.

Hmm, su padre parece normal.

A Ushio no se le daban bien las acostumbradas sutilezas de cortesía, pero se sintió un poco aliviado al escucharlo ahora.

—Adelante, por favor, pasa.

En un rincón del salón-comedor, había esteras de tatami ryukyu5 colocadas en el suelo formando un espacio especial para el kotatsu, le indicó a Ushio que se sentará en ese lugar. Notó que Kei subía a toda prisa y, al cabo de un rato, volvió a bajar con su habitual chándal y un brazo lleno de manga. Estaba totalmente en modo casero.

—Es realmente muy agradable tener gente a los cuatro lados del kotatsu —dijo el padre de Kei, sorbiendo una taza de té verde.

—¿Tú crees? —preguntó la madre de Kei.

—Sí, hay algo de satisfacción y felicidad en ello.

—Pero la factura de la luz es la misma, no importa cuánta gente haya alrededor.

—No me refería a eso...

Kei se desperezó en el suelo, recostado sobre un cojín metido bajo el pecho, leyendo en silencio el Sangokushi de Yokoyama Mitsuteru.6

Y tú eres el más a gusto aquí.

—Por cierto...—Una naranja mikan se ofreció junto al cambio de la conversación. —Umm, Tsuzuki-san, ¿cómo te hiciste amigo de nuestro hijo...? —preguntó el padre de Kei.

Oh, ¿haces esa pregunta ahora? Supongo que era de esperarse.

Ushio pensó que Kei le iba a dar instrucciones estrictas sobre qué historia contar cuando les preguntaran cómo se habían conocido, pero no le había mencionado ni una palabra al respecto. Tampoco había razón para pensar mucho en ello, no estaría mintiendo si se limitaba a decir que se habían conocido por el trabajo.

—Nos conocimos en mi estudio por trabajo....

—Sólo para que lo sepas —comentó Kei con una expresión despreocupada en su rostro, girando su cuerpo hacia atrás mientras seguía tumbado en el suelo—. Estamos saliendo.

Oh, el tiempo se ha congelado, pensó Ushio. Nada se movía, salvo el ascenso del vapor de las tazas de té, o eso le parecía. Su cabeza no pensaba con claridad.

Bueno, supongo que está bien. No me importa que les cuentes a tus padres de lo nuestro, pero ¿no podrías siquiera avisarme de antemano? ¿Qué pretendes, sacando eso de pronto mientras estás tirado en el suelo con la nariz metido en las páginas de un manga?

Fue la madre de Kei quien rompió el breve silencio.

—¿Y se van a casar los dos?

Kei replicó con mucha calma: —¿Ya te estás volviendo senil? No le des más problemas a papá.

—Pero podríais celebrar una ceremonia en un país donde esté permitido.

—Estoy felizmente casado con mi imagen pública, muchas gracias.

—Uhm, ¿entonces también visitarás a los padres de Tsuzuki-kun? Aunque parece completamente aturdido como si no hubiera oído nada de esto.

—Correcto, no he escuchado nada de esto.

—¿Pero es verdad que estáis saliendo?

—Sí —Ushio asintió sin dudar. Solo que la forma en que Kei había abordado el tema, tan repentina y brusca, le había dado algo de pánico, aun así, no creía que estuvieran haciendo nada malo. No necesitaban el permiso ni la aprobación de nadie, la relación entre ellos era algo que debían decidir Ushio y Kei.

—Bueno, vas a tener que esforzarte mucho con esa personalidad suya, pero buena suerte. Ah, y no puedes romper con él después diciendo: 'No es la persona que yo creía'.

—¿Puedo preguntar en qué se supone que trabajará duro?

—¡En todo, por supuesto! Incluso con el padre de Kei, que es tan inofensivo que no haría daño a una mosca, tuve que trabajar mucho en nuestro matrimonio.

—Estoy seguro de que papá lo tuvo un billón de veces más difícil.

—¡Cómo puedes decir eso!... ¡Querido! ¡Contrólate!

El padre de Kei había permanecido tieso y congelado durante un largo rato, solo salió de su estupor cuando su esposa lo tomó por el hombro; soltó un "O-Oh..." como si lo hubieran despertado de una siesta.

—Fue todo tan repentino que mi cabeza no pudo seguir el ritmo....

—Bueno, pero piénsalo: en casi 30 años, Kei nunca ha tenido a nadie a quien pudiera llamar amigo, pero de repente se trae a alguien a casa. Eso ya era extraño de por sí, ¡y luego nos enteramos de que es alguien que lo sabe todo sobre él y está bien con ello! En cierto modo, tiene mucho sentido, ¿no?

—Supongo que es cierto...

—En este punto, si no es una novia, entonces estoy perfectamente feliz si tiene un novio. No nos estamos haciendo más jóvenes, y estoy feliz de saber que finalmente tiene alguien a quien puede abrir su corazón.

—Uhm, supongo que, ¿tal vez...?

—Esto es algo bueno. Realmente son buenas noticias, ¿no crees?

—S-supongo...

—Uhmm, tal vez necesite algo de tiempo para procesar todo— intervino Ushio a su pesar, apreciando en secreto que esas dos personas eran, sin lugar a duda, los padres de Kei. Había demasiado que decir sobre sus procesos de pensamiento y la forma en que se convencían, de una manera tan extraña y fácil, con el más simple de los argumentos.

—Creo que voy a golpear unas cuantas bolas en el campo de prácticas. —El padre de Kei se levantó nervioso y se dirigió a Ushio—. Lo siento mucho, soy incapaz de ordenar mi mente ahora mismo... Pero mi hijo ya es un adulto, y no tengo nada en contra ti, así que por favor no sientas que tienes que irte, eres muy bienvenido a quedarte.

—Muchas gracias.

Ushio también salió del kotatsu y se inclinó profundamente ante el padre de Kei. El pequeño príncipe de la casa, sin embargo, permaneció de espaldas sin mostrar ninguna intención de moverse.

—Oh, una cosa más. Si por casualidad digo algo ofensivo o incorrecto, por favor, deténgame y hágamelo saber. Haré lo posible por ser más cuidadoso al respecto.

—Oh... Creo que estará bien, pero lo entiendo, se lo haré saber.

Ushio se enterró de nuevo en su lugar y susurró desde el fondo de su corazón: —Es una persona realmente buena.

Sin embargo, su mujer tenía una opinión diferente: —Yo no lo llamaría buena persona, sólo que es demasiado confiado —criticó—. Vamos a cenar cangrejo esta noche. Podemos dejar el sukiyaki para mañana.

—¿Hay alguna razón en particular?

—Creo que el padre de Kei no habrá procesado sus sentimientos para cuando vuelva. Con el cangrejo, no es incómodo si la gente no habla.

¿Eso es lo que le preocupa? ¿De verdad?

—Debería empezar a hacer los preparativos para la olla caliente. Oh, pero nos hemos quedado sin tofu. Tendré que salir a comprar un poco.

Una vez que estuvieron solos, Ushio le dio una patada a Kei por debajo del kotatsu.

—Eh, eso duele.

—No me digas 'hey, eso me duele'. ¡avísame antes si vas a soltar una bomba así!

—No es para tanto.

—No, en serio. ¿En qué estabas pensando?

Ushio no sabía si Kei solo fingía o qué, él estaba bastante conmocionado con toda la situación, sin embargo, Kei se limitó a responder: —Como he dicho, no es para tanto. Es una molestia ocultárselo a ello, si se lo dijera de antemano, probablemente lo exagerarían, por eso no dije nada. De todos modos, ¿no es más fácil para ti que lo sepan de una vez?

—Bueno, sí, supongo...

Era cierto que sentiría más culpable fingiendo ser solo un amigo mientras se quedaba en su casa.

Ushio vio cómo Kei volvía a bajar los ojos a su manga, tuvo que reunir toda la energía que le quedaba para decir: —Tu familia no es normal en absoluto.

***

Después de devorar la cena de cangrejo que habían preparado cuidadosamente, Ushio se dio un baño.

—Disculpe, ¿dónde pongo la toalla?

—Oh, hay una cesta delante de la lavadora, a la izquierda.

La madre de Kei estaba de pie en la cocina, bebiendo una taza de té, a Ushio le recordó que a Kei también le gustaba estar delante del fregadero bebiendo su café. Sus posturas eran completamente diferentes, pero por un momento, parecían superponerse de forma natural dentro de sus recuerdos.

—¿Quieres un poco de té? Solo que ya está bastante débil.

—Sí, gracias.

Ushio dio un sorbo al té ligeramente tibio y preguntó: —¿Desde cuándo es así su personalidad?

—No estoy segura, ¿tal vez desde que nació? Cuando era un bebé, siempre sonreía, incluso durante las vacunas. Luego, cuando estábamos en casa, de repente se volvía infeliz y tiraba sus juguetes.

Así que no muy diferente de ahora.

—Como madre, lo que más me preocupaba era que creciera sano y salvo, no recuerdo haberle dicho nunca que se comportara, estudiara o hiciera los deberes. Hasta que entró en la escuela primaria, cada vez que la gente le elogiaba por ser un niño tan bien educado, yo respondía diciendo 'Oh, no, es un pequeño monstruo en casa'. Les corregía, pero acababa quedando mal, como si estuviera siendo condescendiente con ellos al explicarles, o que estaba siendo demasiado severa con un niño que se había portado tan bien.

—Oh...

—Kei resoplaba y me decía: 'Mamá, eres muy tonta'. Fue entonces cuando probablemente dejé de intentar corregir a la gente.

—Ya veo.

—Yo tampoco tengo amigos, así que no puedo sermonearle al respecto. No me gusta tratar con la gente, y soy lo suficientemente feliz teniendo a mi marido para hablar, pero, para ser sincera, me preocupaba mucho que no tuviera a nadie con quien abrirse aparte de nosotros. Bueno, ahora estoy aliviada.

—¿Aunque sea un hombre?

—¿Por qué no?

De alguna manera, su manera despreocupada sobre el tema le hacía sentir bien.

—Ahora mismo el padre de Kei está buscando el tapete de mahjong en el armario. ¿Puedes subir a llamarle a Kei?

En el piso superior había dos habitaciones de estilo occidental: una era el dormitorio de Kei y la otra era una habitación libre que usaba Ushio.

—Eh, es la hora del mahjong.

Ushio llamó a la puerta, pero no hubo respuesta. "Voy a entrar", advirtió girando el pomo de la puerta.

Kei había perdido la conciencia en la cama, enterrado bajo una pila de manga.

¿Qué eres, un estudiante de primaria?

Ushio se quedó mirando su cara dormida con incredulidad, ese lugar de verdad debía ser un espacio seguro e incondicional para Kei. Sus padres conocían y aceptaban plenamente todo lo relacionado con él, compartían y protegían sus secretos, cuando les habló de Ushio, no se enfadaron ni le hicieron sentir mal por ello. Kei sentía que ser abierto era el camino más fácil, que era lo más natural del mundo; creía en este pequeño universo de forma tan sincera que, cuando se lo contó a sus padres, no tuvo que pensárselo dos veces y no necesitó prepararse para ello.

Ushio pensaba que Kei era increíble. No sabía cuántas veces lo había pensado, pero Kei siempre era increíble para él.

Sus sentimientos se agolpaban en su interior, pero no podía dejarse llevar por ellos, en su lugar, susurró suavemente un hechizo mágico al oído de Kei.

—...Kunieda-san, faltan 10 minutos para la hora de emisión.

—¿¡Qué!?

En un instante, el cuerpo de Kei de se disparó en línea recta, hasta terminar sentado en una postura perfecta, miró a su alrededor y al segundo siguiente comprendió la situación.

—¡Vete a la mierda, pendejo!

Ushio acarició el pelo de Kei, aún siendo consciente de que se cara de enfado se retorcería aún más, se veía un poco molesto y mortificado.

—Bajemos a jugar.

***

Barajaron las fichas hasta el amanecer, se despertaron pasado el mediodía y, tras almorzar tarde, Ushio estaba ansioso por salir.

—¿En serio no vas a salir a ningún sitio durante tu descanso?

—No.

Kei no sabía cuándo se toparía con alguno de sus antiguos compañeros del colegio, y con la época de vacaciones gente volvía a ver a sus padres, por lo que las posibilidades eran mayores de lo habitual. Kei pensaba quedarse encerrado en casa todo el tiempo.

—¿No hay reuniones?

—Ya he sembrado la impresión de que no soy el tipo de persona que asiste a esas cosas, mi reputación ni se afectara aunque no vaya.

Ushio sabía que Kei no cedería ante algo que no quisiera hacer.

—Me apetece hacer algo de ejercicio. ¿Hay una jaula de bateo por aquí?

—No.

—Entonces, ¿te gustaría ir al campo de prácticas para golpear unas cuantas pelotas? —preguntó el padre de Kei, escuchando su conversación.

—Nunca he jugado al golf.

—Allí puedes alquilar palos y guantes.

Ushio aceptó la invitación y los dos se dirigieron al lugar, al parecer, el campo de prácticas estaba a 10 minutos en coche.

—¿Le gusta el golf? —preguntó Ushio.

—Oh, no. Sólo me gusta golpear bolas y practicar mi swing. También puedo parar cuando me apetezca.

—Ya veo. Yo tampoco quiero jugar partidos de béisbol de verdad.

—Antes pensaba que mi hijo participaría en más competiciones que yo, pero Kei no tiene interés en estas cosas. Aunque, es del tipo de persona que se entrenaría y practicaría hasta tener empollas y sangrar si algo le importa lo suficiente.

Ushio se lo podía imaginar.

Llegaron al campo de prácticas, una red verde gigante estaba levantada en lo alto de la instalación. Se dirigieron a las cajas de salida del tercer piso, y el padre de Kei le mostró a Ushio cómo agarrar el palo y colocar los pies.

—Uf...

Aunque su palo de alquiler había hecho contacto con la pelota de golf, el sonido fue bastante patético, solo logró que rebotara unos metros de distancia como una pelota de ping pong.

—Esto es bastante duro.

—Pero tu swing no es malo. Aquí no importa la experiencia que tengas, puedes llevar las cosas a tu ritmo y no molestarás a nadie.

Hacía un día precioso, y más allá de la red se veía claramente el monte Fuji cubierto de nieve. Era un lugar estupendo para un campo de prácticas. Ushio se concentró en golpear las bolas y despejó su mente. Cuando se enfrascaba en su trabajo, podía estar demasiado metido en su cabeza, por lo que también era importante que cuidara su cuerpo. ¿Hasta dónde podía girar la parte superior de su cuerpo? ¿Qué músculos utilizaba cuando realizaba un swing? ¿Respiraba con fuerza y sudaba lo suficiente? Aunque usara la cabeza para crear cosas, no podía descuidar el conocimiento del estado de su cuerpo.

Las 100 bolas de su cubo desaparecieron antes de que se diera cuenta. Tal vez logró realizar 2 o 3 tiros que podría catalogarlos como buenos.

—Cuando eres joven, seguro que tienes resistencia. Yo estoy agotado después de unas 50 bolas. ¿Vamos a tomar un descanso?

—Sí, vamos.

Había una clara vista del monte Fuji desde el gran ventanal de la casa club. Mientras Ushio lo contemplaba, sosteniendo un vaso de papel con café, el padre de Kei preguntó: —¿Te gusta el monte Fuji?

—No estoy seguro de que sea así como lo describiría... Es como si siempre estuviera ahí... Hmm, bueno, supongo que no lo odio. Siempre es agradable verlo cuando paso por el Shinkansen.

—Ya veo. Para ser sincero, no me gusta mucho.

—¿Eh?

—Como has dicho, siempre está ahí, cada vez que miro en su dirección, me da un poco de miedo. Y últimamente han puesto esos especiales de volcanes en la televisión.

—Te refieres a los simulacros de erupción que hacen del Monte Fuji.

—Así es. Toda esperanza está perdida si ocurriera, así que me gustaría que no pusieran cosas tan siniestras. —De espaldas al monte Fuji, el padre de Kei susurró: —También me asusto cuando hay terremotos. Soy una persona muy tímida, y cuando empiezo a pensar en estas cosas no puedo dormir por la noche.

Kei también era de los que pensaban demasiado en las cosas y buscaban los peores resultados posibles. A veces actuaba tan descarado, que se le olvidaba lo delicado que podía ser, aunque al final siempre se mostraba desafiante ante cualquier problema.

—Pero cuando encontré a la persona con la que quería casarme pude ser un poco mejor.

—¿Así que ya no tiene miedo?

—Yo no diría eso. Es como si hubiera encontrado un refugio en el que me siento seguro sabiendo que no estaré solo cuando muriera. Sé que probablemente no moriremos juntos al mismo tiempo o en el mismo lugar, pero aun así me tranquiliza... Decir algo así es terrible, ¿no? Normalmente la gente debería decir: 'Te protegeré pase lo que pase'.

—Supongo que eso es cierto...

Pero no había nada que se pudiera hacer con el Monte Fuji.

—Sin embargo, mi hijo no forma parte de lo que yo llamo mi refugio.

—¿Eh?

—Cuando Kei era un niño, tenía una responsabilidad con él. No importaba qué desastre natural ocurriera, tenía que asegurarme de que sobreviviera, incluso con lo poco capaz que me sintiera. Afortunadamente, pudo convertirse en un adulto y encontró el éxito en un trabajo que yo jamás habría podido hacer. Por supuesto, siempre será de la familia, pero Kei tiene su propio refugio que debe encontrar, diferente al mío.

Alguien que apoyaría a Kei hasta el fin del mundo.

—Pero anoche, mientras comíamos cangrejo en la cena, me di cuenta de que estará bien.

—¿Mientras comíamos cangrejo...?

Ushio no podía seguir su proceso de pensamiento. Había pensado que el padre de Kei era mucho más normal que su madre, pero quizá tampoco era muy diferente.

—Kei se comió todas las patas de cangrejo que eran fáciles de comer, pero tú te comiste en silencio las pinzas y el cuerpo que eran más difíciles de alcanzar. Me impresionó verte.

—Me gusta trabajar en las partes que son más difíciles de conseguir... Hay una especie de sensación de satisfacción cuando llegas a la carne...

¿Quieres decir que es eso? ¿Así es como decidió que su hijo había encontrado su refugio?

Ushio no pudo evitar reírse, mientras lo hacía recordó las imágenes que había presenciado el día anterior. De Kei diciendo: "Toma, papá", y sirviéndole con naturalidad una cerveza. De Kei guardando los palillos para sí mismo hasta que su padre había empezado a comer. Era una cara diferente a la de Kunieda-san, diferente al Kei que conocía cuando estaban solos, una cara que había visto por primera vez.

***

Pasaron el día 30 jugando al mahjong, al UNO, al Juego de la Vida y a las cartas hanafuda7. Su precioso hijo único era un ridículo león en casa y un ratoncito fuera de ella, por lo que los padres no tuvieron más remedio que especializarse en juegos a los que pudieran jugar dentro. Qué familia tan extraña, pero también podría decirse que era una familia feliz.

—Oye, deberíamos encender la televisión.

Eran poco más de las dos de la tarde del día 31, y Kei cogió el mando de la televisión.

—¡Ha habido muchos acontecimientos memorables este último año! Les traeremos todas las imágenes secretas que hemos recogido en todo el país. Se reirán, llorarán y carcajearán. Por favor, disfruten del espectáculo.

— Está trabajando, está trabajando —se regodeó Kei mientras observaba a Tatsuki de pie, en un decorado festivo al estilo de Año Nuevo, hablando por un micrófono—. Por favor, que se resbale y caiga.

—Eres absolutamente horrible —dijo Ushio.

—Es el joven locutor de tu programa. Debe estar muy solicitado si trabaja en Nochevieja. Probablemente sea más popular que tú —comentó la madre de Kei.

—¿Qué has dicho?

—Pero tú no tienes tanta exposición en la televisión.

—¡Eso es porque no soy barato!

Vieron clips de pequeños festivales locales de todo el país, meteduras de pata de reportajes en vivo y en directo, reportajes de jóvenes locutores probando cosas ridículas en la televisión, comentando y charlando mientras pasaba el tiempo. Kei se sintió muy decepcionado cuando Tatsuki empezó a dar por concluido el programa; hizo un gran trabajo incluso para el ojo inexperto.

—Tch. Qué aburrido. Vamos, que la líe en algún sitio. Si se le metiere una mosca en la boca, también estaría bien.

—Kei, las maldiciones cortan en ambos sentidos.

¡Nos acercamos al final de nuestro programa, y me gustaría presentar un clip muy especial! Este material fue tomado hace unos días de la planta de noticias de Asahi TV. Por favor, echadle un vistazo.

Kunieda Kei apareció de repente en la pantalla de televisión.

—¡¿Qué...?!

Los créditos de la pantalla decían: "Emisión del 24 de diciembre", y Ushio sabía exactamente de qué se trataba el clip. Por supuesto, Kei también lo sabía.

"Magos y malabaristas vestidos de Satán..."

"Magos y malabaristas vestidos de Satán..."

"Magos y malabaristas vestidos de Satán..."

Aunque ya había visto el vídeo antes, Ushio se murió de risa de nuevo. De verdad que la edición lo mejoraba todo, los efectos de sonidos, el divertidísimo texto emergente, y las líneas que se repetían en bucle. Era sencillamente magnifico.

La cara de Kei parecía a punto de explotar mientras gritaba: —¿Qué demonios es esto?

—Oh, querido. ¿Ves, Kei? Tal y como dijo tu padre.

—¡Cállate!

Mientras los invitados del estudio se reían, Tatsuki ofreció su opinión sobre el clip.

—¡Siendo un locutor tan excepcional hace que este clip sea especialmente valioso y precioso!

—Sí, es un recordatorio de que él también es humano.

—¡Muy cierto! Teniendo en cuenta que era la víspera de Navidad, tal vez estaba preocupado por sus propios pensamientos. ¿Tal vez algo en su vida personal? No sé si está viendo el programa ahora mismo, ¡pero Senpai! ¡Que tengas un feliz año nuevo!

—Voy a matarlo cuando vuelva al trabajo.

El error que todavía estaba fresco en la mente de Kei le persiguió una vez más, y después de comer su soba de Año Nuevo, se retiró bajo el kotatsu para enfurruñarse. A las 11:30 de la noche, los padres de Kei salieron para su primera visita al santuario del nuevo año. Mientras Ushio ojeaba los canales de la televisión, escuchó el sonido de las campanas de Nochevieja en la distancia.

—Eh, es casi medianoche.

El muñeco dentro del kotatsu se negó a moverse.

—...Kei.

Todavía nada.

—Gracias por traerme a conocer a tus padres. Te quiero y a tus padres también.

Ushio decidió que una vez que el reloj llegara a la medianoche desenchufaría el kotatsu por él, antes de que Kei se recalentara fingiendo estar dormido.

***

Cuando llegó la hora de marcharse, la madre de Kei los llevó de nuevo a la estación.

—Si quieren volver a visitarnos este año, son bienvenidos. Y si no tampoco hay problema.

—Me gustaría.

Incluso se sorprendió de la facilidad con que esas palabras salieron de su boca.

—Si eso está arreglado, entonces puedes quedarte con el Tupperware hasta que nos visites a fin de año.

—Gracias.

La madre de Kei le entregó un bulto cuadrado envuelto en tela mientras se despedían, diciendo que era chirashizushi.8 Según Kei, el sabor del fin de año eran las sobras de los osechi9 picadas y mezcladas. De alguna manera, a Ushio le hizo feliz saber eso, de la misma manera que sabía que la receta de curry de la familia Kunieda no utilizaba patatas, sino que llevaban ensalada de patatas aparte que ponían en tostadas para hacer sándwiches al día siguiente.

El día de Año Nuevo se habían preparado palillos especiales, y cada juego tenía sus nombres escritos con bolígrafo en el envoltorio de papel. Por supuesto, Ushio también había recibido su propio juego. Y bajo la insistencia de que era un amuleto de buena suerte, en el sobre de dinero de Año Nuevo había recibido una brillante moneda de 500 yenes. Probablemente nunca la gastaría.

Ushio viajó en el tren de vuelta a Tokio con el chirashizushi en su regazo. Kei ya había hojeado los periódicos en casa, así que apoyó el codo en el reposabrazos mirando por la ventanilla. Cuando el tren entró en un túnel, la oscuridad que lo rodeaba en el exterior le hizo resaltar su rostro. No había pasado ni una semana, pero Ushio sentía que el Kei que lo buscaba en la estación de Tokio era una persona de un pasado muy lejano, desde entonces había recibido tantas cosas que le calentaban el corazón.

¿Por qué no? Mientras sea feliz.

Quizá si lo dijera en voz alta sus pensamientos, estos sonarían como palabras desechables, y por eso las guardo para si mismo, escondiéndolas de Kei.

El Shinkansen pasó por varios túneles, dejando el monte Fuji, que el padre de Kei había dicho que le disgustaba, muy atrás.

Ushio sintió un impulso indescriptible de llamar al Kei que le buscaba en la estación y decirle No te preocupes, estoy aquí.

Porque soy tu refugio donde puedes sentirte seguro.

Y Kei...

Kei era el refugio de Ushio, todo lo que Ushio consideraba valioso, todo lo que Ushio necesitaba, y mucho más.

 

[1] Shabu shabu - Plato caliente que suele consistir en carne de vacuno y verduras en rodajas finas que se sumergen en el caldo y se cocinan en la mesa.

[2] Sukiyaki - Plato caliente que suele consistir en carne de vacuno en rodajas finas y verduras que se cocina a fuego lento en la mesa.

[3] Los trenes Hikari son más rápidos que los Kodama, pero más lentos que los Nozomi.

[4] Las galletas Lumonde son unas galletas enrolladas en forma de crepé con relleno de crema de chocolate en su interior. Las elabora el mismo fabricante que los Alforts.

[5] Esteras de tatami Ryukyu - esteras de estilo Okinawa que tienen forma cuadrada en lugar de la habitual forma de rectángulo 2:1.

[6] Sangokushi, de Yokoyama Mitsuteru, es una adaptación al manga de la novela china Romance de los Tres Reinos.

[7] Hanafuda - Cartas japonesas que pueden utilizarse para jugar a diversos juegos.

[8] Chirashizushi - Plato japonés que se prepara típicamente para ocasiones especiales y en el que los ingredientes se cortan y se esparcen sobre un lecho de arroz.

[9] Osechi - Platos tradicionales especiales que se comen el día de Año Nuevo.

 

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